INZÁ,  SU PAISAJE AGRESTE Y SUFRIMIENTOS INACABABLES.
Miércoles 11 de diciembre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

  Inzá, la heroica población olvidada por el gobierno y atacada muchas veces por la guerrilla desde hace más de cincuenta años, es una de las poblaciones caucanas que es destruida cada que los insurgentes lo desean sin encontrar defensa ni resistencia gubernamental. Dista de la capital del departamento del Cauca, Popayán, solamente 91 kilómetros por una carretera (trocha?), cuya construcción se inició en los años cincuentas (Programa de Rehabilitación) y todavía faltan igual cantidad de años para concluirla. Fue fundada por Sancho García del Espinar hace 436 años, creyendo encontrar en el lugar armonía y paz, pero en el 2013 todavía no disfruta de la paz, ni servicios de la época actual.
En el articulo que incluimos, Nelson Eduardo Paz Anaya hace una descripción de su paisaje agreste y desafiante, y maravillosa geografía. Fotografía: Proclama del Cauca.

Cordialmente,

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  INZÁ PUEBLO DE APELLIDO DE CONQUISTADOR,
GRANDES GENTES, IMPOSIBLE DE OLVIDAR.
Por: Nelson Eduardo Paz Anaya
nelsonpazanaya@hotmail.com
Proclama del Cauca. Martes 10 de diciembre, 2013


Las gentes de este poblado se distraen tendiendo la mano franca, espontánea e infinita de la amistad generosa y espléndida, su amabilidad y hospitalidad se prolonga como los espacios infinitos después de la última casa del pueblo, allí donde termina el alero, y empieza el aire y el viento, más allá del abismo y del horizonte de la hermosa cordillera.

Inzá está allí, rodeada por una corona de colinas y montañas que circundan el paisaje desafiante de nubes, de lluvias, de aguas que corren y saltan al vacío en el hilo blanco de la tenaz cascada y las mesetas que hubiera envidiado la Biblia para su pesebre, descansos en donde se ubican las casas de los campesinos y los indígenas, para amar, trabajar y en la tarde mirar el infinito para auscultar la incógnita del tiempo.

La arquitectura de Inzá, se parece a las figuras talladas de delicados artesanos cuando encierran en un recipiente esférico, figuras armónicas que se acomodan geniales en los apretados límites de los pequeños espacios, para lograr la gracia de los paisajes sin orden y sin líneas en la anárquica definición de una naturaleza agreste y desafiante.
Pueblo pequeño, en principio denominado Campamento, pero si lo quieres disfrutar lleva el ánimo dispuesto para encontrar el decir de las paredes y los techos que nos señalan cantidad de patria, de trabajo, de sueños y de testimonios en las muestras de un pueblo con sus callecitas inquietas que te reservan muchos mensajes.

Se requiere pasar de la cabecera municipal a su entorno, para maravillarse con una geografía en la cual, para donde se quiera mirar se encuentra una naturaleza avasalladora, cada punto del espacio atrae, domina, inquieta, te obliga repetir la mirada porque subyuga ese pico de la cordillera con nubes blancas y azules intensos, en el instante preciso en que se juntan el cielo y la tierra, en la delicia del juego de las figuras y los colores en el lienzo de la obra infinita de la naturaleza.

En esta pintura gigantesca, aparecen los pueblitos soñados en los riscos al borde del abismo, los de las mesetas a mitad de cordillera, y los de las hondonadas al lado de las quebradas y los ríos afluentes del Ullucos, allí Guanacas, Yaquiba, Coscuro, Chichucue, arriba Turmina, el Rincón, San Pedro, Yarumal, San Rafael, San Martin, San Miguel, Santa Teresa, Pedregal, abajo, Segovia, Víbora, El Hato, San Andrés, con los Resguardos Indígenas de Santa Rosa, Tumbichucue, Calderas, San Andrés, y Yaquiba; todos con sus gentes y sus respectivos encantos, con campesinos raizales hijos de varios procesos de colonizaciones antioqueñas, nariñenses, huilenses, santandereanos.

En todas las laderas aparecen los ganados y los caballos moviéndose en las verdes praderas, y adornan las casas de tejas y adobes los surcos de cultivos y las hileras de árboles frutales, los aguacates, los lulos, los tomates de árbol, los plátanos, la caña panelera, hortalizas y legumbres, y los arboles del sombrío para los cafetales el más extenso cultivo de los campos por la característica y calificación de especiales, logrado por los procesos de selección y cuidadosos aprovechamientos de los caficultores, que hoy lo convierten en orgullo y muestra del emblemático café colombiano.

Todo iniciado por las épocas en las cuales, los conquistadores caminaban con el sueño de encontrar el sito buscado en donde la armonía y la paz, permitirían el lugar de su posesión y su descanso, expectativa perdida en el tiempo, porque aun después de más de quinientos años, su posibilidad se pierde en juegos de causas y efectos, que se repiten en círculos infinitos de dolor, frustración y muerte, razón de la grave afectación de los actos violentos en la exteriorización de la memoria colectiva.

La escondida población de Inzá, Tierradentro, aparece en el contexto nacional e internacional, por razón de una de las primeras incursiones guerrilleras con demostración de capacidad de agresión militar en la década de 1965, Tirofijo se toma la población de Inzá, cerca de Marquetalia, después de cruento ataque, el alcalde y el personero defendieron la población hasta su muerte con dos escopetas, se convocan sus gentes al parque del lugar y se arengan con las razones de la lucha guerrillera, posteriormente en el año de 2005, se repite la acción de toma de la población, la cifra de participantes de la guerrilla es revelador y se sacrifica un considerable número de policías y militares, al igual que civiles y muchos daños materiales.

Todo haría pensar en la aproximación de la tranquilidad, parecería que el sueño de Sancho García del Espinar, cuando resolvió asentar el caserío de San Pedro de Guanacas, por allá en el año de 1577, y posteriormente por razón de la peste de las “viruelas” Don Jerónimo de Inzá, en junio de 1783, iniciara el poblado que hoy conserva su apellido; pudiera disfrutar de la tranquilidad como compensación a la laboriosidad de sus habitantes.

De igual forma se frustra la intención de la Patria, cuando lo institucionalizan como Municipio en los años de 1885, pero igual se repiten las violencias de las respectivas épocas como únicos mensajes de pertenecer a un Estado distante que resolvió denominar la región como Tierradentro, seguramente como una mención al olvido.

El sábado 7 de diciembre pasado, de 2013, después de un fin de semana anterior lleno de fiestas y de encuentros, se repiten las acciones violentas contra el cuartel de la fuerza pública, casa de la Policía Nacional, con la estrategia de una camioneta que llega a suplir el mercado de cebollas, se camufla un artesanal cañón de guerra con el cual se destruye la estación de policía, ocasionando la muerte de seis de sus integrantes, dos humildes trabajadores de la plaza de mercado y veintidós personas heridas algunas en situación de cuidados intensivos, daños materiales y una gran afectación al ánimo de vida de sus pobladores.

No es prudente desconocer el significado de la presencia del señor ministro de la Defensa en el lugar de los hechos, pero las experiencias desalientan a las autoridades locales y a sus víctimas por la duda respecto de la materialización de la respuesta en la ayuda por parte del Estado, incluido el Consejo de Gobierno y los pronunciamientos del señor presidente de la Republica, sobre todo cuando los colombianos están dispuestos a todo sacrificio en aras del avance del proceso de Paz, iniciado en La Habana y todos los que puedan superar conflictos.

Con el dolor y el respeto por los muertos, rogando por la recuperación de los heridos, se exterioriza la capacidad de un pueblo probado en muchos sacrificios, en la noche siguiente al atentado, alrededor del árbol centenario del encuentro de los Inzaeños, debajo de los simbólicos guayacanes amarillos y del tulipán rojo, precisamente el día de las velitas en los andenes, con la Virgen y en la tradicional noche de los niños, se dan cita para ratificar su pensamiento.

Allí muy cerca del sitio del atentado, las gentes se congregan con velas para alumbrar su tristeza y su esperanza, para reconocer el valor de sus valientes soldados y policías, para resaltar el esfuerzo de médicos y enfermeras de su hospital, de los miembros de La Cruz Roja, de los miembros de la Defensa Civil, de sus autoridades locales y de ellos mismos por estar allí alrededor de sus sacerdotes y creencias religiosas, con su Amo Jesús de Guanacas, imagen de significativo impacto en el imaginario socio-cultural de la región, tal como lo registra Gerardo Peña E., en su tratado sobre “Imágenes religiosas e imaginarios políticos” con su Virgen Inmaculada, para con mil velas encendidas iluminar la noche y decir cantando “Señor ofrecemos el dolor para contribuir a la construcción de la paz en Colombia”.

Conmovedora la escena de la niña anónima, espontánea, en medio del acto litúrgico buscando colocar en el piso y bajo la persistencia de la lluvia su vela encendida a medio consumir, allí precisamente en el sitio de la tragedia, en una dura noche de velitas navideñas.

Trocha de Inzá a Popayán, domingo 8 de diciembre, narrador Leonardo Peña.
nelsonpazanaya@hotmail.com

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