GENERALES OBANDO Y MOSQUERA.
Viernes 19 de abril, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

El general Joaquín Posada Gutiérrez, (1797-1831), en su obra
"Memorias Histórico Políticas" relata las impresiones físicas que
tenían del General José María Obando, él y el General Tomás
Cipriano de Mosquera.

Cordialmente,

***

MEMORIAS HISTORICO POLITICAS.
GENERALES OBANDO Y MOSQUERA.
POR: EL GENERAL JOAQUIN POSADA GUTIERREZ, 1797-1888
CAPITULO 41.

En la tarde del 25 de mayo llegó a la capital el general José María Obando, a quien todos deseaban: los unos para que sostuviera al Gobierno, los otros para que lo derrocara, según que se adhiriese al general López o al general Moreno. Muchos fuimos a encontrarle a gran distancia. A mi me sucedió con Obando lo que al Libertador: me impresionó favorablemente a primera vista, y he conservado siempre esa impresión; después de que se declaró gratuitamente mi enemigo, decía que hacía esfuerzos por aborrecerme y que no podía conseguirlo; yo nunca los hice por aborrecería a él, ni tampoco lo habría logrado. En su libro me trata mal; pero como peor lo hace con muchos hombres distinguidos que han honrado, y algunos que viven, honran aún el país, no tengo por qué quejarme de ello. Por mi parte jamás me he ocupado de él para zaherirle por mala voluntad. Cuando lo he hecho o lo hago ha sido y es para juzgarlo como hombre público, porque tengo derecho perfecto para ello, pues ese es un tributo que los hombres históricos pagan a sus contemporáneos y a la posteridad.

El general Mosquera en su Examen critico lo retrata así:

"Es un hombre de cinco pies, cinco pulgadas, seis líneas medida francesa, de color blanco un poco manchado, pelo castaño que tira a colorado, barba poblada, nariz pequeña y las ventanas un poco infladas, ojos pardos, mirar ceñudo. Su cuerpo es regular y bastante bien formado. Es circunspecto para hablar entre gente de instrucción, y decide clásicamente entre personas de poco valer; quiere imitar siempre el carácter andaluz para parecer gracioso, y usa muchas frases de cuartel. Aparenta perfecta moderación y simpatía por algunas personas, particularmente para ofender a otras. Su educación, descuidada en la niñez, no le ha permitido aprender modales, y en la mesa se conoce bien que muy tarde ha venido a tratar con gente decente. Sabe acomodarse con poco, como que ese ha sido su estado ordinario. Lisonjea todas las pasiones de aquellos a quienes necesita. Miente sin rebozo, y no se cree obligado a pagar servicios, dinero ni favores. Se enternece y llora con facilidad y manda matar riéndose".

El general Mosquera en esta pintura del general Obando, no entra a considerarlo como hombre público, ni a discutir sus hechos, ni a glosar sus actos como tal: pinta al hombre descubriendo en su pincel el tinte de enemigo personal.

El general Obando, joven aún, era de una gallarda presencia, alto, ni grueso ni delgado. Yo no puedo decir cuántos pies, ni cuántas pulgadas, ni cuántas líneas tendría, sea de medida francesa o española, porque no lo medí. Su color era en efecto blanco rosado; en la barba, la nariz y los ojos se acerca el general Mosquera a la exactitud de su descripción; pero lejos de tener el general Obando un mirar ceñudo, tenía, por el contrario, una mirada dulce y simpática cuando no estaba irritado. Ciertamente no era un sabio, pero no era tan ignorante que no pudiese hablar entre gente de instrucción en una conversación de sociedad en que no se tratase de ciencias o materias filosóficas. Era natural en él algo del andaluz, por el roce que desde muy joven tuvo con los españoles. Ciertamente no tenía uso del mundo, no había viajado, y en la sociedad retraída y huraña en aquellos tiempos, de la clase rica de Popayán, no podía ningún joven aprender modales desembarazados a la par que corteses: eso se habría considerado como desenvoltura pecaminosa. No sé si tendría los demás defectos que le atribuye el general Mosquera, y en cuanto a que mandase a matar riéndose, tuve la fortuna de no estar nunca a su lado cuando esto sucedía, si es que sucedía.

Yo viví dos meses con el general Obando en su propia casa en Popayán, le traté con intimidad y le estudié. Hombre de pasiones políticas violentas, de ambición de fama y de posición, astuto, cauteloso, fecundo en ardides, con los hábitos que contrajo como guerrillero en los riscos de Popayán y Pasto, era cruel en la guerra; profesaba quizá como otros el principio de que para dominar a los hombres es preciso tener el valor de matarlos, y el de que en política es permitido todo lo que conduzca a obtener el resultado que se desea, y de aquí sus hechos condenables.

Pero como hombre privado, era el general Obando un hombre modelo. Sin ningún vicio, sobrio, generoso, esposo y padre incomparable, excelente amigo, popular en las masas que sabía atraerse, era el general Obando una mezcla de virtudes que lo hacían querer y de cualidades opuestas que lo hacían temer.

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