Via Periódico La Nigua
LA NIGUA PATOJADAS
Sábado 8 de febrero, 2014
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

Un articulo del periódico payanés "La NIGUA". "La Nigua, pica, rasca y saca ronchas en Popayán".

Cordialmente,

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Via Periódico la nigua
LA NIGUA PATOJADAS
Por: JESÚS  ASTAIZA MOSQUERA

Pues de todas estas resulta, que el famoso boticario de Popayán, don ROBERTO SÁNCHEZ, así con letra grande, fue uno de los mejores farmaceutas, que marcaron una época en la historia lugareña. Había nacido en 1893 y murió el 6 de junio de 1968, con todos los cuidados de sus hijos, que sumados según el Mono, eran 26, empezando por los del Chorrito de la Pamba, pasando por las Graditas del rio Molino, El Empedrado y según Eduardo, unos 36, si tenemos en cuenta las veredas.

Muy amigo del poeta Guillermo Valencia, ya que don Roberto tenía su botica diagonal de la casa del maestro, donde hoy funciona la facultad de Humanidades y además porque ambos eran muy prolíficos. Cuando don Guillermo llegaba los lunes muy tempranito a su botica, don Roberto le preguntaba sobre el estado de la “rara avis” y éste le respondía como “el ave fénix”, entonces apagaba el reverbero donde hervía la jeringuilla y se iban de charla horas enteras. Al despedirse le daba un frasquito de vitaminas, -qué bueno saberlo- y le formulaba lavados de agua de saúco en los ojos para que le quitara la “llorosiadera”, pues el Maestro sufría de este mal. Vaya usted a saber si cuando el poeta escribió Resurrección, tenía su sentido, pues abarcaba todo lo anterior: 

Cada hombre es una fórmula que adereza el destino
e integran –dice el sabio- veintitrés elementos:
sustancias siderales de ignotos firmamentos
que dispersó en el éter pródigo torbellino.

…Mientras Cupido y Venus majen en su mortero,
puede ostentar el frasco su rótulo primero
pues con iguales drogas la fórmula no cambia
.
Luego don Roberto se pasó a la calle séptima, cerca al parqueadero del Ley viejo y a pepo y cuarta del consultorio del eminente y caritativo médico doctor Gilberto Cruz, con quien se hicieron buenos amigos. El día que se mudó, el poeta Valencia dejó escurrir sendos lagrimones. Don Roberto únicamente le dijo,- llevándose los dedos a la boca-: de todo lo que hemos hablado “chito”, pues. Era el “instante del crespúsculo en que las cosas brillan más”. El poeta lo miró y concluyó: “¡Oh fecundo silencio ¡Oh silencio gemelo de la noche”. 

Don Roberto era un señor de mediana estatura, aparentemente serio, pero simpático, buena gente, de sonrisa fácil y ojos observadores que penetraban hasta los entresijos. Buen conversador y de gran cultura, como quiera que sacaba una revista en la imprenta del Departamento donde se homenajeaba a la madre, a la bandera, a Popayán, lógicamente haciendo propaganda también a su botica, que se la pasaba repleta: primero de sus hijos, segundo de sus clientes y después de estantes cundidos de cosas, según el decir común. Allí se encontraba de todo, se preparaban fórmulas y se vendía lo inimaginable por aquellas calendas: el Almanaque Bristol, comisiones, préstamos, colorantes inofensivos en polvo, esencias líquidas, cremas, ungüentos, jabones medicinales y perfumados, pepitas cocidas del arbusto de pepo para la caspa, hojas de coca para el dolor de barriga, unto sin sal con azufre para los granos, romero para evitar la caída del pelo, óxido de zinc para la pecuequitis aguda. Recuerdo que un día fue don NN con su hijo para que le curara el olor en los pies. Don Roberto le hizo quitar los zapatos y solamente murmuró: si lo que está es curada. Le mandó primero a botar los zapatos de caucho y las medias; luego lavarse los pies mañana, tarde y noche, durante 30 días, secarse muy bien y echarse cal, como si estuviera en blanquitos y después el mencionado óxido de zinc, por 9 meses. 

Cuando fue con sus oídos tapados doña NN, acompañada de su hijito aún de carguío, le echó goticas de tallo de repollo en ambas orejas, completada con orines del niño. Ahora sí le dijo: quedó lista para oír chismes por lado y lado. En cambio al acudir el marido con el mismo mal, le recomendó: “quedate con el oído tapao”, que a la larga con tanta cantaleta no es ni malo. Al volver con su rutinario vestido negro don NN, Secretario de un Juzgado, a comentarle que no le había aprovechado el remedio para la caspa y le seguía rascando la cabeza, don Roberto lo miró de nuevo y le dijo: para la piquiña “úntate” piedra lumbre y para la caspa es mejor usar vestido gris. Su hijo Memo, salió a reírse a la esquina, donde Carisucio tenía un estanco. Un día fue “Niñosano” con un empacho de los mil carajos. Le dio un vaso de paico con ruda, tres cucharadas de Quinopodio y lo mandó por los lados de El Achiral, aprovechando que es una “bacinilla sin orejas”, le agregó. 

A Pajita Sarria con mirarlo diagnosticó: usted tiene una tenia, o mejor la tenia lo tiene a usted. Le recetó tomar unas aguas con piña criolla durante nueve días, y a los siete, la tenia, aburrida de repetir comida le fue saliendo; era tan larga que alcanzó a llegar don Roberto para acabarla de desenrollar. Cuando la terminó de sacar, Pajita murmuró: antes no me picó y se desmayó.

Cierta mañana fue a verlo bien emperifollada la poetisa Ángela de Valencia, para pedirle crema de concha de mar reducidora de las arrugas, don Roberto la miró condescendiente al tiempo que le decía: a usted no le pasan los años…pero las arrugas se le quedan… 

El relojero Meléndez comentaba que se las sabía todas porque tenía más plumas que todos los gallos juntos, era baratero y además le daba el aval, -no político-, el mismito médico Cruz que se hacía recetar de don Roberto porque era muy acertado 

De los hijos de don Roberto le sobreviven su hija Carmen Elvira que trabajaba en el Archivo de la Universidad, por eso tal vez se mantiene y Reynaldo Sánchez que tiene una botica por los lados de la Esmeralda, a quien la gente le tiene una fe ciega en sus recetas y por ello le dicen con cariño don Roberto. Qué bueno preguntarle cuáles eran las vitaminas que tomaban su padre y el ilustre poeta.

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LA NIGUA PATOJADAS
Por: JESÚS ASTAIZA MOSQUERA

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