IN MEMORIAM
EDUARDO SARRIA MOLINA
Miércoles 26 junio, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com
 

Amigos:

Juan Diego Vejarano Moreno nos comunica que ha fallecido el 26 de junio, 2013, a las 2:30 de la mañana, en la ciudad de Cali, el mayor (r) de la Fuerza Aérea de Colombia, don Eduardo Sarria Molina , miembro insigne de la sociedad payanesa. En su memoria, transcribimos la nota de Vejarano Moreno.

Cordialmente,

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IN MEMORIAM
EDUARDO SARRIA MOLINA
Por: Juan Diego Vejarano Moreno
26 de junio, 2013.

Estuve  recordando al caer de la tarde, nombres de repentistas payaneses que se han destacado por su refinado ingenio e indomabilidad de la palabra augusta. Bastaba un epigrama, algún disparatorio,  la frase oportuna o el chispazo rotundo, para provocar la carcajada irresistible de los contertulios o de los desprevenidos presentes o ausentes, cautivado auditorio, que si no estuvo, ha leído o le han contado,  sobre la elocuencia y el fino humor de aquellos bardos.
 
Vienen a mi mente los nombres de personajes como el doctor Benjamín Iragorri Diez, Alberto Mosquera, Manolo Martínez Espinosa, Vicente Paredes Pardo, Livio Paz Navia, y de algunos que no conocí como el doctor Doria, Ramón Dolores Pérez y Guillermo León Valencia entre muchos otros. Pero hoy quiero referirme de manera  muy especial, al incasable lector, al hombre de las anécdotas, al perspicaz conversador. Se trata entonces, de “mi Mayor”, don Eduardo Sarria Molina, miembro familiar por excelencia y ejemplar ciudadano constructor de patria. Este hombre que nació en suelo payanés, pero que precoz se fugó hacia las nubes colombianas,  y que, “ de cuando en vez “, osado se dirigía en picada hacia la casa de don Julio Ayerbe Segura, para impresionar muy rasante con su bimotor “endiablado”,  a su bella prometida María del Pilar. Este obstinado  navegante del aire, que en su madurez y por causa de su retiro, debió aterrizar por fin en su finca” Conestay” o “Punta Seca” como la apodaba él mismo, terreno ubicado al “principio del Medio”, aquella islita sin mar, rodeada de los suburbios del norte de Popayán, en donde daría rienda suelta a su creatividad como agricultor, escritor, maestro de cocina, carpintero, electricista, jardinero, ganadero, astrónomo y productor de los quesos y panes más exquisitos que hayan percibido mis papilas y sentidos… Ahí en su refugio, atizó su alma libre, su avidez por la lectura, su amor por el paisaje y rememoró con donaire, aquella, su carrera militar de la bóveda celeste.
 
Custodiado por dos volcanes y en compañía de la vaquita lechera llamada Calabaza, de un mimado coro de cuyes, del viejo Bolívar, no el Libertador, claro, y de Fercho, su fiel sabueso, al que llamaría luego y sin piedad alguna, Feorcho, soñó con un remanso autónomo que en verano según él, se deleitaba la vista “desde el estrecho de Bering, hasta el Cabo de Hornos”.
 
Sin duda Eduardo está en la memoria de muchos, y el primer recuerdo que de él tienen sus amigos o allegados, ha de ser el de sus  espontáneas, gratas e inteligentes charlas, las cuales ha matizado intermitentemente adrede, con sus geniales ocurrencias o bestiales apuntes de humor.

JUAN DIEGO VEJARANO MORENO

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