BITÁCORA PAYANESA
  COLOMBIA DESPUÉS DE LA BATALLA DE BOYACÁ
De: Mario Pachajoa Burbano
Miércoles 3 de julio, 2014
mariopbe@gmail.com
Bitácora Patoja

Amigos:

Gustavo Arboleda Restrepo, uno de los principales historiadores colombianos; payanés, (1881-1933), periodista, diplomático, académico, juez, inicia su voluminosa y valiosa obra Historia Contemporánea de Colombia, relatando los acontecimientos politicos después de la batalla libertadora de Boyacá y las primeras luchas a muerte, entre los mismos héroes y libertadores colombianos.

Cordialmente,

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HISTORIA CONTEMPORÁNEA COLOMBIANA
Por: Gustavo Arboleda
Vicepresidente de la Academia Nacional de Historia de Colombia
Capítulo I, Tomo I
Bogotá MCMXVIII
Casa editorial de Arboleda y Valencia.


Colombia, nación constituida a raiz del triunfo de los republicanos en Boyacá, al impulso de Bolivar y por acto del congreso reunido en Angostura el 17dediciembre de1819, con los territorios de las actuales repúblicas de Colombia y Venezuela, vió ensancharse su superficie con la libertad del istmo de Panamá, conseguida por los propios istmeños, el 28 denoviembrede1821,  con la libertad de Quito, lograda  por las armas victoriosas de los colombianos, y con la adhesión de Guayaquil, libre desde1820;  alli se disputaban la supremacía dos corrientes encontradas, una por la integración de la presidencia de Quito y otra por la unión con los peruanos. En julio de 1822  quedó asegurado Guayaquil para Colombia y las  huestes de  esta República fueron a libertar, a Bolivia y al Perú.

Colombia, grande  y respetada, llegó a ocupar puesto prominente en el Nuevo Mundo; mas su vida como miernbro de la familia de los estados habria de durar muy poco, una vez cimentada la independencia de este continente, que permitió el libre juego de intereses encontrados y heterogéneos, que se hallaban adormidos gracias al acicate que a la unión comunicaba el Leon ibero, enemigo común, entonces, de todos los colombianos.

El general  José Antonio Páez, que mandaba en el departamento de Venezuela, el cual comprendía el Centro de la actual república de ese nombre, fue el primero que atentó contra, la xistencia de la Nación, colocándose al frente de una sublevación separatista. Sus funciones eran las de comandante general del departamento, y en ese carácter envió a las afueras de Caracas, en diciembrede 1825, varias patrullas de oldados a reclutar gente. Se escudaba en que no obtenía resultados satisfactorios de la ley de servicio militar, expedida en 1821 y reglamentada en 1824, por el  vicepresidente general  Santander, pues a pesar de sus empeños no se habian presentado los contingentes de voluntarios, únicos que dicha ley permitia buscar para llenar las necesidades del ejército en tiempo de paz. El intendente, o sea el jefe civil del departamento, elevó acusación contra el comandante al gobierno de Bogotá; el asunto pasó a la cámara de representantes y esta, a su turno, acusó al jefe militar de Venezuela ante el senado, que accedió a ser juez en esa causa y pidió que el acusado se presentase a responder personalmente de su  conducta.              

Páez se preparaba a marchar a la capital de la República, cuando un  motin militar ocurrido en Valencia el 30' de abril siguiente desconoció al gobierno general de Colombia y lo proctamó jefe civil y militar de  los departamentos de Venezuela, Zulia y Orinoco. No trepidó en aceptar la proclamaclón y comenzó a obrar como si hubiesen cesado todos los vínculos con las autoridades de Bogotá  al efecto, nombró funcionarios públicos, convocó a elecciones para diputados a un congreso constituyente de los tres departamentos  y realizó otros actos consiguientes a la secesión de esos territorios.           
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El general Simón Bolivar, que se hallaba por entonces en el Perú, supo de las ocurrencias de Venezuela ya de regreso, en el puerto de Guayaquil, apresuró su viaje a la capital y de aqui siguió a restablecer el  antiguo orden de cosas en el noreste. Páez, al enterarse de su aproximación, no opuso resistencia y antes se aprestó a recibirlo con todo el  respeto y homenajes que le eran debidos.El Libertador-presidente  desembarcó en Puerto Cabello y el  4 de enerode 1827 tuvo con Páez·una  entrevista que dio fin a la sublevación y aseguró por el momento la  integridad de Colombia.

Dos años después vencían una vez más las armas  colombianas, en el sur de la República, repeliendo una agresión del  Perú.  La Nación presentábase, como siempre, fuerte y pujante,  pero abrigaba en su seno los gérmenes de inmediata e irreparable disolución, en aras de un militarismo prepotente que ya los pueblos estaban hartos de soportar. «Militares, dice el historiador Restrepo, eran los jefes superiores, militares los prefectos y militares los gobernadores de las provincias,cada una de las cuales tenia tambien su comandante de armas. Tanto el  Libertador como el ministro de la guerra (Urdaneta) habian prodigado los grados y empleos en la milicia,de modo que los militares y el ejército absorbian todas las rentas públicas.  Por este motivo era casi  imposible establecer el orden y contablidad. He aqui el cáncer que  devoraba a Colombia. Las autoridades civiles, si las habia, eran nulas, tenian que verse desobedecidas por los militares, que creian a Colombia patrimonio suyo, y llegó a ser popular el dicho de que no habria libertad  mientras hubiese Iibertadores, muchos de ellos henchidos de ambición y deseosos de apoderarse de alguna parte de la República. Los pueblos  culpaban de tal situación a Bolivar, quien se veía en aflictivas circunstancias, con su popularidad muy mermada, porque la generalidad le hacia  responsable del predominio militar, a que él habia sentado el  precedente de otorgar grados y honores a quienes se rebelaban contra su autoridad, juzgando que de ese modo aseguraba la paz pública. A esa  corruptela se agregaban los celos y emulaciones regionales, sobre todo  entre venezolanos y granadinos.

El general José María Códoba fué el primero en sublevarse contra Bolivar, en la provincia de Antioquia, en el mes de septiembre de 1829. Alli figuraban de gobernador y de comandante de armas el doctor Manuel Antonio Jaramillo y el coronel Salvador Córdoba hermanos politico y carnal, respectivamente, del jefe sublevado, Córdoba, antiguo y entusiasta sostenedor de la dictadura establecida por Bolivar desde 1828, habia cambiado de ideas radicalmente, pues se contaba entre los ciudadanos más exaltados y hacia alarde de su oposición al Libertador, no ocultando los planes bélicos que contra el gobierno acariciaba. Aunque dueño, por decirlo asi, de la provincia, hubo un militar que tratará de oponérsele: el coronel Francisco Urdaneta, quien sin mando ni fuerza alguna, pero creyendo prestar un gran servicio a la paz púiblica, reunió veinte hombres y a las órdenes del capitan Manuel Herrera los envió de Medellin a Rionegro, para prender a los dos Córdobas y a Jaramillo, que se hallaban en esa última ciudad. El general,  avisado del riesgo que le amenazaba, se armó con algunos parientes y amigos y en la mañana del  19 del  mes y amencionado se dirigió a ocupar a Medellin. Herrera y su tropa, engañados por el informe de una mujer que les dijo habia mucha gente en armas en la  plaza de Rionegro,  regresaron en la madrugada a  la otra población. Urdaneta, que habia tratado de organizar la resistencia sin que casi nadie lo ayudase, entró en arreglos con los sublevados, que le ofrecieron toda suerte de garantías y ocuparon tranquilamente  a  Medellin, donde habia ·un abundante  parque.

Cordoba asumió la dictadura, titulándose 'Comandante del «Ejército de  la libertad "', desconoció el gobierno nacional,  declaró en vigor la constitución de Cúcuta, que estaba en suspenso por decreto de la dictadura de Bolívar, e hizo que en todos los cantones antioqueños se le  secundase, mediante proclamasy agentes que envió por doquiera,  asegurando que el Libertador   queria hacerse monarcay gobernar a su amaño. A pesar de la actividad que desplegó encontró poco  apoyo.  La rebelión era ya esperada por el gobierno y tambien, por muchos  desafectos, que tenian conocimiento anticipado de ella. El 26 se supo en Bogotá lo ocurrido en Antioquia y el 27 salieron de esta capital,  por la via de Honda, ochocientos veteranos mandados por el general Daniel Florencio O'Leary, súbdito británico al  servicio de Colombia. Este jefe, después de sorprender un destacamento rebelde en Nare y penetrar con sus tropas a la montaña  de Juntas, envió ante Córdoba, con resultado sin fructuosos, al comandante  José Manuel Montoya, coterráneo, condiscipulo y amigo del militar sedicioso,  para hacer que desistiese  de sus propósitos y, más que todo, a fin de  ganar tiempo entreteniendo al jefe rebelde. Córdoba, que estaba con cuatrocientos reclutas repartidos entre el Peñón y la Ceja de Guatape,  pasó  a situarse en la hacienda del Santuario.  Allí lo atacaron  las tropas del gobierno; una compañía de estas se retiró, por ardid de antemano convenido, y  él, suponiendo que cedian, avanzó imprudentemente,  comprometiendo  todos sus hombres; estos pelearon con denuedo, alentados por los oficiales y por el mismo jefe, que los dirigian, pero al cabo de dos horas estaban  muertos, dispersos o prisioneros en su mayor parte. Córdoba ordenó  entonces que su hermano Salvador huyese, y con unos pocos oficiales y soldados se  colocó en la puerta de la casa principal de la hacienda e hizo desde allí un nutrido fuego; herido, se retiró al intenior  de dicha Casa, donde  fue muerto de un sablazo en el cráneo por el  comandante de caballeria. Ruperto Hand, irlandés, que habia venido a  servir a la causa colombiana en 1818. Además de Córdoba murieron  en esa acción cerca de doscientos de sus oficiales y soldados  hubo  muchos heridos y buen número de los que permanecieron ilesos cayó prisionero. El gobierno tuvo doce muertos y quince heridos.

Córdoba era antioqueño, nacido en la hoy ciudad de  Concepción en septiembre de 1799; bajo la dirección del ilustre payanés Francisco José de Caldas había hecho estud:ios de ingeniería; luego incorporádose al ejército republicano y hallándose en muchas de las más notables acciones de la guerra magna, desde la del Palo en 1815, hasta la de Ayacucho, en 1824, en cuyo campo fue ascendido a general de división.  Durante la dictadura de Bolívar en 1828, fue nombrado ministro de marina  y jefe del ejército destinado a operar contra los generales Obando y López, que se levantaron en el Cauca a fines de aquel año y  vencieron a inmediaciones de Popayán, en el campo de la Ladera, al intendente de ese departamento, coronel Tomás Cipriano Mosquera.

Los auxilios del vecindario de Marinilla, que se puso en comunicación con O'Leary, faeilitaron el rápido triunfo de ese jefe, y como la rebelión casi no tuvo eco fuera de Antioquia, esa provincia estuvo pronto pacificada.

La revolución que tan villanamente concluyó en el Santuario tenía ramificaciones; bastaría a comprobarlo el pronunciamiento del comandante Fermin Vargas en el Chocó, que prontamente fue sofocado por Coutin. Por algunos dias no se habló más de monarquia, ya que nadie quería el trono, que en Colombia era muy fácil se convirtiese en el banquillo que Iturbide alcanzó en Padilla, ni de federación, que podia tener por desenlace el machete del asesino Hand ».
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El valle del  Cauca, con cuya cooperación contaba Córdoba, no lo secundó, y antes hubo alli personas que celebrasen el triste fin de la rebelión de Antioquia, porque nadie queria sino paz y quietud.

Desde la insurrección de 1826, Venezuela dependía solo nominalmente de Bogotá. A principios de 1829 se le dio al sur una administración parada y se dictaron decretos y otras disposiciones que le crearon una verdadera independencia. De esta manera quedó  la República dividida en tres grandes secciones: el Centro, compuesto de los departamentos de Cundinamarca, Cauca, Boyacá, Magdalena, lstmo y Zulia; el Noreste, con los departamentos de Venezuela y Orinoco, el Sur, con los del  Ecuador, Guayaquil y Azuay. Unicamente el Centro obedecia a los decretos y resol uciones dictados en Bogotá para toda la Nación.

Esta verdadera anarquía administrativa, el militarismo y SUS ambiciones, la agitación de los partidos politicos y las emulaciones regionales, que llegaban al extremo de que los habitantes del  sur no se consideran colombianos y aplicarán este gentilicio solo a granadinos y venezolanos, hicieron pensar a muchos hombres bien intencionados que el cambio de la forma de gobierno sería el único remedio para los males que todos palpaban.

De estas causas resurgió en Bogotá, pues ya antes lo habia habido en Venezuela, patrocinado por Páez, un partido o al menos una tendencia monárquía, cuyos adeptos conceptuaban conveniente conservarle el mando a Bolivar mientras viviese y conseguiera, para después de
sus días, un miembro de alguna de las familias reinantes en Europa; hasta se llegó a señalar, por la semejanza de raza y de creencias
religiosas, la familia del principe de Orleans, de Francia. Uno de los hijos de ese personaje deberia ser escogido con anticipación al dia, que se consideraba aún lejano, en que hubiese de ceñir la corona.

De manera privada comenzaron a divulgarse en abril de 1829 los proyectos monárquicos, y  observando algunos de sus promotores que ellos tenian más ascendiente del que en un principio se hubiera podido creer, envalentonáronse y diéronse a trabajar por ellos sin mayor cautela.

 Estaban recién llegados a Colombia sendos agentes de Francia y de los Estados Unidos, Charles de Bresson y el general William Henry Harrison, con carácter diplomático el segundo, simple enviado confidencial el otro, que habia venido para estudiar la situación politica y comercial del pais, e informar a su gobierno. Bresson no ocultó sus deseos de que Colombia figurase en el número de monarquías y trabajó en tal sentido.

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