LAS VÍCTIMAS DE LA TIERRA DEL ORO   
De :  Mario Pachajoa Burbano
Domingo 27 de abril, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos::

Ojalá la época de sensibilidad de las autoridades, no esté lejana.

Cordialmente,

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LAS VÍCTIMAS DE LA TIERRA DEL ORO
Por: Raxon Montilla.
El Nuevo Liberal.
Popayán, 4 de mayo, 2014


El derrumbe de la mina en la vereda de San Antonio en Santander de Quilichao, Cauca no sólo ha afectado habitantes del lugar, hay muchas víctimas de otros departamentos que no tienen quien las llore.


Miguel Arara iba camino a Suárez cuando recibió una llamada que le informó de la tragedia. Diana Alexandra Peña, de 21 años, su hija adoptiva había sido una de las personas sepultadas por la alud de tierra en la vereda de San Antonio del municipio Santander de Quilichao, Cauca, un municipio que queda a solo una hora de Cali y a hora y media de Popayán.

“Me llamó la hermanita de ella, yo iba en el bus donde soy ayudante y apenas me contaron me vine para acá. No sabía que ella estaba trabajando en la mina. Se vino con el esposo y la cuñada y ahora están las dos allá enterradas”, recuerda Miguel, quien es oriundo del corregimiento de Robles, municipio de Jamundí, Valle del Cauca.

Diana Alexandra nunca había trabajado en la minería, según cuenta su papá, el no sabía que ella estaba en Santander de Quilichao y tampoco entiende por qué su hija se había venido hasta este lugar a trabajar en una labor tan peligrosa, que solo unos meses antes, había matado a un hombre de la región en condiciones similares. Según cuenta un bombero de Jamundí que no quiso revelar el nombre, en el mes de diciembre un adulto murió sepultado en una mina cerca del corregimiento de Timba.

“Ella tiene un hijo de un año y medio, ahora vamos a ponernos de acuerdo con el esposo de Diana y la hermana para saber cómo vamos a cuidar al niño, porque es una semilla que queda. Hay que sacarlo delante y criarlo de la forma que a ella le gustaba tenerlo”, habla Miguel sobre su nieto y su hija.

Desde que llegó se ha quedado en un rancho que tiene un amigo acá en la mina, comenta que no le han ayudado en nada. “Como se dice: ni una banana me ha dado el Gobierno”. Ahora espera pendiente del porteo de tierra, que consiste en que las maquinas sacan tierra y estabilizan el talud. Además, comenta que las autoridades no dicen nada sobre la situación pero que igual “como está aquí mirando las cosas pues no hay necesidad de preguntarles a ellos”.

Por parte, con la hermanita de Diana Alexandra no se puede hablar, está muy afligida. Ella estuvo presente y aún no supera haber visto a su hermana ser sepultada y no poder hacer nada. “Está más bien tomando resistencia, yo no he hablado con ella porque esta muy deprimida”, agrega Miguel.

Sin embargo, para Miguel como para muchos de los familiares que están a la expectativa del trabajo de las trece maquinas que están en el sector, la esperanza es lo último que se pierde. Roberto Arrechea está esperando que saquen a las cinco personas que él tiene enterradas en la mina: un hijo, un sobrino y tres familiares putativos. El vive cerca, siempre ha vivido en San Antonio y desde que llegó la minería al sector su familia se ha dedicado a esta actividad.

Sin embargo, Amylkar Acosta, ministro de minas, dijo, después de pasados un poco menos de dos días, que se descartaba la posibilidad de algún sobreviviente.

¿Cómo pasó la tragedia?

“Es algo de la vida para la que uno no está preparado, ver a tantos compañeros morir en cuestión de segundos y uno impotente, es algo muy duro. Fue en las horas de la noche, entre las 11:00 y 11:30 y pasó en dos o tres segundo. La peña se desprendió y sepultó a las personas. Como cosas de mi Dios a nosotros no nos quería pintar ahí, no nos quiso dar oro, como se dice, y nos corrimos para otro lado; pero la mayoría de los compañeros se quedaron allá donde las maquinas están trabajando en este momento”, cuenta Mauricio Baicue, un minero que estuvo presente en este trágico accidente que puso en vilo a todo el país.

En ese momento alcanzaron a auxiliar algunas personas: una muchacha de unos 20 años y un joven de unos 23. Sus compañeros de trabajo los rescataron con sus propias manos; con picas y badeas, removieron la tierra esta vez no para sacar oro sino para salvar alguna vida. El segundo minero que lograron sacar quedo muy grave pero se salvó, sin embargo, en el rincón, donde alcanzó a caer la última cantidad de tierra, había un compañero que estaba muerto, aunque fue el primero que se pudo desenterrar no sobrevivió.

El cuerpo de Bomberos de Santander de Quilichao llegó cerca de la media noche, ayudando a la comunidad a sacar a los tres primeros cuerpos sin vida que se trasladaron a la morgue del municipio. La Cruz Roja seccional Cauca, llegó al lugar de la afectación con la Unidad municipal en la madrugada del día después de la tragedia, para ayudar en la coordinación de actividades, sin embargo, fue hasta la llegada de las primeras seis maquinas retroexcavadoras que se comienzan las nuevas labores de rescate y llega el resto personal de apoyo.

Hasta el viernes no se podía dar una cifra exacta de las personas que se encontraban sepultadas bajo los 10 mil metros cuadrados de tierra y piedras (cifra dada por la Unidad de Gestión del Riesgo). Miguel dice que enterradas hay cerca de 30 personas. Por su parte, Daniel Rolando Ortiz Salcedo, de la Unidad General de Gestión del riesgo, grupo operativo y el manejo de desastres, dice que sabiendo que hay muchas personas que se desplazaron al sitio que pueden estar ahí o no, para el reporte oficial se dice que los afectados son 18: dos heridos, tres personas sin signos vitales rescatadas y trece desaparecidos.

Según información de la Cruz Roja, hay personas de otros departamentos que su núcleo familiar: padre, madre e hijo o hija adolescente, cuando están al lugar, habitan en cambuches desmontables que se arman en la noche y se levantan en el día para bajar al lugar de trabajo. Los tres miembros de esta familia no tienen ningún contacto en esta vereda, no tienen conocidos ni allegados en la zona. Entonces pueden haber familias completas que por su tradición minera pueden haber viajado de otros departamentos, como Antioquia y Valle. Es así como puede haber desaparecidos pero no han sido reportados. Por esta razón, algunos de los heridos dicen que en el lugar hay por lo menos unas 30 personas atrapadas.

“Es un tema que veníamos anunciando desde hace tiempo, ya habíamos pedido la ayuda el Gobierno Nacional para controlar esta minería ilegal. Entonces, esperamos que con una tragedia como esta realmente le prestemos atención y se tomen las medidas para que le demos fin a un tema que es muy complicado pora nuestro municipio en el manejo. Ha venido el ministro del interior, el ministro de defensa y se han hecho cosas; pero el problema es que no hay un marco jurídico contundente para actuar en estos temas”, agrega Eduardo Grijalba alcalde de Santander de Quilichao.

Se vende al mejor postor.

En estas minas los que dan la orden y los permisos a las personas para entrar o salir en los terrenos que han removido son los operadores de las máquinas. Cuando estas paran por cualquier motivo: hora de almuerzo, busca de combustible o momentos de descanso es cuando los hombres, mujeres y adolescentes se abalanzan hacia los agujeros en busca de oro. “A veces se arman problemas porque la gente no quiere salir si hay una cinta buena -como se dice cuando el mineral es profuso-. Pero ahí estuvimos trabajando un rato y jamás en mi vida imagine iba que a experimentar eso”, agrega Mauricio.

El oro se vende al mejor postor. Las personas se sumergen en su trabajo, se adentran a los socavones que muchas veces superan los 20 metros y buscan el mineral sin parar. Tienen que aprovechar el momento que se les dio, normalmente entre dos y tres horas. Alex Carabalí, un chico minero que llegó a ver las labores de rescate, cuenta que a ellos no les obliga vender el oro a nadie, simplemente lo sacan, lavan y buscan quién se los paga mejor.

“Si uno quiere lo vende aquí mismo, igual hay varias personas que se encargan de comprarlo, o sino uno se va al pueblo y lo vende en alguna compraventa”, comenta Alex, que viene de otra mina que queda solo a un par de kilómetros hacia el sur, cerca del río Quinamayó. Una actividad que acabó con una zona de recreación típica del municipio, donde semanalmente las familias iban a disfrutar del agua y las riveras que ya no existen.

Por su parte, Mauricio dice que “hay gente que lo va a vender hasta en Cali. Todo depende de las posibilidades que tenga y lo que saque. En una semana uno se puede hacer entre 300 y 500 mil pesos, pero por ejemplo, hubo dos días en donde me hice $700 mil. Realmente esto es una aventura. Yo tengo mi mujer y mis dos niños y uno sabe que este trabajo puede ser tanto un bien para la familia o como en este caso, también un mal”.

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