ALBERTO MOSQUERA
Miércoles 28 de agosto, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

Amigos:

Alberto Mosquera nació en Popayán en 1901 y murió en Bogotá en 1966. Se educó en el Seminario de la Ciudad Blanca y en la Universidad del Cauca, en donde obtuvo su titulo de bachiller en filosofía y letras. Se trasladó a la ciudad de Medellín en donde "encontró un grupo de amigos abiertos, cultos y bohemios que le alegraron la vida tanto a él como a ellos". 

"Si en Popayán eran famosas sus polémicas con los defensores de la tradición, en la capital de la Montaña escribió algunos de sus mejores versos, asimilados por la crítica fácil con los de Luis Carlos López, por lo insólito de su «frase caricatural... fundida en un juvenalismo delicioso, acre sin duda al paladar reseco de las señoras sentimentales y devotas pero de un sabor picante, exquisito, para quien sepa catarlo hasta tomarle el gusto verdadero. En ellos el verso ondula esquivo como una serpiente, alargándose aquí, encogiéndose allá, retorciéndose acullá, sobre una red de adjetivos hiperbólicos», dice José Ignacio Bustamante" [Rogelio Echavarria, 1924].

Cordialmente,

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ALBERTO MOSQUERA
(1903 - 1967)
Por: Guillermo Alberto González Mosquera


Con ocasión de la aparición de sus "Disparatorios" en 1942, Alberto Mosquera en una confesión pública a modo de advertencia, decidió con su peculiar estilo descubrir su personalidad irreverente y profundamente espontánea y juguetona: "Nunca me he puesto a escribir versos para la posteridad. Ninguno de mis disparatorios tiene color, olor o sabor de estatua. Son brotes espontáneos y sinceros. Este libro es una compilación de secreciones de mi espíritu, forzosas e imprescindibles en un momento dado. Cuando hace calor, sudo; cuando estoy con la vejiga llena, orino; y cuando tengo un tranco en el alma, escribo. Pero mi libro es más de la vejiga que de los poros de mi psiquis. Por eso, su lectura no la aconsejo a quienes se ruborizan cuando ven a un semejante orinar o se indignan si descubren que la humedad no es de agua pura sino de lágrimas".

Mosquera le había pedido al Maestro Valencia que le escribiera un prólogo para sus poemas, pero éste se negó en carta escrita desde el Valle del Cauca en que le manifiesta que sin embargo "admiré su ingenio, la elegante facilidad de un estilo sui géneris, juguetón y gracioso en que usted es consumado artista". El episodio viene como anillo al dedo para contrastar lo que podría denominarse el estilo entre los poetas mayores de Popayán, de los cuales Valencia es el más destacado representante, y los menores o mejor llamados "festivos", género que floreció en la capital del Cauca en varias épocas y que tiene en Alberto Mosquera su más genuino exponente.

Mosquera, a la manera de un cometa, es de aquellos fenómenos que aparecen cada setenta u ochenta años, deja detrás una estela luminosa y los comentarios de los que tuvieron el privilegio de ser testigos de su paso fugaz. Con ligereza podría catalogarse su obra como humorística. Nada más alejado de la realidad. Sus versos no se hicieron para hacer reír. Son críticas a la sociedad que pasaba por una circunstancia decadente y constituyen al mismo tiempo una posición en contra del romanticismo y el modernismo, como acertadamente lo anota el Profesor Guido Enríquez Ruíz en su estudio sobre el poeta, cuando cita uno de sus versos en el "Disparatorio de un deseo imposible":

Quiero un verso sencillo
y en su busca me hallo
que cante el estribillo de lo que siempre callo.

Un verso con matices
profundamente acervo,
como el que echó raíces en la carne de Nervo.

Quiero un verso sonoro
quiero un verso indecible;
quiero un verso de oro,
quiero un verso imposible...!


A la manera de la poesía del cartagenero Luis Carlos López, su par en el género, los versos de Mosquera son caricaturas del paisaje humano de la provincia. Picantes pero al mismo tiempo no desprovistos de ironía, penetran en lo íntimo pero tienen el sentido de lo universal y cósmico de la raza humana. Fue el filósofo antioqueño Fernando González quien quiso desentrañar la personalidad del poeta: "Es poeta, uno de esos que vivieron ya cerca de la fuente y que quién sabe para qué o por qué fueron enviados a la tierra. Quién conoce, Infinito, tus leyes el para qué? Mosquera es tan sensitivo, que su modo de comunicar ("disparatorio") tiene que ser así, rápido y fúlgido como un rayo, o como el lagarto que ya se escondió cuando lo vimos".

Su existencia de aventurero, que quiso exprimirle todos los jugos a la vida, tiene capítulos que dejó escritos en un Diario de Guerra, que aún permanece inédito. Lo escribió durante la Guerra con el Perú, durante su travesía de milicia por las selvas del sur de Colombia, de la que quedaron muestras adicionales de su inteligencia privilegiada y personalidad singular. Sin duda marcó su época y la despojó de una trascendencia que le restaba la espontaneidad y el ingenio que fueron las marcas indelebles de este notable caucano del Siglo XX.

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