HOMENAJE A LEONARDO DA VINCI
Viernes 31 de mayo, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

 Gloria Cepeda Vargas Rodrigo Valencia Quijano,
en su homenaje a Leonardo Da Vinci (1452-1519).

Cordialmente,

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EN HOMENAJE A LEONARDO DA VINCI
POR: Gloria Cepeda Vargas – Rodrigo Valencia Quijano
Popayán 31 de mayo, 2013



 Homenaje a Leonardo (Dibujo de Rodrigo Valencia Q, 1983, lápiz, 1 x 0,70 m)
 

GLORIA: —Rodrigo, la pintura y los textos me han llenado de "hojas balsámicas", como dijo Aurelio Arturo.   ¡Qué manera tan sabia y leve ésta de tomar la palabra, adelgazarla, volverla caballito de mar o uno de esos gatos gigantescos que nos llevan a creer en lo mejor de la naturaleza! Por otra parte y sólo guiada por la brújula que desempolvo todos los días, Leonardo es para mí una completa sinfonía. Quizá el sobrecogimiento del misterio, lo que planea muy lejos, lo verdaderamente alto. No sé de dónde vino ese extraño ejemplar. Quizá, como el Principito de Saint Exupery, cayó sobre este desierto para hacérnoslo más llevadero o más humanamente divino. De vez en cuando, muy de vez en cuando, la especie humana se luce, escapa de ese cascarón estriado que es nuestro común denominador para florecer de manera tan espléndida, (por decir algo ya que no poseo adjetivos apropiados para medir la estatura de Leonardo).

RODRIGO: —De acuerdo. Tratar de asir en algo la sombra de Leonardo es tender a procurarnos un excesivo intangible, algo esquivo en sus verdaderas dimensiones definibles. Un genio imponderable, alguien que recorre pasadizos desconocidos para la mayor parte de los ojos de la especie; alguien que "toca" indefinibles estatutos de la conciencia estética trascendental. De sensibilidad y capacidades fuera de lo común, abstraído en estados de alma donde la inventiva, la reflexión, la investigación del conocimiento, los procesos de pensamiento, espiritualidad y concreción de la belleza, son su apartamiento transmundano, casi hermético, de las humanas preocupaciones ordinarias. Yo veo a Leonardo da Vinci como un eje de convergencias intelectuales y espirituales, de fuerzas que la naturaleza ha concentrado en un individuo de manera providencial, un espíritu decantado por la naturaleza como paradigmático del super-hombre. Leonardo da Vinci, ese hombre con cara de profeta, realizó el sueño de la utopía, no escatimó ningún esfuerzo suyo para acceder y tocar el piso de lo grandioso.

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