POPAYÁN SIGLO VEINTE.
FIESTAS DEL RECUERDO
De: Mario Pachajoa Burbano
Lunes 25 de agosto, 2014
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com 

Amigos:

Carlos Mario Cardona Santos, abre la ventana de Popayán mirando su pasado y describe las alegres y elegantes fiestas, con la participación de sus habitantes.

Cordialmente,

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LAS FIESTAS DEL RECUERDO
Por: Carlos Mario Cardona Santos
Fotografías de El Liberal
El Liberal

Domingo, 10 de enero de 2010
Popayán, Cauca, Colombia.


En esta edición, El Liberal hace alusión a aquellas tradiciones que marcaron el comienzo de año en la antigua ‘Ciudad Blanca’, como bien lo reseña Édgar Penagos Casas en su libro ‘Popayán, recuerdos y costumbres’.

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Las vestimentas de reyes, embajadores y mayordomos eran de vistosas telas guardadas acuciosamente por los organizadores y protagonistas en el ‘Día de Reyes’.

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Imagen de las fiestas de ‘Negros y Blancos’ en el barrio de Bolívar en el año de 1915.  

Al parecer con el transcurrir de los años y las décadas son varias las fiestas y costumbres populares de fin y principio de año que van quedando en el olvido y que solo hacen parte del recuerdo de nuestros mayores. Según relata Penagos, pasada la navidad, la comunidad payanesa se preparaban para las fiestas de principio de año, el 5 de enero para el ‘Día de Negritos’ y el 6 de enero para celebrar el ‘Día de Reyes’.

En el caso de la fiesta de negritos, su origen se remonta a principios del siglo XIX (1807) como celebración por la abolición de la esclavitud, después del indulto mediante cédula Real, que dieron un día libre, pero “Libre de verdad”. En ella participaba toba la población, ricos, pobres, viejos, jóvenes, niños, blancos, negros, indios y mestizos. En los días anteriores se adquiría el betún negro y las personas de menos recursos lo preparaban con corcho quemado y una grasa; varias personas adquirían tinta negra de la usada en las imprentas.

Desde las 6:00 de la mañana comenzaban a salir los muchachos a ‘pintar’ a todo aquel que saliera a la calle. A las damas por lo general les colocaban un ‘lunarcito’ en la mejilla, pero si se resistían les corrían los cinco dedos untados de negro. Muchas personas se defendían con un palo o simplemente corrían, lo que se convertía en una diversión para los observadores, quienes desde temprano colmaban los balcones y ventanas.

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Los niños y jóvenes esperaban con ansias el día de negros y el de Reyes para participar en ellos.


Los Reyes Magos o el Día de Reyes

Según señala Édgar Penagos Casas en su libro, en la ‘Ciudad Blanca’ se escribieron varios dramas referentes al pasaje bíblico de la peregrinación de los tres Reyes Magos y las vicisitudes en Jerusalén. Para los protagonistas y participantes del auto sacramental, los preparativos se hacían desde el mes de diciembre, incluso había necesidad de recaudar fondos para las vistosas vestimentas multicolores con gran derroche de telas y papeles de múltiples tonos, así como para la pólvora en abundancia que encabezaba los desfiles de las arrias, para pitos y bombas de caucho.

En ese entonces era necesario conseguir los caballos con sus aperos completos para los Reyes, los embajadores y para llevar el oro, el incienso y mirra en bestias de tiro que eran conducidas por pastores. Además había chirimías que acompañaban a cada arria. En los barrios de San Camilo, La Pamba y El Callejón (hoy barrio de Bolívar) se organizaba el desfile de cada Rey, lo que se denominaba como ‘arria’; las tres arrias recorrían la ciudad y el encuentro se efectuaba en la esquina de San Francisco, en donde las esperaba otra arria que era la de El Ejido, que representaba la huída a Egipto.

La parte principal del drama se cumplía en una gran tarima en madera y guadua. Los caballos y aperos eran prestados por los ganaderos de la ciudad y era para cada ciudadano una satisfacción contribuir al buen logro de la celebración. “Eran las vivencias de una ciudad, que desde su fundación se acostumbró a diversiones y espectáculos sencillos y de gran sentido costumbrista”, destaca Édgar Penagos Casas. 

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En 1945 algunas de las carrozas eran engalanadas con imágenes religiosas, acompañadas por niñas entre los 13 y 15 años que representaban a la Virgen María.

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