EL PASTOR NOCTURNO
Jueves 31 de enero, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Felipe García Quintero, caucano, es el autor de una antología de
sus obras poéticas que se ha publicado en República Dominicana.
El poeta payanés Rodrigo Valencia Quijano ha escrito sobre él,
la nota que publicamos hoy.
Felipe García Quintero nació en Bolívar, Cauca, el 25 de
septiembre de 1973. Licenciado en Literatura y Lengua Española
en la Universidad del Cauca y Magíster en Estudios Culturales de
la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito. Ganador en 2000
del Premio Pablo Neruda en Chile y del Premio Nacional de
Poesía del Ministerio de Cultura en 2001. Ha publicado:
|Monólogos de Huespée (1995)|Señales de tránsito (1997),
|Vida de nadie (2000), |Piedra Vacía (2001) y |La muerte, bis 
(2002).

Cordialmente,

***


El PASTOR NOCTURNO
Antología Personal (1999- 2011)
De Felipe García Quintero
Por: Rodrigo Valencia Quijano
Especial para Proclama Norte


Ediciones Viento y Borra, en República Dominicana, ha publicado una antología personal del poeta caucano Felipe García Quintero, de ya reconocida trayectoria nacional e internacional. Poemas suyos han sido traducidos al italiano, portugués, inglés y francés. Aquí, él selecciona textos de sus obras “Vida de nadie”, “Piedra vacía”, y otras.

Sus palabras se quieren ir, pero se quedan; son llama de sombra que purga la sangre. La mirada se abisma, el despertar nombra lo ácido. Cualquier posible luna es triste, y si hay algún sol, húmedo. Por piel de huesos, los versos camellan el polvo, trampa del tiempo, reminiscencias de lo inhóspito que seca la tierra. La casa, penumbra, reclamo, huerta de humo. El silencio verba la ausencia, el grito aqueja la náusea, la respiración es ritmo de bruma; canta la ausencia con tono en presencia.

Las palabras de Felipe García remueven el polvo que somos, el estremecimiento que es todo despertar a la vida. Un nudo de quejas, música fúnebre en clave de noche. Poemas con fuerza de invierno, hojas caídas de otoño; poética existencial, de estados del ánimo, ronda el sujeto y su experiencia;  indica la sombra, el sino que no llega a la luz; el bien es tácito por dialéctica oposición existencial al mal; nunca es presente, nostalgias lo diluyen.

El pastor cuida su noche con la espera de una luz lejana; nunca amanece. Su redil es finca donde la cosecha, de todos modos, lo busca pero se opone al silencio; es bella espera con miradas sedientas:

“Llevo en los bolsillos rotos de mi pantalón un trozo del cielo que perdí. En mi voz canta un pájaro muerto y, a mi espalda, la sombra de la piedra que escuchó su muerte. En mi vientre llevo el viento que deambula por las calles vacías. Llevo esta condena de ignorar lo que escriben mis manos.”

Lluvia íntima, las palabras perduran en contra del sino; son voces que llevan la ley de lo sordo que suena, pensamientos en torno a lo cáustico, tinta aterciopelada del verbo.

Publicado por Alfonso José Luna Geller en jueves, enero 31, 2013

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