PASADOS TIEMPOS PAYANESES.
De:  Mario Pachajoa Burbano
Martes 2 de diciembre, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:   

Oscar Garcia López se refiere a los tiempos que disfrutamos en Popayán y hoy exclamamos como Oscar ¡Gracias Dios MIO que nos permitiste vivirlos!..

Cordialmente,

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DESDE EL PARQUE DE CALDAS
UNA EVOCACIÓN NECESARIA ...
Por: Oscar García López
Asociado CPC
Proyeccion del Cauca.


La caida de las hojas del calendario cuando ya se han logrado superar los 11 meses del 2014 y que anteceden a esta época de Navidad que con tanta fé, esperanza y buenos deseos y algún gesto de caridad hacia el prójimo menos favorecido por la suerte, esperamos optimistas las gentes de bien, nos hacen pensar en lo que hemos dejado atrás, a manera de íntimo balance de ejecutorias, quizás para bien o para mal pero que ya no tiene reversa, lo que se hizo o se dejó de hacer.
 
Que tiempos aquellos cuando en este Popayán transcurría su diario trajinar de una manera tranquila, sin tantas afugias y sobre todo con ese amor y cariño que se compartía entre los habitantes de la apacible y bien cuidadas calle, donde todos nos conocíamos y nos saludábamos.
 
Tiempo en el cual no se conocían las E. P.S., y por lo tanto tampco el estrés, ni los vértigos, ni la gastritis, ni el colon irritado, etc.

Tiempos aquellos en en donde se caminaba tranquilo sin ninguna clase de invasiones del espacio público que conformaban el casco urbano de esta parte de nuestra incomparable Colombia y que alguíen se atrevió a llamar, como el verdadero remanso de paz del sur- occidente colombiano.

Noches de retreta a cargo de la banda de músicos del batallón Junín en el verdadero Parque de Caldas, hoy es otra cosa con otras bancas de mal estilo, y en donde la cita habitual que nos dábamos los payaneses raizales los dias domingos, a partir de las 7:00 p.m. era de estricto cumplimiento.
 
Que tiempos aquellos nos correspondieron vivir y que hoy evocamos al conjuro de esas notas musicales que salían de las flautas de carrizo magistralmente intepretadas, con tamboras bien ejecutadas, triangulos, maracas y sus integrantes luciendo orgullosos los atuendos típicos de la región caucana que armonizaban con el repertorio amplio que interpretaban en su recorrido por todas las calles de la capital caucana.

A los músicos se los respetaba porque éramos concientes de tener frente a nosotros a la muestra viviente de una gran tradción que se había sostenido por siglos y de generación en generación.
 
El delicioso plato de nochebuena, sus rosquillas, buñuelos, hojaldras, acompañadas siempre de una variedad de dulces a saber, manjar blanco, papaya, limón y sus incomparables brevas, para enumerar solamente algunos, claro está sin olvidar el plato de chulquín, que entre otras cosas, nunca pude saber que era eso, los encurtidos y el famoso birimbí pedido y que se intercambiaban entre muchos vecinos y familias.
 
Las carreras de encostalados y las competencias de carritos de balineras en el Morro de Tulcán y la quema del castillo.
 
Los aguinaldos, toda una tradición, con diferentes modalidades, como por ejemplo: HABLAR Y NO CONTESTAR, PALITO EN BOCA, BESO ROBADO, el
juego de la lleva y pare de contar.
 
Las grandes competiciones de Balero, de las bolas de cristal, de las inolvidables arrias que se jugaban con trompos especiales y por muchas cuadras del casco urbano.
 
Y que complemento, empataban con las denomidades Fiestas de Pubenza que escogían a su representate de belleza de cada barrio y cuyos dirigentes cívicos se encargaban de armar grandes casetas o tablados para bailar hasta que salía el sol animadas por grandes orquestas y eran visitadas por gentes de los diferentes sectores que acompañaban a sus candidatas, sin distingos sociales de ninguna clase.
 
Estas si eran fiestas. Participábamos todos, con o sin plata y utilizando nuestras mejores prendas de vestir porque allí se iba disfrutar y a enamorar. Hoy me pregunto cuantos noviasgos nacieron en cada época carnavalesca y que a la postre se cristalizaron en matrimonio?.
 
Me atreví a evocar esas épocas porque el recuerdo endulza las horas amargas de la ausencia y máxime cuando jamás lo volveremos a disfrutar, por eso es que siempre digo: No importa el tiempo que haya transcurrido, ya que lo que SI importa es que no le hemos olvidado..
 
Hoy y de todo esto, para enumerar muy poco de la época que antecedía a Navidad, Año Nuevo y Fiestas de Pubenza, sólo nos quedan los felices recuerdos, grandes amistades, muchos guayabos e incomparables vivencias imposibles de olvidar ya que siempre, siempre y por siempre nos invitan a decir Gracias Dios MIO que nos permitiste vivirlos..
 
POBRE LA POPAYÁN DE HOY... ni sombra de lo que fue.

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