PALABRAS DR. ÁLVARO GRIJALBA GÓMEZ.
COLEGIO CHAMPAGNAT DE POPAYÁN
De: Mario Pachajoa Burbano
Miércoles 30 de abril, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

PALABRAS DEL DOCTOR ÁLVARO GRIJALBA GÓMEZ EN EL ACTO DE INAUGURACIÓN DEL VII CONCURSO REGIONAL DE ORATORIA Y EL III NACIONAL MARISTA, EL DIA 24 DE ABRIL DE 2014, EN EL COLEGIO CHAMPAGNAT DE LA CIUDAD DE POPAYÁN.
 
Reverendos Hermanos Maristas.
Señora Rectora del Colegio.
Profesores y Profesoras
Alumnos de los distintos colegios
Alumnos concursantes
Señoras y Señores.
 
La Congragación de los Hermanos Maristas de la Enseñanza,  fundada por San Marcelino Champagnat el 2 de enero de 1817, en la pequeña población de La Valá en Francia, ha tenido la loable misión, de educar a las juventudes por el mundo, inculcándoles el respeto a Dios y a sus semejantes, los principios del amor a Cristo y a María Santísima, los más grandes valores de la moralidad y honestidad, para formar seres de altas calidades humanas, buenos y excelentes ciudadanos de bien, servidores intachables de la sociedad.
 
Fueron suficientes los cortos 51 años de vida de San Marcelino Champagnat, quien murió el 6 de junio de 1840, para cumplir con su sueño, labrar el camino y la ruta a seguir por su Congragación, con un solo objetivo, la Educación de la juventud.
 
Siempre han inspirado su trabajo doctrinario de asistencia a la culturización de los niños y los adolecentes, cimentado sobre las virtudes cristianas para dar de sí lo mejor a miles de ellos que diariamente reciben sus sabias enseñanzas.
 
  Esta insigne congregación religiosa, durante más de 197 años, ha estructurado generaciones enteras que han brillado en el panorama de la intelectualidad a todos los niveles, siendo orgullo y fruto maduro de estas cosechas que durante casi dos siglos los Maristas han sembrado en la tierra fértil de sus corazones.
 
Dos siglos de esplendor religioso y educativo plasmado en sus institutos, escuelas y colegios para educar como lo indicó su fundador San Marcelino Champagnat.
 
En el año 2017, la Comunidad Marista mundialmente cumplirá sus 200 años de fundación, fecha gloriosa que debemos celebrar con toda la pompa, preparándonos desde ya, para rendirle los honores correspondientes, y tributarle los más bellos homenajes que amerita tan magna efemérides para nuestra comunidad toda.
 
Popayán, Colombia y el mundo entero, pueden dar fe sin reservas, de la excepcional vocación y entrega a la educación, durante toda la vida de  estos excepcionales y maravillosos religiosos, que unidos a esa gran familia conformada por profesores, alumnos, padres de familia, directivos, administrativos y los miles de ex alumnos, son la complexión fortalecida, de esta querida, admirada, respetada y benemérita Institución Mariana, portadora de las banderas de la esperanza de esa juventud que aquí se forma plena de ilusiones y compromisos con su patria.
 
San Marcelino Champagnat exaltado a la gloria de los altares el 18 de abril de 1999, hace exactamente 15 años, por quién en breves horas también será elevado a los pedestales del santoral de la Iglesia Católica, su santidad el Papa Juan Pablo II, ve hoy desde el infinito azul de los cielos, que su obra en la tierra, ha fructificado pues su proyecto de vida religiosa para trabajar por la educación, está grabado en el espíritu de sus educadores y moldeado en el corazón de sus discípulos.
 
La Educación, esta excelsa palabra que condensa la sabiduría, el aprendizaje, la sapiencia, la cultura, la ciencia, la investigación, la instrucción, la disciplina, el apostolado, la civilidad, los buenos modales, el respeto, la caballerosidad,  en fin la grandeza humana e intelectual de todo ser para acceder a los espacios cósmicos de la vida, ha sido el lema de los Maristas en los cinco continentes del mundo, durante estas 20 décadas desde su fundación.
 
Hoy con infinita gratitud celebramos los ciento veinticinco años de la presencia Marista en América Latina, concretamente en Colombia, y orgullosamente en esta hermosa y amada villa pubenence, porque aquí a Popayán, el 26 de noviembre de 1889, arribaron los primeros Hermanos que fueron la simiente Marista en este continente.
 
Hagamos un poco de historia para recordar y conocer como  se gestó la llegada de la Comunidad Marista a Colombia.
 
En el año de 1887 siendo Presidente de Colombia el doctor Rafael Núñez, y Sumo Pontífice de la Iglesia Católica el Papa León XIII, se firmó el Concordato, para restablecer las buenas relaciones entre la Iglesia y el Estado Colombiano, y se nombró como Embajador ante la Santa Sede al General Joaquín Fernando Vélez.
 
La sociedad payanesa ansiosa de tener instituciones religiosas para la formación de sus hijos, se valió del entonces gobernador del Departamento del Cauca, el General Primitivo Crespo, para que  el Embajador Vélez gestionara ante el Superior General de la Congregación de los Hermanos Maristas, el Hermano Théophane, el
envío de algunos de sus religiosos a Popayán, gestiones que culminaron exitosamente con la firma de un contrato en Roma, entre los dos para tal fin.
 
Así fue como ese memorable, hoy recordado y celebrado 26 de noviembre de 1889, a lomo de mulas y caballería, desde el puerto de Buenaventura, después de un penoso y duro viaje afectados por el paludismo y otras enfermedades, llegaron llenos de ilusiones a Popayán los siete primeros Hermanos Maristas, cinco franceses, un suizo y un español, bajo la dirección del Hermano Angelo, quién había sido trasportado desde Morales (Cauca) en camilla por su gravedad,  falleciendo en el hospital de esta ciudad, la misma noche del día de su llegada.
 
Muy afligidos por la muerte de su Director, pero llenos de fe y optimismo en la tarea a ellos encomendada, bajo la protección de Jesús, María y José, y de su fundador Marcelino Champagnat, organizaron e iniciaron su misión educadora en enero de de 1890, en el antiguo Claustro del Carmen de las Hermanas Carmelitas, hoy perteneciente a la Universidad del Cauca, donde recibieron sus primeros alumnos y lo convirtieron en Seminario también para la formación de los futuros Hnos. Maristas en Colombia.
 
Posteriormente fueron llegando al país numerosos Hermanos franceses y españoles que unidos a los nuevos Hermanos colombianos, facilitaron la fundaciones de escuelas y colegios en casi todo el país.
 
En 1891 asumieron la dirección del Colegio Santa Librada de Cali.
 
En 1892, crearon el Noviciado Marista en esta ciudad y centros educativos en Palmira y Timaná (Tolima), luego en Armenia, Buga, Ibagué, Manizales, Pasto, Pupiales, Santa Rosa de Cabal, Túquerres, Sibundoy y Santiago en el Putumayo y Bogotá.
 
En 1908, las Casas Maristas de Colombia, se constituyeron en una Nueva Provincia del Instituto Marista.
 
En 1912 la Curia Metropolitana de Popayán, vendió a la Comunidad Marista en Colombia, el antiguo convento de los Camilenses, o Padres Camilos de la Buena Muerte, en la calle octava con carrera novena, y allí se construyó la Casa Madre en Colombia, Villamarista,  fragmentada hoy para oficinas públicas y barrios de la ciudad, enorme y extensa propiedad, con hermosas avenidas de pinos, eucaliptos, magnolios y frutales, jardines,  grutas para la Virgen y patios con imponentes estatuas, que recuerde, lindaba con la calle once y el Achiral actual barrio de las Américas.
 
Allí empieza a funcionar la Casa Provincial, con el juniorado, el postulantado, el noviciado, el escolasticado y la comunidad, convirtiéndose en el centro de la formación religiosa y educativa de los Hermanos Maristas colombianos como institutores, algunos  de los cuales se doctoraron en la Universidad del Cauca y otros viajaron a Europa a especializarse en Pedagogía, Matemáticas, Ciencias Físicas y Naturales entre otras materias, para garantizar la calidad y excelsitud de la educación, que ha sido la constante Marista durante estos 125 años de presencia en nuestra Patria.
 
El 1929 el Hermano Teodoro José, santo y sabio religioso, quien había gobernado con éxito extraordinario durante 15 años la nueva Provincia, fue nombrado Director de la Casa Provincial de San Camilo, y fue él quien lanzó e impulsó la idea de dotar de una bella capilla digna de la Institución Marista y de la Ciudad de Popayán, en el nuevo claustro adquirido, y tomando como modelo la capilla de estilo gótico de la Casa Generalicia de Saint Genis- Laval, en Francia,
se contrata una compañía constructora española de prestigio internacional y la obra se pone en marcha.
 
 En agosto de de 1930 fue bendecida e inaugurada la nueva capilla, construida con materiales importados desde Francia, adornada con 36 hermosos vitrales alusivos a la vida de Jesús, de María y San Marcelino, con su espectacular altar central también gótico en madera, presidido por una bellísima estatua de Nuestra Señora de las Mercedes, y los laterales por San José, Santo Tomás de Aquino, y San Marcelino Champagnat posteriormente, traídas de España, un gran Crucifijo, el Viacrucis, ornamentos y vasos sagrados importados desde Italia.
 
Hoy por fortuna y gracias a las gestiones del Señor Arzobispo de Popayán el Excelentísimo Monseñor Iván Antonio Marín López, lo que queda de Villamarista y había sido vendida al Instituto de Seguros Sociales, ha sido adquirida nuevamente, incluida la otrora hermosísima capilla, por la Curia Arzobispal, para el funcionamiento de la Fundación Universitaria de Popayán, hecho este que aplaudimos y celebramos porque nos devuelve la esperanza de volver a ver muy pronto esta joya del patrimonio arquitectónico y religioso del pueblo payanés, puesta al servicio de la fe cristiana con su antiguo esplendor.
 
En 1932 se funda el Colegio Champagnat de Popayán, en la antigua casona de la familia Nanetti Valencia, hoy el Banco de la República, frente a la Casa Valencia, alcanzando gran prestancia a nivel regional y nacional, la que aún conserva. En la década de 1950 se construyó el hermoso, amplio y funcional actual colegio que con tanto amor Marista, nos albergado y ha educado a nuestros hijos.
 
En 1948, fue elegido como primer Provincial colombiano, el Reverendo Hermano Francisco Regis, cuyo nombre verdadero era Manuel Salvador Cerón Ordoñez, pues la costumbre religiosa Marista, cuando se recibía los hábitos y se profesaban los votos de castidad, pobreza y obediencia, era tomar un nombre diferente al de pila, costumbre arraigada aún en algunas comunidades y7 sobre todo en los papas.
 
Este místico y extraordinario religioso marista, siempre bien recordado, fue igualmente a quien correspondió en su fructífero mandato provincial, emprender la construcción del confortable edificio de Villamarista, conformado por siete claustros rectangulares de dos plantas para albergar unas 200 o más personas de habitación permanente, cuatro parques, ocho canchas de básquetbol, tres reglamentarias de futbol como estadios, amplios pasillos y corredores, lastimosamente teniendo que demoler para tal fin el antiguo convento camilense.
 
Hay tantas cosas que contar para poder hacer una verdadera y detallada semblanza de la presencia Marista en Colombia, que tendríamos que acudir a muchas cuartillas y varias horas, que nos permitieran con justeza exaltar la grandeza y la inmensidad de la obra Marista, dejándonos llevar por la gratitud, los recuerdos y la nostalgia, la evocación de esas hermosas épocas de apogeo de esta ejemplar Congregación que tanto ha servido a la educación del pueblo colombiano.
 
Para reseñar medianamente la existencia Marista en Colombia, habría que escribir una historia casi macondiana, al estilo de las del gran maestro de maestros de la pluma, el más internacional de los colombianos Gabriel García Márquez, quien acaba de viajar hacia la inmortalidad este pasado Jueves Santo 16 de abril de 2014, hace hoy 8 días, como uno de los más grandes genios de la literatura universal, dejándonos un maravilloso legado de su insuperable  imaginación y del pensamiento mágico que inspiró sus obras y su visión sobre la educación.
 
Hoy simple y humildemente, con cariño y afecto inmensos, queremos en estas deshilvanadas líneas regadas de un poco de historia, rendir homenaje de sincero e infinito agradecimiento a unos  inigualables servidores de la sociedad, que sublimizados por la religiosidad, la albura y la franqueza de sus almas, han ayudado a construir una patria y una Colombia mejor educando a su juventud.
 
Es un inmenso honor como ex alumno Marista, abrir un espacio dedicado a la sublimación de la palabra a través de la oratoria, en el que ustedes demostrarán que en sus espíritus y sus almas, se alberga y vive latente la nobleza que busca traducir el pensamiento en expresiones colmadas de hermosura literaria que determinen su imaginario y su juvenil capacidad creativa.
 
Que el Señor les ilumine y les colme de bendiciones.
 
Muchas gracias.!
 
ALVARO GRIJALBA GOMEZ
 
Popayán, Abril 24 de 2014  

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