.POPAYAN DESPUES DEL 20 DE JULIO DE 1810.
Lunes 25 de febrero, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

José Manuel Restrepo, (1781-1863), notable prócer historiador antioqueño en su libro más famoso "Historia de la Revolución de la República de Colombia, Paris 1827", se refiere al impacto en la Provincia de Popayán del Grito de Independencia en Santafé de 1810.

Por aquel tiempo mandaba en Popayán el teniente coronel Miguel Tacón, vivo, intrigante, de talento e influjo, quien cooperó muy activamente en la destrucción de la junta de Quito y orgulloso de ello; sin embargo se abatió luego que tuvo noticia de la revolución de Santafé, y recibió la invitación dirigida por la junta suprema para que la provincia enviara prontamente sus diputados a la capital: reuniendo, pues, en 5 de agosto un cabildo abierto de los padres de familia de Popayán, acordaron estos que se invitara a las demás ciudades de la provincia para que eligieran sus diputados, los que juntándose en Popayán resolverían sobre la unión a Santafé que se había propuesto. Entre tanto, para conservar la tranquilidad pública, se resolvió establecer el mismo día una junta de seguridad de cinco miembros con facultades para convocar y reunir los diputados de la provincia. Tacón dio estos pasos bien á pesar suyo; pero luego determinó seguir un sistema contrario a la revolución.

Las antiguas rivalidades de Cali y sus principales habitantes, así como de otros lugares del valle del Cauca con Popayán, impidieron por algún tiempo que las ciudades de dicho valle enviaran sus diputados a esta ciudad. Tacón viendo decididas las opiniones de la provincia, envió secretamente a llamar las tropas que mandaba en Pasto Gregorio Angulo: ganó al cabildo, a varias familias de Popayán y a muchos clérigos y frailes. Cuando ya se sintió apoyado, disolvió la junta de seguridad; y resistió varias tentativas que hicieron los patriotas de Popayán para establecer una junta de gobierno.

El doctor Joaquín Caicedo y otras personas influyentes del valle del Cauca, amigos de la revolución enviaron a Popayán los diputados de los cabildos; mas era ya tarde, y el gobernador Tacón los despidió. Viendo esto los patriotas del valle del Cauca, trataron de unirse estrechamente. El doctor Joaquín Caicedo, regidor, alférez real y teniente gobernador de Cali, fue el motor más activo de este proyecto, y quien recorrió los lugares principales del valle, alentando a los tímidos y excitando el entusiasmo patriótico de otros; el resultado fue, que todas las ciudades del valle formaron una confederación y enviaron sus diputados a Cali para establecer allí la junta de gobierno. Caicedo fue nombrado secretario, y vicepresidente el religioso franciscano fray José Joaquín Escovar.

Tacón no pudo sufrir este acto de rebelión contra su autoridad: él hizo intimaciones a la junta de Cali para que se disolviera, pues de lo contrario, les decía, iría a castigarla por sus criminales actos contra la soberanía de la nación española.

La junta de Cali comenzó a prepararse para la defensa. Pidió también auxilios a la junta de Santafé. El desinteresado patriotismo de los miembros de la junta y de los habitantes de las ciudades confederadas, todo lo suplió por medio de donativos voluntarios y préstamos. Caicedo era sin duda el alma de aquella atrevida empresa. Tales fueron los principios y desavenencias que produjeron la guerra civil que desoló por tantos años a la desgraciada provincia de Popayán.

El valle del Cauca había establecido su junta de gobierno en Cali, y la de Santafé la auxilió con trescientos hombres dirigidos por el coronel Antonio Baraya. El gobernador Tacón mandaba en Popayán y en toda la parte meridional de la provincia entusiasmada contra la revolución, especialmente Pasto y Patía. Con este apoyo, y con los abundantes recursos de dinero y armas que tenia, Tacón se había declarado contra las ciudades coligadas del valle del Cauca y contra la junta de Cali. Sostenido principalmente por gran parte de los habitantes de Popayán, por los del valle de Patía y del distrito capitular de la ciudad de Pasto, formó una división respetable de tropas, que ascendía a mil quinientos hombres de todas armas, y levantó un fuerte cerca del puente principal del rio Cauca.

Las ciudades confederadas reunieron mil cien hombres, mandados por el coronel Antonio Baraya. Hacia el páramo de Guanacas amenazaban también á Tacón algunas fuerzas indisciplinadas de la provincia de Neiva, dirigidas por el coronel José Díaz. Es cierto que en su mayor parte se componían de indios semibárbaros de los que habitan la Cordillera de los Andes en aquella parte, armados solamente con lanzas; pero el patriota Andrés Ordóñez, cura de la ciudad de la Plata, que era el alma de aquella expedición, consiguió por medio de estratagemas engañar al advertido Tacón, y hacerle creer que por allí le atacaba una división respetable enviada de Santafé y provista de artillería , cuando sólo tenia cañones formados del tronco de la colosal gramínea llamada Guadua.

El cabildo de Popayán, realista decidido asociado al pueblo, acordó por una acta que se enviasen diputados a tratar con la junta de Cali, y por otra posterior, el ayuntamiento determinó que se diera libertad a todos los esclavos que tomaran las armas en defensa del gobierno real, medida impolítica e imprudente que inmediatamente produjo motines de estos en las minas situadas sobre las costas del Pacífico.

Baraya quiso impedir que del valle del Cauca se enviaran víveres a Popayán, a fin de sitiar al enemigo por hambre; pero viendo que era imposible conseguir su designio, resolvió marchar contra la división realista. En efecto, se puso en marcha atravesando con gran trabajo el rio Piendamó, que había crecido, y su vanguardia avanzó hasta el Cofre, mandada por el capitán Nicolás Larrahondo. El teniente Atanasio Girardot, que hacia entonces su primera campaña, llegó hasta el rio Palacé con una compañía que formaba la descubierta. Allí vio a los realistas que se avanzaban en crecido número, trabándose inmediatamente la acción a la una de la tarde con un vivo tiroteo de artillería y fusilería. Poco más de cien hombres empeñaron el fuego (marzo 28) de los que regía Baraya, cuyo cuerpo principal todavía se hallaba atrasado en Piendamó. Sin embargo llegaron refuerzos, y el combate se hizo general. Las tropas de Tacón pasaron el puente de Palacé y arremetieron a las de los independientes, que se hicieron fuertes detrás de unas cercas de campo. Así duró la pelea hasta las cinco de la tarde; hora en que principió a llegar la caballería patriota, que mandaba don Miguel Cabal. Desalentado entonces Tacón, se retiró en desorden hacia su campo del rio Cauca, dejando setenta muertos, treinta y ocho prisioneros y algunos heridos. Los patriotas sólo perdieron nueve hombres, entre ellos al capitán don Miguel Cabal, rico propietario, oficial de muchas esperanzas, patriotismo e influjo, cuya muerte fue generalmente sentida.

Tacón, a pesar de que podía reunir en Popayán un número de soldados muy superior al de sus enemigos, huyó cobardemente hacia Pasto, adonde le siguieron como setecientos infantes bien armados. A esta ciudad había remitido antes todos los caudales que existían en Popayán correspondientes a la casa de moneda, a diezmos y a la real tesorería, los que ascendían, según se dijo entonces, a cerca de quinientos mil pesos.

Baraya ocupó la ciudad capital sin oposición, habiéndose fugado los enemigos del nuevo sistema, todos los cuales se reunieron en Pasto, y encendieron el fuego de la guerra civil en aquel país semibárbaro y fanático en extremo. En Popayán quedó mandando el cabildo presidido por el doctor Manuel Santiago Vallecilla. Poco después la junta de Cali se trasladó a Popayán, y se organizó la junta de gobierno de la provincia, cuyo primer presidente fue el doctor don Joaquín Caicedo, y vicepresidente don José María Cabal, la que mandaba en todo el territorio que se extendía al norte del valle del Patía.

El gobernador Tacón regía en el sur. Nada hubiera sido más fácil después de la jornada de Palacé que recorrer el valle de Patía, limpiarlo de enemigos y penetrar acaso hasta Pasto, antes que echaran raíces las semillas que había sembrado Tacón a favor del gobierno de la Regencia. Mas parece que Baraya se olvidó de que había enemigos, las tropas que eran reclutas se desorganizaron, y en cuatro meses de inacción dio lugar» á que Tacón formara la opinión de los pueblos que gobernaba a favor del gobierno real, y pusiera los fundamentos de esa guerra funesta y encarnizada que habían de hacer a la Independencia los habitantes de Pasto y de Patía, guerra deplorable que debía costar a la Nueva Granada tantas lágrimas y tan penosos sacrificios.

Cordialmente,

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