PROTEGER LA VIDA
Una Tierra solamente: Rafael Negret
Sábado 8 de junio, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

Amigos:

Juan Andrés Jaramillo Salazar, nos ha enviado un trabajo del payanés Rafael A Negret Fernández. Juan Andrés nos informa que Rafael es un "egregio y epónimo exponente de temas relacionados con el medio ambiente, autor de numerosísimos artículos y de libros que encausan las rutas naturales de la tierra, de sus derroteros y de sus experiencias". Juan Andrés, concluye  que "En ritmos con los cuales hemos escogido, la substitución de lo etérico por lo materico, en una apología mas deleznable Rafael Negret, selecciona en sucintos  apartes con temas de larga exposición y comprime las ideas fáciles de identificar, sus cautelas y decisiones".

Rafael es poeta y ecólogo. Reside en la ciudad de Panamá. Máster en ecología de la Universidad de Brasilia, Brasil. Trabajó 18 años como Especialista en Medio Ambiente del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- en Brasil, Ecuador y México. Actualmente es consultor independiente en cuestiones ambientales y escribe ecopoesía caracterizada por la búsqueda de una simbiosis entre Ciencia, Espíritu, Conciencia, Poesía y Protesta. Sus libros sobre cuestiones ambientales y teoría del desarrollo sostenible, promulgan la necesidad de llevar estos principios a la práctica a través de las políticas nacionales. Uno de sus ensayos se titula "De la Protesta Ecológica a la Propuesta Política" y ha sido texto de debate en varias universidades de Quito.
Nuestros agradecimientos para Juan Andrés por la información.

Cordialmente,

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PROTEGER LA VIDA
Una Tierra solamente: Rafael Negret
Por: RAFAEL NEGRET
opinion@prensa.com
05/06/2013 -
La Prensa. Panamá. 5 junio, 2013.

Las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo –cumbres de la Tierra– se iniciaron el 5 de junio de 1972 en Estocolmo bajo el lema “Una Tierra solamente”. Después se hicieron en Río de Janeiro, 1992; Johannesburgo, 2002, y Río +20 en 2012. Todas caracterizadas por discursos evasivos, irresponsables. “Para mí –afirmó Carl Sagan– es difícil ver una conexión cósmica más profunda que los asombrosos descubrimientos de la astrofísica nuclear moderna; con excepción del hidrógeno, todos los átomos que nos configuran –el hierro del núcleo de los glóbulos rojos de nuestra hemoglobina, el calcio de nuestros huesos, el carbón y el fósforo de nuestro cerebro– fueron forjados en estrellas gigantes rojas a una distancia de millones de años luz que finalmente aquí aterrizaron”. Somos, le gustaba alardear a Sagan, materia estelar.

La teoría de Gaia ha demostrado que la Tierra funciona como un ser vivo –no como una máquina– y que las formas de vida en el planeta son nuestros prójimos, hermanos de creación. San Francisco de Asís así lo predicó. El riesgo que afronta la sociedad y el sombrío futuro ineluctable es que extraviamos el vínculo y perdimos el límite; nos desconectamos del mundo natural, del espíritu universal. Nos dejamos fascinar por el mundo virtual y abandonamos el real.

Los dos párrafos anteriores se conjugan en la realidad de nuestros orígenes; somos materia estelar, en parte venimos del cielo, pero en la Tierra esos primigenios elementos sufrieron transformaciones y simbiosis durante milenios para engendrar la vida. Somos celestiales y terrenales. Y ese principio insoslayable es fundamental para nuestros compromisos como humanos, privilegiados testimoniales de los milagros y misterios sagrados que nos hicieron posible estar aquí, conscientes del proceso evolutivo, y por lo mismo, nuestro deber ético de proteger la vida, la Tierra y a nosotros mismos. Al final, la fragilidad y complejidad de la naturaleza es nuestra. Y de los mismos principios nació el concepto de desarrollo sostenible como paradigma político propuesto por la ciencia y el pensamiento contemporáneos en la búsqueda de soluciones al caos generalizado que caracteriza a la sociedad de consumo y sus modelos de desarrollo impugnables social y ambientalmente; injustos y devastadores. Insostenibles.

El conocimiento científico ha posibilitado valorar la fragilidad y los límites de la Tierra, referentes a su capacidad para seguir creando agua, atmósfera, suelo, fauna, flora y otros bienes y servicios ambientales que requirieron millones de años para llegar al estado actual. Límites para soportar la contaminación y aniquilamiento al que está sometido el planeta. Límites, porque la ciencia ha reseñado el siniestro rumbo común que encauzan los procesos de degradación social y de la naturaleza, al demostrar que la pobreza degrada el medio ambiente y esto precipita a los humanos en el laberinto de la miseria y la indigencia, hasta zozobrar en la pérdida de la dignidad.

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