POPAYÁN MULTICOLOR
Viernes 4 de octubre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

La Revista Avianca en su edición OCTUBRE 2013 presenta en sus páginas 52-63 un articulo sobre la ciudad de Popayán, acompañado de más de 12 fotografías, plano del Centro Histórico de la ciudad, mostrando sitios notables y datos básicos.
Incluimos un enlace que contiene una serie de fotografías de Felipe Bohórquez Barco que fueron tomadas durante la preparación del articulo, pero no incluidas en la Revista.

http://www.flickr.com/photos/61351111@N04/sets/72157635778024325

Cordialmente,

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POPAYÁN MULTICOR
Por: Sebastián Longhurst
Revista Avianca.
OCTUBRE.2013.

La capital del Departamento del Cauca, famosa por su celebración de Semana Santa, esconde otras facetas. Este es un retrato policromático de una de las más importantes ciudades de la historia de Colombia.

Popayán, "Ciudad Blanca”, rezaba la guía turística que leí en el avión. Desde el aeropuerto Guillermo León Valencia –que lleva el nombre de uno de los 14 presidentes que Popayán le ha dado a Colombia–, llegué a las calles empedradas del Centro Histórico en cuestión de minutos. Las calles que, en palabras del escritor payanés Gustavo Wilches Chaux, “han adquirido con la lluvia la textura del cuero”, cargan siglos de memoria. Ansioso por descubrir su historia, dejé mi morral en el hotel y empecé mi recorrido.

IGLESIAS, PARQUES Y TEATROS.

Por una calle llena de vida llegué a la Iglesia de San Francisco, obra maestra de la orden franciscana en Colombia. Su campana sonó a la una de la tarde, acompañando mi paso bajo el Sol radiante. Contemplé los gigantescos pinos araucarias del Parque Caldas y su Torre del Reloj, blanca ‘nariz de Popayán’ –como se denomina popularmente– desde el siglo XVII.
Doblando una esquina, la colorida fachada italiana del Teatro Guillermo León Valencia llamó mi atención. Mientras descubría el majestuoso interior de uno de los más bellos teatros de Colombia, sonó una voz: “¿Sabe que me le atravesé al bulldozer que iba a tumbar esta maravilla?”. Con esta épica introducción, el arquitecto patojo Luis Eduardo Ayerbe, de distinguida compostura, me contó cómo dirigió la reconstrucción del recinto después del terremoto de 1983, que lo dejó al borde de la destrucción. “También reconstruimos toda la ciudad blanca y logramos recuperar el centro original”, recuerda con orgullo. En Popayán, detrás de los muros, la tradición colonial sigue latiendo fuerte.

POLLERAS Y MARIMBA.

Volteando a la izquierda por la siguiente calle, pasando la maciza puerta de madera de la casa que fue la del presidente Tomás Cipriano de Mosquera, escuché las notas de una marimba de chonta y los hondos golpes de un tambor. En el patio ensayaba un grupo de música del Pacífico colombiano. Leynis Riaces e Isaura Hurtado, dos de sus ‘cantaoras’, modulaban el canto “Orrí Orrá”, ondulando sus faldas amarillas. “¡Popayán y el Cauca también son Pacífico, y aquí suena el tambor para que la gente se ponga seria y baile!”, dijo Leynis en una carcajada que puso sus pómulos negros a brillar como el ébano. Con el fértil Valle del Patía y las playas de Timbiquí, a unas horas de la ciudad, la rica herencia afrocolombiana vibra también en el corazón de Popayán.

UN ARCO IRIS ENTRE TELARES Y MERCADOS.

Explorando los alrededores, llegué al vecino municipio de Silvia, que alberga siete resguardos indígenas. Uno de ellos, Guambia, es tierra de los Guambianos, cuyos coloridos tejidos expresan su cosmovisión ancestral. En sus telares verticales, las mujeres entrelazan las lanas moradas, rosadas, negras y azules para confeccionar sus ruanas, faldas y anacos. Continuando mi camino, conocí Timbío, a 20 minutos al sur de Popayán, dónde perdura la tradición textil indígena, pero con un sorprendente material: la seda. Traída al Cauca en los años ochenta, la sericultura sostiene hoy a más de 200 familias de la zona.

Elvira Gómez de Inchima, alegre campesina de 86 años, fue una pionera de la seda. “Tejer era una tradición de nuestras abuelas”, recuerda esta descendiente de indígenas Yanacona. “Con la seda continuamos la tradición de tejeduría del Cauca”, sonríe Doña Elvira. Los hilos multicolores de las bufandas que teje me recordaron la bandera del Tahuantinsuyo, el antiguo imperio Inca. Las raíces indígenas de Popayán son profundas, otro de sus más preciados patrimonios.

De regreso a Popayán, me senté en un café a descansar un poco. Intrigado por mi cara nueva en esta ciudad dónde todos se conocen, Andrés Sánchez, payanés e indígena del pueblo Nasa, me conversó. “La cocina es una expresión ancestral de la cultura de Popayán”, contaba. “¡Y donde mejor se puede apreciar es en las plazas de mercado!”. Sin más preámbulos, me llevó a conocer los mercados populares de los barrios Bolívar y Alfonso López. En el morado de los ullucos, la papa colorada, los chulquines, la carantanta, el maní, el maíz y los tamales de pipián, vi el caleidoscopio del prodigioso mestizaje que caracteriza a Popayán, ciudad arco iris

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