CHIRIMÍA, IDENTIDAD PATOJA: II
Sabado 25 de enero, 2014
De: Dora Consuelo Pachajoa de Lopez
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

Amigos:

Horacio Dorado Gómez,, escritor y columnista, nos ofrece sus segundos comentarios sobre los grupos chirimistas payaneses, complementando su articulo anterior. Nuestros agradecimientos para Horacio.

Cordialmente,

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 CHIRIMÍAS, IDENTIDAD PATOJA II
 Por:  Horacio Dorado Gómez,
Enero 25, 2014

Chirimía, identidad patoja (2ª parte)

Chirimía, se le denominaba antes, al instrumento de viento que por no ser propiamente melódico, desapareció por su difícil ejecución, dándole a mediados del siglo XX su nombre al grupo popular de músicos caucanos.  

Desde entonces, es un estilo musical que cuenta con virtuosos de la flauta,  especialmente en Popayán. Instrumento fabricado en tubo de carrizo, –tipo travesero- traído de lo más frío de la montañas del Cauca. Ahora usan el PVC que no emite el mismo sonido que exige un considerable esfuerzo pulmonar, aunque algunos sostienen que el sonido lo produce en realidad la garganta del músico. Pocos grupos de chirimías embocan el sonido con cuatro flautas traveseras, capaces de calmar al mundo al escuchar su armonía. También, hacen parte, las artesanales guacharacas y charrascas; las tamboras elaboradas en troncos  de palma forradas con piel de oveja; triángulos de hierro templado y los mates (calabazas y semillas de maíz envueltas en dulce abrigo).

No hay duda, los auténticos iniciadores de los grupos musicales con instrumentos de viento, fueron nuestros aborígenes, los “pubenenses”, por lo que no puede haber desarraigo de esa cultura precedente. Aunque en realidad, existe una parcial desculturación con la aparición de nuevos fenómenos culturales, es preciso conservar la identidad de nuestra cultura, dándole fuerza y relevancia a verdaderos cultores de la música autóctona.

Desaparecido tal vez el más genuino y representativo conjunto “Los gavilanes”, con Agustín Vidal y el “mocho” Vivas en ese ritual de recorrer las hidalgas calles payanesas, bien ataviados, acompañados del diablo de larga cola, perrero y vestido de rojo, constituyeron un verdadero espectáculo para chicos y grandes. Por fortuna, la tradición popular, la música de la chirimía no morirá, -se conservará- mientras persistan el factor de identidad que llevan en sus venas, conjuntos musicales como el dirigido por José María Lemos “pelusa”, quien además de interpretar la música autóctona, lo hace también con aires  tropicales. Tiene él un semillero entre familiares, amigos y vecinos en su vereda para varios años identificados con la música de chirimía.

 Ni qué decir de otro hecho identitario que surge de otro cultor, el maestro Jairo Navia, quien esparce por sus poros la musicalidad y el popayanejismo. Es él, una persona culta. Amante de los libros, tiempo que le sobra en sus habituales faenas, lo dedica a la leída. Sobre las yemas de sus virtuosos dedos para interpretar la flauta, descansa la chirimía de renombre en Popayán.

 Y cómo no mencionar el posicionamiento de la música propia de nuestro folclor, no solo en ese escenario habitual de las calles de la ciudad, que le infunde el diestro en la materia, otro maestrazo, Felipe Chávez incorporando en la niñez y la juventud, la chirimía con identidad patoja. Siempre en actitud formativa, inculcando el espíritu y el amor por la  música de tamboras, triángulos, mates, charrascas y flautas, a través de su Fundación Aires de Pubenza. De allí han salido artistas que hoy hacen parte no solo de conjuntos de chirimías, sino de orquestas de renombre  que ocupan tarima en eventos nacionales con excelentes reconocimientos.  

Civilidad: Perpetuar nuestra música original, en fuerza de su mérito, enmarcado de aires con sabor de campo, descriptivo, romántico y nostálgico a veces, para expresar el orgullo y la altivez por la tierra y la raza, diciendo: soy patojo.    
 

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