MATILDE ESPINOSA
De: Mario Pachajoa Burbano
Sábado 25 de octubre, 2014
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja


Amigos: 

Lucy Amparo Bastidas Passos, nos ha enviado su articulo para El Nuevo Liberal que se refiere a la insigne poeta y escritora Matilde Espinosa. Agradecemos a Lucy su deferencia.

Cordialmente,

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CONOCER A MATILDE ESPINOSA
Por: Lucy Amparo Bastidas Passos
25 de octubre, 2014
Popayán, Cauca, Colombia

¡Era muy linda!, dicen algunos, era la esposa del pintor Efraím Martínez, dicen otros, y después se casó con Luis Carlos Pérez, el magistrado, agregan; qué posaba desnuda para Martínez, qué se separó de éste, aunque fuera un sacrilegio, son los comentarios, pero casi nadie dice ¡qué buena poeta era! Y sí que lo era. 

Las primeras personas a quienes escuché hablar de la poeta caucana Matilde Espinosa, son Gloria Cepeda y Matilde Eljach. Ellas como poetas la conocieron. Mi recuerdo  cuando estudié en el colegio las Salesianas, muy querido en Popayán, es que jamás escuché su nombre en clases de literatura, solo se leían algunos clásicos y autores colombianos: La María y La vorágine; de Popayán, a Valencia y Maya, y pare de contar. No se escuchaba de mujeres. ¿Se escuchará hoy? 
Matilde Espinosa señora de avanzada que reunía todo lo prohibido, para una mujer en las primeras décadas del siglo XX: ser de izquierda, indigenista, escritora, ser de provincia, separarse del marido, y para rematar ¡ser mujer!, eran demasiadas cosas juntas que influyeron para ignorarla como poeta, incluso hoy, se la conoce poco.

Con catorce libros publicados, y reconocimientos nacionales, los críticos literarios afirman que es pionera de la poesía social en Colombia, aunque Gloria Cepeda considera que  “su obra poética alienta más allá de cualquier ideología política; es precursora de la poesía contemporánea en Colombia”. Matilde, agrega Gloria, emprendió dos vertientes poéticas, una temprana: la del paisaje, las injusticias y el clima social. La segunda, en su madurez,  ahonda otros tópicos con visión universal en el paisaje físico y mental.  

La poesía de Matilde supera el reclamo por las injusticias, su lírica nunca abandona la estructura poética, aunque lleva la impronta del entorno en que nació influido por la cosmovisión indígena, que une profundamente al humano con lo natural y a veces humaniza la Tierra. 

Matilde nace en Tierradentro, en un caserío llamado Huila, en el Cauca, en 1910 y muere en Bogotá en 2008.  Hija de la maestra payanesa, Josefina Fernández Yánguas, y el músico huilense, Luis Espinosa Salazar; se casa a los 18 años y sale de Tierradentro a vivir en Paris, donde conoce la literatura europea. Regresa, y cuando se separa de su primer marido, en Cali, pone un salón de belleza para masajes, labor con la que sostuvo a sus dos hijos.

Luis Carlos Pérez, su abogado de divorcio, se enamora de ella. Contraen matrimonio y se radican en Bogotá. Pérez fue para Matilde su gran amor durante 50 años, igual que los años compartidos con su máquina de escribir Olivetti, que trasladó junto a su sala de masajes a Teusaquillo, barrio bogotano,  donde atendió a sus amigas y hasta a Amparo Jaramillo, esposa de Jorge Eliécer Gaitán. Esta masajista, que se codeaba con élites intelectuales, jamás se amilanó en la adversidad, ni siquiera con la muerte trágica de sus dos hijos en Popayán. 

  Luchó por la igualdad y la libertad, supo desmarcarse de su generación de mujeres oscurecidas por el miedo; bregó por conseguir el voto femenino y fue activista política.

Esta gran poeta aunque olvidada, igual que otras escritoras caucanas autodidactas, como Blanca Aragón Pardo, Nohra Delgado Bueno, Carmen Paredes Pardo, y algunas más q.e.p.d., revelan que la mujer siempre ha estado presente y es determinante en la historia.

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