LA CRUZ DE BELÉN DE POPAYÁN
 De: Mario Pachajoa Burbano
Domingo 28 de diciembre, 2014
 mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


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 ¿SE CAYÓ LA CRUZ DE BELÉN? (III)
Por:  HORACIO DORADO GÓMEZ
  horaciodorado@hotmail.com
08:00 am 28-diciembre, 2014
El Nuevo Liberal
Popayán. Cauca Colombia


Lea aquí ¿Se cayó la Cruz de Belén? (II) 


El emigrante patojo, chapado a la antigua, admitió que la cruz de Belén no se cayó, pero me dijo: voy a hacerte amistosamente una ligera observación: “A Popayán se la carcome el comején, las evidencias se ven por todas partes, le cayó polilla”.

Vivimos de queja en queja, y nos olvidamos de enantes: de lo que existió en Popayán, de lo que éramos antes. Para reorganizar todo, hay que reordenar también la historia, incluso las ideas. Para rescatar la ciudad ¡Popayán necesita un buen alcalde!, aunque eso no basta. (En la 4ª y última columna diré por qué).

La tragedia es total, pocos y buenos escritores saben que el verdadero problema no es que la “patojada” se haya ido, ni son los muertos los protagonistas de la catástrofe, sino el pereque que pone el costalado de ´vivos´ que hay en Popayán. Mortus est qui non resollat, vivus est qui pataleat.

Como la novela de “Gabo”, le llegó “La Mala Hora” a Popayán. Aquí sufrimos los que quedamos por temor a perder lo que tanto amamos. Los actores principales de la debacle, son los que le quitan a diario su identidad. El drama habitual es el cambio para mal, porque la tragedia se hace con destrucción y ruinas. Nos invadió el malestar que no es cosa de hombres ni de ancianos. Moriremos de tristeza, ante la añoranza.

En pocas palabras, para no darle más vueltas al tema: hay que luchar por lo que aún queda en pie. Estas reflexiones, traen el miedo a mi cabeza. Me miro al espejo y veo mi pálido rostro. Pero como no nací en Popayán de susto sino de gusto, sigo escribiendo para los patojos y para aquellos foráneos que aman la ciudad.

En la base de la pirámide social de Popayán está la gente pobre, integrada por comunas de barrios humildes y muchedumbre sumisa, y en la cima, está la clase que se cree llena de abolengos, pero con cuentas bancarias en rojo. Entonces, ¿de qué sospechamos en la vieja ciudad de don Sebastián Moyano?

La ciudad de Belalcázar, sin duda es, una de las más orgullosas del país, que al mirarla a través de la transparencia económica, descubrimos que no existe la tal pobreza en Popayán. La aristocracia está enchumbada entre la extensa clase media; así vive para disimular su angustia en medio del silencio para sobrevivir del apellido y de una vida limpia y digna.

No es bochinche de farmaceuta. La Popayán de gente honorable necesita un alcalde capaz de frenar la lenta agonía. La ciudad está en medio de los nuevos ricos, que son vistos con complacencia porque todo lo compran, ante la crisis de valores y los desplazamientos humanos.

 Popayán ya no huele a pachulí ni a cal. El derroche, el vicio, el desmesurado desorden del cemento, el flujo vehicular de alta gama, avisa la presencia de personajes “mágicos” como los únicos con capacidad para transformar la economía, generar empleo e inversiones.

Hasta hace unos años se hablaba de narcotráfico; hoy día se amplió enormemente el espectro de acción para influir e incluir: corrupción administrativa, delitos en contra del presupuesto del Estado. De ñapa, la delincuencia organizada usa las formas más diversas y creativas en sus prácticas de lavado de dinero y financiación del terrorismo.

La amarga pregunta: ¿Cuándo fue que empezamos a perder a Popayán?

Cordialmente,

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