LA IGLESIA DE JIMENA
Jueves 17 de octubre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

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Maruja Vieira en su libro "Ciudad Remanso, Popayán" hace una bucólica descripción de la Iglesia de Jimena de la ciudad de Popayán.

Maruja Vieira White nació en Manizales, Colombia, el 22 de Diciembre de 1.922. Hija de Joaquín Vieira Gaviria y Merceditas White. poeta, catedrática, crítica literaria y periodista. Algunos de sus libros publicados: Campanario de lluvia, 1947; Los poemas de Enero, 1951; Poesía, 1951; Sombra del amor; Palabras de la Ausencia, 1953; Ciudad remanso, 1955; Clave mínima, 1965; Mis propias palabras, 1986; Tiempo de vivir, 1992. Es miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua. Una selección de su poesía fue publicada en Medellín por el poeta Jorge Montoya Toro en 1951.

Cordialmente,

***

LA IGLESIA DE JIMENA
POR: MARUJA VIEIRA
POPAYÁN. COLOMBIA.

Álvaro Garcés Valencia, el artista sensibilísimo que se resguarda y se esconde en un mundo interior de música, relámpagos y sombras, ha regalado ornamentos para la iglesita de Jimena.
 
Y he vuelto a escuchar la campana de Jimena que se oye en las mañanas del domingo, desde el amplio corredor de Belalcázar, confundida con la canción cercana y armoniosa del Cauca.

He vuelto a escuchar la campana de Jimena en la tarde, cuando las magnolias perfuman más que nunca el aire y pasa, blanca, la bandada de garzas que todas las tardes vuela a posarse en un árbol a la orilla del río. Dulce iglesita de Jimena, campesina y purísima, que hace pensar en el antiguo poema de Neruda:

“El sermón sin inciensos es como una semilla
de carne y luz que cae temblando al surco vivo.
El Padre Nuestro, rezo de la vida sencilla,
tiene un sabor de pan, frutal y primitivo.”


Dulce iglesita de Jimena, blanca y campesina entre los árboles…¿cuándo volveré a escuchar su campana, que vuelve hoy, melódica y serena, a convocar recuerdos amadísimos? Vuelvo a ver el sendero de Belalcázar bordeado de pinos que sembraron las manos del Maestro Valencia y por donde en las mañanas, entre el perfume del campo, íbamos a misa y con nosotros caminaban los campesinos y los niños y la vieja y buena Lorenza. Bajaban de Genagra y de las otras fincas aledañas, a través de las que, en el camino de Belalcázar a Genagra, me fui tantas veces con el poema de Carlos Prendez Saldías.

“Y me fui con la lluvia por los trigales verdes
al viento la cabeza y mirando sin ver…
mientras el agua hacía caminos en mi cara
me vino la alegría de un niño montañés…”


Al regresar, los cascos del caballo levantaban oleadas de cocuyos. A lo lejos se oía la campana de Jimena entonar al unísono con el río, en mitad del crepúsculo, lla oración del ángelus.

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