EL ARBOL DE NAVIDAD
Domingo 13 de enero, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Eduardo Posada Carbó, ofrece su articulo "El árbol de navidad",
una historia actualizada del misterioso arbusto que acompaña a
numerosas casas y hogares cristianos en los días navideños.
El autor, es un abogado egresado de la Universidad Javeriana,
máster en estudios Latinoamericanos y doctor en Historia Moderna
de la universidad de Oxford. Editor y escritor de libros.
Desde 1992 columnista de El Tiempo.

Cordialmente,

***

ADIOS AL ARBOL DE NAVIDAD
Por
: Eduardo Posada Carbó,   3:49 p.m. |10 de Enero del 2013
El Tiempo. Viernes 11 de enero, 2013.   

Los orígenes del árbol de Navidad, y más aún de su identificación como símbolo de una celebración cristiana, están llenos de misterio.

El pasado domingo, como cada 6 de enero, la familia se congregó alrededor del árbol de Navidad. Es un rito anual, que sigue, por lo tanto, los mismos pasos año tras año.

Una por una quitamos las decoraciones, que los niños empacaron en la bolsa azul donde reposarán hasta las siguientes navidades. Primero, los globos y las estrellas. Después, las luces. Y por último, el árbol mismo, con sus hojas ya casi secas, que sacamos al antejardín para su recolección, junto con todos los demás del vecindario, por parte del servicio municipal para su reciclaje.

Los orígenes del árbol de Navidad, y más aún de su identificación como símbolo de una celebración cristiana, están llenos de misterio. Su historia está bien contada en un librito del escritor Bernd Brunner, recién publicado (Inventing the Christmas Tree. Yale University Press, 2012). Es el fascinante relato de una curiosa tradición que desafía cualquier explicación racional.

No hay fecha precisa de su invento. Brunner recoge las especulaciones más difundidas sobre los primeros registros de su existencia, como el árbol que algunos aprendices de panaderos de Freiburg vieron decorado en 1411. Parece haber certidumbre, sin embargo, sobre la práctica ya extendida del árbol de Navidad en Alemania durante el siglo XVI.

Pero no todos los alemanes la abrazaron de inmediato. Se la identificó con una costumbre protestante hasta fines del siglo XIX. Los católicos, atados a la tradición del pesebre, lo llamaban el "árbol de Lutero".

Su expansión universal fue lenta y gradual. En 1850, cuando la práctica parecía difundirse en Inglaterra, Charles Dickens lo llamó "un hermoso juguete alemán". En Francia, la costumbre del árbol de Navidad se popularizó solo desde la década de 1870.

Más tardía aún fue su adopción generalizada en los Estados Unidos. Allí los puritanos de New England se resistieron incluso a las mismas celebraciones navideñas. Hasta bien entrado el siglo XIX, el 25 de diciembre era día escolar. Hoy, Nueva York es considerada por muchos la "capital del árbol de Navidad". Pero en 1883 todavía era despreciado por el New York Times como el "árbol alemán".

Su itinerario geográfico es tan interesante como la evolución de su personalidad. El árbol de Navidad fue en un principio el centro de procesiones públicas, con sus ramas llenas de alimentos, para regocijo de los pobres. Cuando fue introducido en los hogares familiares en el siglo XVIII, se lo colgó inicialmente de raíces en el techo, como si proviniese del cielo "con poderes divinos".

Sus decoraciones abundaban en dulces y pasteles, nueces y manzanas. Estos bienes comestibles fueron reemplazados por bolas de cristal, además de las figuras simbólicas de las celebraciones navideñas. Antes de la invención de la electricidad, se iluminaba con velas, la causa, quizás, de muchos incendios.

Brunner explora el significado de cada uno de los componentes del árbol navideño: la manzana, por ejemplo, símbolo de fertilidad e inmortalidad. En la historia de la humanidad, los árboles han sido con frecuencia sitios de celebraciones rituales, con fuerte valor mítico. El verde se identifica con el color de la esperanza.

Las luces se asocian con el nacimiento de Cristo. Pero por qué el árbol de Navidad se convirtió en el centro de las celebraciones del mundo cristiano sigue siendo un misterio. La costumbre parece más pagana que religiosa.

El escritor danés Hans Christian Andersen, nos cuenta Brunner, dedicó una de sus historias a un árbol de Navidad que, tras las felices fiestas, es cortado en pedazos y llevado al fuego. "Es el fin de la temporada navideña, como fue el del árbol y también el de esta historia." Un adiós apenas pasajero.

 **
     Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red
 payanesa por favor informar a mariopbe@gmail.com

 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please
 reply to  mariopbe@gmail.com