LUCIO FLAVO O LA DESTRUCCIÓN  DE JERUSALÉN POR TITO.
De: Mario Pachajoa Burbano
Lunes 3 de octubre, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos: 


Cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos acampados, entonces sepan que la desolación de ella se ha acercado. Entonces los que estén en Judea echen a huir a las montañas, y los que estén en medio de Jerusalén retírense, y los que estén en los lugares rurales no entren en ella; porque estos son días para hacer justicia, para que se cumplan todas las cosas que están escritas". (Lucas 21:20-22.)

Amigos:

En los años 40's en el Seminario Conciliar de Popayán, regentados por los padres Lazaristas (Congregación fundada por san Vicente de Paúl en 1625), se leia en el  reflectorio, generalmente, una obra de religión católica, teologia, y esporádicamente de historia, Fastos Payanes de Arcesio Aragón (1872-1956) o Memorias hitórico Políticas del general Joaquin Posada Gutierrez; por ejemplo, y muy rara vez, al menos durante la permanencia del que escribe esta nota, una novela histórica: Lucio Flavo o la Destrucción de Jerusalén por Tito, escrita por el cardenal jesuita el alemán José Spillman. Era tal el interés que despertaba su lectura, que se pedia muy respetuosamente, al rector, ordenara la continuacion de su lectura, aún con los platos vacíos. El título de la famosa novela histórica lo dice todo.

Al pasar los años, en las librerias de Buernos Aires, Lima  o México, y las de libros usados, trataba de localizarla, pues habia dejando una profunda huella su trama medio historia y medio  movela. Hace algunos años la encontré en una pequeña libreria de antigüedades en la ciudad de Toledo, España.  .. .. Desde entonces la releo y la releo ...

Sus protagonistas son Lucio Flavo, el joven, marcial, bravo guerrero, centurión romano, de brillante armadura y la judia  Tamar: "hermosa criatura de 16 años", hija del rico rabí Sadoc. Al entrar estos dos últimos a Jerusalén para celebrar la Pascua, son atacados por el fiero ladrón Barrabás, dejando herido gravemente al rabi.. Providencialmente pasa por alli Lucio Flavo y su grupo, derrota a los bandidos y se impresiona con la belleza y lozania de la judia Tamar. Y para completar el triángulo, el aguerrido, arrogante jefe de los judios, Capitán de la guardia del Templo, hijo de Anano Ben Caifás y nieto de Caifás y más alto que el promedio romano: Eleazar, quien era el prometido de Tamar. ...

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A continuación la  parte del historiador Judio Flavio Josefo en su libro "La Guerra de los judíos", sobre la toma de Jerusalén por Tito.

Cordialmente,

***..


LA CAÍDA DE JERUSALÉN CONTADA POR FLAVIO JOSEFO.
La caida de Jerusalén.
Tomado de:  Historia Clásica.

La Primera Guerra Judeo-Romana, también llamada Gran Revuelta Judía, fue la primera de las tres principales rebeliones de los judíos de la provincia de Judea contra el Imperio Romano.
 
Comenzó en el año 66, a causa de las tensiones religiosas entre Romanos y Judíos. Terminó cuando las legiones romanas, comandadas por Tito, asediaron y destruyeron Jerusalén, saquearon e incendiaron el Templo de Jerusalén (en el año 70), demolieron las principales fortalezas judías (especialmente Masada, en el año 73), y esclavizaron o masacraron a gran parte de la población judía.
 
Conocemos los detalles de esta revuelta por el relato de Flavio Josefo, un jefe militar judío que, tras rendirse a los romanos en el 67, pasó a formar parte del séquito del general Tito, asistiendo al desarrollo de la campaña desde las filas romanas. Es por tanto un testimonio de excepción, de alguien que ha vivido el conflicto militar desde los 2 bandos.
 
En el capítulo 18 de su libro VII, Josefo hace un resumen de la historia de Jerusalén y su caida...
 
"Así, pues, fué tomada la ciudad de Jerusalén el segundo año del imperio de Vespasiano, a ocho días del mes de septiembre, y habiendo sido antes tomada cinco veces, ahora fué del todo destruida.
 
El rey de Egipto Asocheo, y después Antíoco, luego Pompeyo, y después Sosio y Herodes, la tomaron también y la conservaron; pero primero fué destruida antes por el rey de Babilonia, después de mil trescientos sesenta años, ocho meses y seis días después que fué fundada.
 
El primero que la edificó o fundó fué un poderoso cananeo llamado Melchisedech, que quiere decir varón justo en lengua de la patria, y era ciertamente tal; por lo cual fué el primero que sirvió y administró a Dios el sacerdocio, y comenzando éste a edificar el templo, llamó la ciudad Jerusalén, porque antes se llamaba Sol ima.
 
Echado después el pueblo de los cananeos, el rey David la entregó a su pueblo, y cuatrocientos sesenta y cuatro años después y tres meses más fué destruida y derribada por los de Babilonia.
 
Después del rey David, que fué el primer rey judío que reinó en ella, hasta esta destrucción hecha por Tito, pasaron mil ciento treinta y nueve años, y de su primera fundación hasta su última destrucción, dos mil ciento setenta y siete años, pero no le valió, en fin, su antigüedad. ni sus riquezas, ni la fama divulgada por todo el universo, ni la gloria grande de su religión, para que no fuese destruida y pereciese; éste fué, pues, el fin del cerco y destrucción de Jerusalén.
 
No teniendo ya el ejército a quién matar, ni qué robar, porque a la ira que en sus ánimos contra los judíos tenían todo parecía faltarles, pues por más que tuvieran otra cosa en qué ocuparse lo dejaran de hacer, mandóles Tito que acabasen de destruirla toda y todo el templo también, dejando solamente aquellas torres que eran más altas que todas las otras; la una de Faselo, la otra de Hipico, y la tercera la de Mariamma; y tanto también del muro, cuanto cercaba la ciudad por la parte de Occidente. Este por que sirviese de fuerte a los que quedasen allí de guarnición, y las torres para que mostrasen a los que habían de suceder en los siglos por venir, qué ciudad y cuán guarnecida y abastada de toda cosa hubiesen ganado y sujetado los romanos.
 
Derribaron todo el otro cerco de la ciudad, y de tal manera la allanaron toda, que cuantos a ella se llegasen apenas creerían haber sido habitada en algún tiempo.
 
La imprudencia y locura de los revolvedores del pueblo y de los que amaban innovar las cosas, fué el fin y destrucción de Jerusalén, ciudad muy principal y de gran nombre, loada y predicada entre todos los hombres del mundo."
 
 Josefo no pretendía glorificar al Hijo de Dios, hizo relación del mismo suceso que los cristianos de Jerusalén habían estado esperando: el cumplimiento de la profecía de Jesucristo. Años antes, el Hijo de Dios había dado esta advertencia.

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