EL DIARIO POLITICO
Domingo 4 de agosto, 20013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

La Fundación “Amigos del sabio Francisco José de Caldas”, continúa presentado los principales hechos que sucedieron posteriores al día 20 de Julio de 1810 en Santafé de Bogotá; escritos en “ El Diario Político” redacción confiada a Francisco José de Caldas en colaboración con José Joaquín Camacho.
Escrito por REGINA VARONA GAVIRIA. e-mail: caldasia4@gmail.com

 Día 4 de Agosto de 1810
La libertad se extiende del Norte al Mediodía. La provincia de Neiva proclama sus derechos, depone a su Corregidor, de quien había tenido que sufrir, instala una Junta provincial, y da aviso a esta capital de su noble resolución, que es recibida con transportes.

Día 5 de Agosto de 1810
La tranquilidad y el buen orden reinaron en este día. Por la noche los señores oficiales de las compañías de Cartagena, que Amar había hecho subir a esta capital, con motivo de las ocurrencias de Quito, felicitaron nuestra revolución con un golpe de música, fuegos artificiales e iluminación. La Suprema Junta, sensible a esta expresión de amor hacia el nuevo Gobierno, dio las gracias públicamente a estos oficiales por medio de su Vocal D. Frutos y Joaquín Gutiérrez.
 
Día 6 de Agosto de 1810
 Este día, que es el aniversario de la Conquista, se solemnizó con la asistencia, en cuerpo, de la Suprema Junta. Toda nuestra caballería y la de la guardia de honor que fue de los Virreyes se dejó ver armada en la carrera. La ceremonia fue de las mas solmenes y lucidas.

Día 7 de Agosto de 1810
Todas las cosas tienen su término, que en lo moral debe ser fijado por la prudencia. La impetuosidad y energía del pueblo debía sernos sumamente apreciable, porque sin ella ¿Cómo podíamos haber roto las cadenas? ¿Cómo se hubieran obrado los prodigios de la noche del 20 de Julio y de los días posteriores? Pero esta fuerza popular se aumentaba por grados, y su expansión podía ser peligrosa. Concurrían para esto muchas causas; la opinión del poder se aumentaba en razón de los obstáculos que se vencían. Por otra parte, el odio hacia los que se juzgaban enemigos de nuestra libertad, debían  fortificarse con el choque continuo de ideas y fermentación en que se hallaban los espíritus.

Tal vez algunos obrarían con miras particulares, aprovechándose  de la turbación pública, o lo que, creemos mas verosímil, exaltados de un celo patriótico. El pueblo pidió en la mañana de este día con instancia varios capítulos que era necesario sujetar a examen riguroso, ya que no se podía acceder con precipitación.

Se presentaron en la Sala los doctores D. José Jove Huergo, D. Miguel Tobar, D. Miguel Montalvo y otros sujetos comisionados por el pueblo para proponer sus solicitudes.

Después de una larga conferencia, la Junta les hizo ver las dificultades e inconvenientes que se palpaban en acceder a tales pretensiones.

Persuadidos estos patriotas de la verdad, emplearon todo su celo en sosegar la multitud y convencer a los concurrentes que debían dejar deliberar a la Suprema Junta y resignarse en sus disposiciones.  El presbítero Dr. D. Juan Manuel Tejada, que felizmente se halló en estos momentos, cooperó con su vigorosa elocuencia a tranquilizar los ánimos, inspirándoles confianza. En las resoluciones del Gobierno, habiéndose conseguido por estos medios que se serenasen las cosas y que pasase este día sin malos resultados.

Día 8 de Agosto de 1810
La Junta se preocupó de tomar medidas de tranquilidad, valiéndose de los medios que dictaba la prudencia para calmar las turbaciones. Hizo comparecer a los sujetos que, según noticias, tenían influjo sobre el pueblo, persuadiéndoles que dirigiesen su patriotismo a calmar la efervescencia y a evitar las reuniones populares, que impedían a la Junta entregarse con reposo a sus meditaciones para providenciar sobre los grandes objetos que llamaba su atención  Era preciso tentar todos los caminos de suavidad antes que venir a los medios rigurosos, que podían causar gravísimos males. Se debe, sin duda a esta prudente lentitud que nuestra revolución no haya sido manchada con violentas ejecuciones a pesar de la gran fermentación que se observó en aquellos días.

Días 9, 10,11, y 12 de Agosto de 1810.
Crecía la inquietud en los ánimos, las voces sordas, partidos y amenazas que se traslucían, hacían temer los sucesos que no tardaron en desenvolverse.

Día 13 de Agosto de 1810.
Desde que se comenzó la revolución adquirió una libertad increíble el espíritu, como un resorte que se había contenido  largo tiempo y que de pronto explosionaba. El pueblo inexorable traía a examen la conducta de los sujetos y principalmente, había fijado sus miras sobre el Jefe del Reino, que se mantenía preso en el Tribunal de Cuentas. El odio contra su persona se condensaba a medida que se recordaban los pasos errados en que había incurrido y que habían causado los males que experimentábamos.

Su culpable conducta respecto de Quito, cuyos habitantes gemían en las prisiones, frustrado el noble empeño con que intentaron recobrar su libertad, habiéndose despreciado los votos de los hombres sensatos, llamados vanamente al Concejo, contra cuyo dictamen se despacharon asesinos contra aquella deplorable ciudad; habiéndose desechado igualmente la convocación de los Diputados del Reino, que era el único remedio que se podía aplicar al presente estado de las cosas; los ultrajes repetidos que se infirieron al Cabildo, único Cuerpo en que confiaba el pueblo, cuya acción quiso anular el Virrey Amar, introduciendo en él hombre sospechosos, que de ningún modo aceptaba el publico; las presunciones de peculado que se habían trascendido por los manejos parciales que se notaban en la distribución de empleos; todas estas causas y otras muchas que sería largo referir, habían contribuido a formar la gran tempestad que tronaban sobre las personas de Amar y su consorte.

La fuerza revolucionaria tomó el mayor incremento en la mañana de este día. El pueblo ocupaba toda la gran plaza, no se hablaba sino de prisiones y arrestos de las personas que parecían sospechosas; todo se hallaba en la mas viva agitación.

En estos momentos el gran cuerpo social  se pone en una extrema tensión y se afecta fácilmente con lo que se le inspira. Una idea proyectada sobre la gran masa se propaga rápidamente, como un fuego devorador, y tal vez muchos se valen de esta grande excitabilidad del pueblo conforme a sus particulares designios.

Una ligera desavenencia ocurrida entre un particular y uno de los patriotas encargado de la custodia del ex Virrey  atrajo hacia el Tribunal de Cuentas una gran porción de pueblo. Se aumenta el furor y ya se avanzan hasta las piezas que habitaba Amar.

 Lo salva la orden de la Junta; es trasladado a la cárcel de la Corte y la absoluta seguridad de su persona calmó por entonces los movimientos.

Ya dijimos que se había pedido que la ex Virreina fuese conducida al Divorcio. No se determinó, esperando que el tiempo produjese la calma; pero el gentío se dirigió al Convento de Santa Gertrudis, amenazando forzar este asilo religioso. Fue preciso extraer de allí a la ex Virreina, que fue conducida a la prisión, sin orden de la Junta, en medio de algunos sacerdotes que la defendían de un tropel de mujeres que la rodeaban tumultuosamente, sin respetar la calidad de esta desgraciada, que mostró una grande entereza en los padecimientos.
 

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