LA HACIENDA DE JAPIO
De:
 Mario Pachajoa Burbano
Sábado 18 de octubre, 2014.
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Mayra Galvis ofrece un detallado articulo sobre el  ícono histórico:  la famosa Hacienda de Japio, lugar, que además de los servicios apropiados que presta una hacienda, los militares tuvieron un sitio idóneo y estratégico para planear y organizar las batallas de las guerras civiles en las que el Cauca estaba involucrado.

Cordialmente,

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  LA HACIENDA DE JAPIO, CON MUCHA HISTORIA

Publicada por: Mayra Galvis
recuerdosdeunaconquista.blospot.com
10 de diciembre, 2011.


La uicación de esta hacienda, cerca a Caloto, es excepcional, colocada en la cabecera del llano. Su historia se remonta al Siglo XVI pero en el XVII vino a manos de jesuitas. Para 1761 funcionaban allí un pequeño trapiche movido por bestias, un galpón para quemar ladrillo, hatos de ganado mayor, siembras de maíz y arroz, todo para abasto y beneficio del Colegio de Popayán y de la Iglesia de San José. Con la expulsión de los Jesuitas en 1767, Japio pasó a la Corona y luego se adjudicó a don Francisco Antonio de Arboleda en 1775, mediante remate.

Para 1792 ostentaba la casa de Japio una reposada estampa de dos pisos, con paredes de rejas y adobe, coronada por techo de paja. Francisco le introdujo mejoras para hacerla residencia de señorío. Don Francisco también remodeló la capilla que vino a exhibir techo de teja y torre con tres campanas. El pórtico de la puerta principal estaba tallado en piedra, con un pilar a cada lado. Se veneraba a Nuestra Señora de Loreto.

Actuaba como mayordomo Joaquín Bedoya. Era la cañicultura el negocio fundamental de la hacienda. Don Francisco José introdujo allí la caña Otahití que le había recomendado el Barón de Humboldt cuando pasó en 1801 por el Valle del Cauca en camino hacia Quito.

Fue Japio escenario de muchos acontecimientos políticos en el Siglo XIX. En sus dehesas se libraron batallas y en sus salones se firmaron pactos. Allí se alojó Bolívar varias veces. Fueron casa y hacienda cuartel en varias ocasiones tanto para ejércitos realistas como para los patriotas; y los bienes de reses y pancomer sirvieron para avituallar a unas u otras tropas.

Fue allí donde entre vicisitudes de persecuciones políticas debió terminar de escribir Sergio Arboleda sus Apuntamientos sobre el cultivo de la caña y fabricación del azúcar y del ron, libro de singular importancia en la historia azucarera caucana, todavía inédito. Con éste, Arboleda desenvolvió en apio una revolución agrícola.

Dentro de la estirpe de Arboledas permaneció Japio hasta cuando la compró Ignacio Muñoz, padre de Josefina, esposa del maestro Guillermo Valencia. Cuando Jesús Sarmiento, un hacendado tulueño, tuvo que atender una contratación suscrita en Popayán por la que se obligaba a proveer con aguardiente a las rentas el Departamento del Cauca, adquirió a Japio en 1917.

Todavía se erguía la vieja mansión de dos pisos. Apoyada en esbeltos pilares abría al ras del jardín sus amplios corredores que repetidos arriba se convertían en balcones embarandados. Una acequia discurría desde la montaña y encauzada por un lecho empedrado dejaba caer su bullicioso chorro de agua sobre la alberca de piedra.

 La iglesia que estuvo situada a la derecha de la casa -si se entraba desde el Camino Real- hubo de demolerse cuando llegó Sarmiento. Las Pilas, la Bautismal y la del Agua Bendita, que labraron esclavos con piedra de la cantera cercana, se trasladaron a la iglesia de Caloto, porque eran parte del rito parroquial que hasta poco antes había cumplido la capilla de Japio en calidad de viceparroquia, bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto.

Parece que fue don Jesús quien construyó, como lo hizo en el ingenio San Carlos, la arquería de ladrillo para traer sobre su lomo acanalado el agua que en torrente accionaba el molino del trapiche. La calzada de piedra reflejó una mayor virtud de bordado por el entrevero de ladrillos planchos con guijarros redondo

 Hoy remodelada con modernas comodidades, la casa, señoreando la hacienda, pertenece a Álvaro Garcés Giraldo y a su esposa Alice Echavarría de Garcés. G.

Publicado por Mayra Galvis en 20:21
sábado, 10 de diciembre de 2011

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