ANTONIO JOSÉ Y QUILICHAO
Jueves 19 de diciembre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

Alfonso J. Luna Geller, hace memoria de aquellos días lejanos de juventud en Santander de Quilichao, con su amigo Antonio José Caballero Velasco.

Cordialmente,

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ANTONIO JOSÉ Y QUILICHAO
Por: Alfonso J. Luna Geller
Proclama del Cauca
Miércoles 18 de noviembre, 2013
Santander de Quilichao


Recuerdo a Antonio José Caballero Velasco transitando ruidosamente por estas calles quilichagueñas, pues con su incipiente liderazgo infantil, a principios de los años 60, alborotaba a un pueblo todavía abstraído en etiquetas familiares que exigían mucha discreción en los muchachos, sobre todo, en aquellos que vivían en las casas alrededor del parque principal. Antonio José rompía esa tradición de comportamiento, digamos “refinado” o acorde con su familia, pues era sobrino de sacerdotes como Arcadio y Mario Velasco Tello y de tías monjas que enseñaban religión, ética, urbanidad, música, finura bien heredada por su hermano Miguel Ángel, profesor de música de la Universidad del Cauca; además, su padre, don Antonio, fue un señorial ganadero que cuando se dirigía a su finca, casi urbana (El Hato), hacía retumbar los solares con el golpear de los cascos de aquellos hermosos ejemplares que cabalgaba sobre las calles aún empedradas, imponiendo majestad y consideración pública.

Pero no, Antonio José decidió que lo suyo era otra cosa, no esa tradición familiar, se le rebeló a su profesor de literatura y francés en el Instituto Técnico, don Eduardo Rengifo Villamil, y a los otros personajes que en la época constituían esa casta quilichagueña distinguida como Guillermo Tello Rengifo, que había sido diputado a la Asamblea, senador y gobernador, a Simeón Villamil Paz, familiar de casa vecina, que también había sido representante a la Cámara y senador de la República; Jaime Velasco Villamil, senador de la República, ilustre quilichagueño que también había sido concejal de Santander de Quilichao, diputado a la Asamblea del Cauca, y rector de la Universidad Libre Seccional Cali;  a la señorita Limbania Velasco Camacho, primera alcaldesa que tuvo Santander de Quilichao (1965-67), quien había sido su maestra de primaria. Y en esa rebeldía juvenil terminó admirando el futuro y tratando de aislar de su personalidad el pasado aristocrático, optó por la moderna tecnología que apenas despegaba en aquella década con la televisión.

Recuerdo que a mediados de los años 60, cuando mi padre tenía un negocio de ferretería, artículos eléctricos y electrónicos novedosos, como la radiograbadora Sanyo de Compact Casete, que se usaba con un carrete de unos 100 metros (depende de la duración) de cinta plástica y los casetes vírgenes comercializados por Maxell y TDK, que imprimían y reproducían la voz, Antonio José decidió hacerse buen amigo mío para encontrarnos en mi casa con la intención de ensayar esas invenciones grabando ingeniosas peroratas que improvisaba de manera admirable, con un talento innato para describir lo que ocurría en el entorno. Escuchar su voz al rato de haberla grabado en esa cinta, estando él en silencio para analizar lo que había dicho, así, sin maestros que lo orientaran, lo hacía sentirse satisfecho; con mi complicidad triunfaba en solitario. Creo que fue el inicio de su fulgurante carrera periodística.

Tal vez por eso, su hermano mayor Juan Harvey Caicedo, quien ya era uno de los fundadores de la televisión y el cine en Colombia, locutor de radio trabajando en RCN, en la HJCK y en Caracol, decidió llevárselo de Quilichao. Antonio José apareció estudiando en Europa, recorriendo el mundo y poniendo en alto el nombre de un oficio muchas veces perseguido y desprestigiado en algunos sectores y épocas, el periodismo colombiano.

Antonio José Caballero Velasco fue un ícono en el periodismo mundial, un referente para quienes tratamos, sin mucho éxito, de imitarlo, porque estuvo en la radio, en la televisión, en la prensa escrita… Antonio José era un maestro en todo lo que hacía dentro de su profesión. Nos sentimos orgullosos tratando de inspirarnos en él, lo admiramos porque fue capaz y sagaz al documentar la historia a partir de personajes como Tirofijo, Yasser Arafat, Muhammad Gadafi, Fidel Castro, Oriana Fallaci, Juan Pablo II, Hugo Chávez, inclusive con el mismo Uribe… ¡Admirable! Hoy soporto la tristeza de saber que tanta potestad en el oficio, tanto talento, tanta amistad, tenía que llegar a su fin. ¡Qué pesar!

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