DOS MADRIGALES
Domingo 8 de septiembre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

Amigos:

Daniel Arturo Vejarano Varona (nació y murió en Popayán, 1912- 2012. Su hermano Jaime dice de él que era "Afable, inteligente, ameno e ilustrado conversador, amigable, eran estos los más notables atributos que distinguieron a este personaje que rindió su elipse vital el mismo día en el que celebrábamos el nacimiento de Jesús". Fue cofundador de la Tertulia Payanesa. con otros distinguidos amigos.

Cordialmente,

***

DOS MADRIGALES
Por: Daniel Arturo Vejarano Varona
Popayán
.

Hasta mediados del siglo XX, todavía perduraba en Popayán aquella bohemia noctámbula  y  romántica, que    integraban  dilettantes  caballeros,  poetas  y  músicos,  de sensitiva  y  equiparable inspiración.  durante una  de  sus habituales reuniones alguno de los asistentes recito el galante madrigal de! poeta Julio Flórez, que a la letra dice: 

Si Dios me permitiera 
¡Oh  dulce anhelo!,
engarzar en la bóveda del cielo
dos soles mas,

al  punto engarzaría
tus ojos, vida mía.
¿Y  por  que,  me  preguntas  insensata?

Asi  lo  que  pretendo  alcanzaría:
arrancarte  los  ojos  por  ingrata
y  hacer mas bello y fulminoso el d
ía.
 
 
Hallábase presente en dicha ocasión el poeta repentista, doctor Miguel Valencia Cajiao, a   quien se le sugirió que compusiera en verso, una réplica comparativa tan breve e inspirada poesía. Don  Miguelito  Valencia como cariñosamente se le llamaba, manifestó a sus amigos que le parecía un tanto cruel el pensamiento poético de Flórez; por aquello de arrancar dos bellos ojos y engarzarlos, además, en la bóveda del cielo.

Acto continuo y ante la expectante admiración de sus contertulios, improvisó y declamó su propio madrigal de lirico reproche, el cual causó verdadero asombro no solamente en el en el medio cultural del del Popayán de entonces, sino también en los círculos literarios de otras importantes ciudades colombianas.

Dice así:

Si Dios quisiera, aunque en señal de enojos,
los astros eclipsar por un momento,
le bastarla poner al firmamento 
el negro de tus ojos,

Y si quisiera Dios que de repente
a inmensidad se viera iluminada, 
le bastaría poner en el Oriente
la luz de tu mirada.

Cuánto misterio tu pupila tiene
de sombra y luz, tristeza y alegría,
que si te duermes tu, la noche viene,
y al despertarte, resplandece el día. 


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