EL MANGO, CAUCA, COLOMBIA
Martes 6 de agosto, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

El Mango, corregimiento de Argelia, un lugar caucano de Colombia, tiene el triste record de haber sido atacado por las fuerzas insurgentes más de doscientas veces en sus pasados dos años y medio. El Mango, está ubicado al suroccidente del Cauca, cercano a Balboa y El Patía, La escritora Salud  Hernández-Mora llegó a Colombia hace varios años y desde entonces "sus escritos y comentarios siempre sacan ampolla".

En esta oportunidad, transcribimos solamente algunos párrafos del articulo, que puede leerse completo en la Edición de El Tiempo del martes 6 de 2013,

Cordialmente,

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EL MANGO (CAUCA) EL PEOR DESTINO
PARA UN POLICIA EN COLOMBIA.

FRACMENTOS.
Por: Salud Hernández-Mora
Especial para El Tiempo
Martes 6 de agosto, 2013

Ha sufrido en los últimos dos años y medio, cerca de doscientos ataques.
No existe peor destino para un policía. No solo por vivir las 24 horas escudado en las trincheras, sin un solo minuto de esparcimiento en la calle, esperando que en cualquier momento le lancen ‘tatucos’, cilindros o disparos de fusil o estalle una bomba. Sino porque es un proscrito en el pueblo; todos huyen de su lado en las esporádicas ocasiones en que patrulla, nunca le dirigen la palabra y menos le permiten entrar a una tienda. Y desde el alcalde hasta el último poblador, sea nativo o colono, se unen al coro que exige su salida inmediata, no por razones ideológicas o intereses de otra índole, sino por instinto de supervivencia.

“Aquí no hacen falta; no hay nada que cuidar: no hay banco ni ninguna sede estatal, ni alcaldía; tampoco peleas, ladrones o viciosos”, comenta un comerciante, en una queja que repiten sus convecinos de El Mango, un pobre y abandonado corregimiento de Argelia, en el suroccidente del Cauca, territorio del frente 60 de las Farc y que tiene en el cultivo de coca la principal fuente económica de sus 1.400 habitantes, de los cuales medio millar son menores. “Tampoco controlan lo que tiene que ver con la coca, porque no pueden hacer un solo retén, y la guerrilla pasa los cilindros por las barbas de ellos y ni se enteran. Entonces, ¿para que siguen? ¿Por capricho del Gobierno?”

La Policía Nacional arribó por primera vez en el 2007 y los recibieron con los brazos abiertos. Pero en diciembre del 2010, por razones que nunca explicaron a la comunidad, las Farc se propusieron desaparecerla de la faz de El Mango a cualquier costo, incluido el asesinato de civiles que sostengan el más mínimo trato con los agentes.

“Cuando un policía me pide que le compre algo y se lo entregue a escondidas, le respondo que lo hago siempre y cuando me regale el ataúd –explica una vecina–. No podemos hacerles un favor ni saludarlos ni venderles ni un tinto porque quien lo hace se muere.”

La tragedia para los lugareños es que ellos, sus hogares y negocios se volvieron campo de batalla. No hay más que pasear la vista por el barrio Colón, el más apetecido y costoso antes de la fecha mencionada, y hoy en día hileras de viviendas vacías, destrozadas por los atentados de la guerrilla y los combates.

El Mango ostenta otro triste récord: ser el centro urbano que más ataques ha sufrido en los últimos dos años y medio, con cerca de doscientos. El jueves pasado, a las ocho de la noche, cuando aún había gente fuera, explotó una bomba en el parque y después se produjo un largo intercambio de disparos con los agentes. El lunes hostigaron la estación de nuevo.

El atentado más grave de las últimas semanas ocurrió el 2 de junio, cuando murieron una profesora y su madre y dos familiares resultaron heridos. Un ‘tatuco’ convirtió su casa en un montón de escombros. Vicky Gaviria, hermana e hija de las fallecidas, mantiene vivo el recuerdo de la explosión, así como de los gritos, llanto, confusión e impotencia que la siguieron porque no podían sacar con las manos a quienes quedaron sepultados.

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La gran mayoría de la gente siente mucho miedo, desesperanza, angustia.”


Nadie los quiere


La pregunta que recorre el pueblo a toda hora es la razón de que el Gobierno siga empecinado en mantener a los policías en contra de todo criterio racional. El propio alcalde, Elio Gentil Adrada, que defiende la presencia de los agentes en Argelia, cabecera municipal, ha pedido con insistencia que los retiren de El Mango porque no ejercen función alguna, sufren bajas innecesarias y solo causan destrucción y muerte entre los civiles.

“Los tienen acorralados en la base de la loma, donde se acantonan los Encar (escuadrón móvil de carabineros), y en la estación del pueblo están como secuestrados y son muchos los muertos y los lisiados que han puesto”, señala el propietario de una tienda.

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En el jardín infantil del ICBF, que acoge a diario a sesenta niños de entre 6 meses y 5 años, el miedo es patente. Cuenta con un centro amplio, bonito, acogedor, pero muy vulnerable porque las balas y explosivos pasan por encima. “Los niños quedaron con un problema psicológico; cualquier ruido los pone en alerta. Cada vez que hay combate, saben que deben seguir las flechas rojas que los guían al último salón, donde los ubicamos por ser más seguro. Pero a los bebés los tenemos que cargar y somos solo cinco madres comunitarias.”

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El empresario Omar Montilla se cansó de esperar ayudas e interpuso una demanda contra la Nación porque acabaron con sus medios de vida, todos situados junto a la base del Encar. A su panelera, que abastecía al pueblo y empleaba a diez trabajadores, la destrozaron 17 granadas de fusil y un cilindro, y también perdió el cultivo de caña; la ladrillera, que operaba desde el 87, sufrió otro tanto, y la casa familiar de su esposa recibió nueve cilindros.

“Demandé por 320 millones porque perdí en equipos y edificaciones ochenta, a lo que hay que sumar que todo lo tengo parado desde el 2010”, afirma. Y no es el único. Cada vez son más los que recurren a los tribunales, siguiendo la estela de otro corregimiento situado a una hora por carretera destapada, como todas las que hay en el municipio.

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De regreso a El Mango supe que la guerrilla descargó unos cilindros en el barrio las Brisas del Río, refugio de quienes abandonaron las cuadras de la línea de fuego. Allí mismo armarán los explosivos para lanzarlos a la Policía cualquier día. Los lugareños correrán entonces hacia las veredas cercanas, como La Primavera, para escapar del combate si les dan tiempo. “No nos hemos vuelto locos todos de milagro”, sentencia una mujer.

SALUD HERNÁNDEZ-MORA
Especial para EL TIEMPO
El Mango (Cauca).

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