LAS DOS COLOMBIAS
De: Mario Pachajoa Burbano
Sábado 24 de mayo, 2014
mariopbe@gmail.com
Bitácora Patoja


Amigos;

Gloria Cepeda Vargas, insigne poeta, escritora, se refiere a las dos Colombias, que en el momento, se divide el pais.

Cordialmente,

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  LAS DOS COLOMBIAS
Por: Gloria Cepeda Vargas
cepedagloria@hotmail.es

El Nuevo Liberal.
Sábado 24, 2014


Como Jano, tiene dos caras. Colombia es sin duda de acuerdo al cristal con que la sostiene, se estira en hijos tan diferentes que parecen engendrados por padres distintos. Acá los descendientes “legítimos”, allá la prole “bastarda”; aquende los que detentan el derecho de pernada, allende los que solo conocen las migajas.

Los hijos de mostrar, es decir, la gente “bien” de la familia, a pocas horas de las elecciones presidenciales, tejen y destejen, como astutas Penélopes: en esta esquina Uribe –modisto y oráculo de Óscar Iván– lo viste y lo desviste de acuerdo al último eructo de su descuadernado sistema digestivo mientras el agraciado sube y baja como un yoyo de cuerda larga o un ascensor enloquecido. En la otra Juan Manuel Santos, producto dinástico de júbilos inmortales y glorias inmarcesibles, intenta sobreaguar en este tsunami provocado por un orate de alpargatas y rebenque enarbolados en lo más intrincado de la insania nacional. Zuluaga cruza untado de desmesuras y vilezas conocidas mientras los primos Santos bailan en la cuerda floja y Álvaro Uribe, delirante como un dipsómano o un drogadicto en flagrancia, ríe tras bambalinas.

El próximo domingo será “el día de la indignación nacional” como dice Fernando Vallejo o la culminación del desajuste atemporal de la progenie privilegiada del país; esa cara de Colombia que a fuerza de asaltos de salón y holgazanerías principescamente remuneradas, se llevó por delante el pasado, el presente y de no surgir una toma de conciencia colectiva, también el futuro de este verbo tan mal conjugado.

Los hijos de segunda, ardidos y llovidos hasta el tuétano, no tienen lugar en la mesa familiar ni hacen uso del tiempo porque no lo poseen. Nacen, ¿viven? y desaparecen en silencio de muerte. Son el otro color de “los verdes que corrieron por los países de Colombia”.

Hoy martes 20 de mayo las dos fases de la moneda ruedan en direcciones opuestas. Una no tiene tiempo más que para rearmar a diario su propio esqueleto, la otra para encerrarse en un grano de maíz.

La identidad determina la fibra triunfadora. Colombia no la tiene porque identidad significa pisada en terreno firme y sentido de patria.

 Un país que desconoce lo obligante del gentilicio inscrito no sólo en la cédula de identidad sino en lo fraternal de la sangre, está condenado a cojear sin muletas. Esta monstruosa diferencia entre hermanos nos señala como una familia de enemigos o antípodas nacidos de la misma semilla.

Los unos despilfarran el tiempo, los otros luchan por su rescate y sobre todo por su capitalización. En aquellos es un juego de mesa, en estos una lucha sin cuartel, aunque forzados por esta compulsión gregaria y ambiciosa instalada en los genes comunes, no aprendemos todavía que en la unión está la fuerza.

Gloria Cepeda Vargas.


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