EXILIO DE BOLIVAR A JAMAICA
Jueves 15 de agosto, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

El general Morillo puso sitio a la heroica Cartagena de Indias del 18 de agosto de 1815 al 4 de diciembre del mismo año. Bolívar salió para Jamaica el 9 de marzo de 1815. Durante el sitio de Cartagena, Simón Bolívar se hallaba en Jamaica, según sus cartas, solicitando dinero para defender a los cartageneros.
Anécdota. El escritor Fernando Patxoto y Ferrer (1812 -1859) relata así la ida de Bolívar a Jamaica, ."El general Bolívar alma del partido patriota, se salvó, con sus ayudantes de campo y muchos oficiales, en Jamaica. Cuando su fuga fue conocida, los realistas enviaron un buque en su persecución, y ofrecieron cincuenta mil pesos al que le matase. Uno de sus criados, negro, tentado por el cebo de tan considerable suma, asesinó por equivocación a uno de sus ayudantes en su lugar. Era la tercera vez que se atentaba a la vida de Bolívar, por parte de los españoles, y en cada una de ellas sólo debió la vida a una feliz casualidad". [Fernando Patxoto y Ferrer].

Cordialmente,

***
La verdadera causa del exilio sufrido por
Bolívar en Jamaica.
Por: HoracioVé Giraldo Rivera
El Diario del Otún
Pereira. Colombia.
Publicado 3/04/2013


Siempre nos ha intrigado en grado sumo el porqué el general Simón Bolívar en la época de la campaña de independencia había estado desterrado en Jamaica. Porque son diversos los comentarios que se hacen de esta situación poco clara y sobre todo, quienes hemos tratado sobre el héroe, tuvimos la oportunidad de recurrir a las dos cartas de Jamaica que el personaje dejó plasmadas y en las cuales siempre mostró todo su conocimiento de la América en general.
Todos los historiadores digamos que a partir de Henao y Arrubla, traen unos una y otros, las dos cartas de Jamaica, como documentos en los cuales plasma su concepción de todos los pueblos diversos de la América hispana.

Y siempre se hablaba y se habla de estos documentos fechados en el año de 1815 que nos dejan dos interrogantes: Primero, a quién iba dirigida la primera misiva, porque a quien fuese, se le daba noticia de la idiosincrasia americana, de sus diversas formas de gobierno, de sus costumbres, usos y dependencias.

Y la segunda carta dirigida al director de una gaceta jamaiquina, también noticiaba a ultramares sobre los países americanos dependientes de la España colonial.

Y casualmente ha llegado a nuestras manos un documento histórico único y sobre todo, que nos da un gran margen de credibilidad: Editado bajo los auspicios del Banco del Estado de Popayán en edición cerrada y numerada de un mil ejemplares, en dos tomos de tamaño 32 x 24.5 cms., pasta dura, editado por la Litografía Arco de Bogotá en el año de 1980 con ocasión del sesquicentenario de la muerte del Libertador y cuyo autor es nadie menos que el general Tomás Cipriano de Mosquera, cuarto presidente constitucional de la Nueva Granada y quien fuera amigo personal y casi secretario de Bolívar.

Y quién otro podría darnos luces acerca del personaje a cuyo lado combatió y con quien tuvo momentos de intercambio de ideas.

También es del caso anotar que la presentación de la obra la hace Jaime Mosquera Castro, quien fuera Presidente del Banco del Estado de Popayán,  descendiente directo del Gran General Tomás Cipriano de Mosquera, pues su padre fue el doctor Manuel María Mosquera Wallis.[José Delgado Olano].

Tomás Cipriano de Mosquera nos detalla detenida y ampliamente todo el conocimiento que él personalmente tuvo del héroe Libertador de seis repúblicas. Recorre rincones desconocidos de la epopeya vivida y realizada por Bolívar, se muestra conocedor y experto de todos los momentos vividos por el Libertador a través tanto de su vida, como de sus campañas políticas llevadas a cabo y cuyo colofón final fue la independencia de la América hispánica.

Para Mosquera no hay secretos de ninguna naturaleza, no existe desconocimiento del tema y antes por el contrario nos entera de situaciones graves vividas por los combatientes del momento. Narra imparcialmente los vejámenes a que sometían a los habitantes civiles las huestes españolas, así como los cadalsos levantados y las tropelías cometidas por ambos bandos.

Juzga con acritud todos los actos tanto de un bando como del otro, nos dibuja cuadros de batallas con la naturalidad del conocedor, en forma de un ajedrez histórico que enseña cómo se organizaban los grupos en contienda y cómo se batía, además de las retiradas y los avituallamientos que se sucedían para que las acciones de armas fuesen más positivas.

Y dentro de esa nómina inmensa de personajes que bailaban en la mente del general Mosquera, saltan los nombres como si se tratase de sus mismos parientes. A todos los conoció, a todos los trató y de todos supo en cada momento de existencia, además, habla de ellos con una memoria única e incomparable.

Entonces, comienza a narrar cómo en el pináculo o al llegar a él, cada protagonista pretende encaramarse por encima de los demás, porque cada uno quiere tener una grada más por encima del hombro de sus semejantes y colaboradores.

Y como en cada cuadro humano, en cada calle del tránsito de la vida, todos pretenden situar su nombre y acciones por encima de los actos de los otros.

Es que en la gloria nadie quiere tener compañía. Y el axioma más claro de esto, fue la enemistad de Santander contra Bolívar.

Pero hay otros momentos, otros estados, otros personajes que también trataron de rivalizar con el Libertador en la gloria de esos momentos que vivieron, pero de los cuales ninguno quería retirarse, sino más bien compartir honores.

Los generales Piar, Rivas y Bermúdez, acolitados por un brigadier Castillo que al parecer era jefe militar de Cartagena y se había asociado con un aventurero llamado Decoudray de Hosltein, fueron los primeros conjurados en contra de Bolívar. Y bajo la mirada cómplice de un clérigo, empezaron una campaña en contra de los soldados venezolanos, e incluso se llegó a exigir que éstos se marchasen a su tierra y que la causa granadina la enfrentasen solamente los granadinos.

Y ante la necesidad urgente de Bolívar por reunir nuevamente los ejércitos independentistas buscando zanjar desavenencias, olvidar insultos y aún a costa de su propia humillación, trataba de volver las cosas a su estado natural, ellos continuaban abriendo la brecha de la discordia.

Previendo Bolívar la mala racha, en vista de que los españoles ya habían empezado la reconquista, trató por todos los medios posibles de que sus rivales gratuitos reaccionaran y dejaran de lado las discordias. Una frase suya dejó plasmada su voluntad de reconciliación “Temo más que la muerte, ser la causa de la guerra civil”. Y era que el momento no era para darse el lujo de emprender una guerra intestina, ya que las consecuencias serían claramente funestas. Pero las acciones rastreras siempre se imponen por encima del buen criterio.

Conclusión de todo esto, Bolívar en compañía de varios oficiales embarcó en un bergantín de guerra inglés, rumbo al exilio en Jamaica, el día 9 de mayo de 1815. Pero antes de salir, envió una de sus famosas cartas el 7 de mayo, a las autoridades de Cartagena, en la cual, tanto se duele de la situación, como aconseja la manera como debe ser tratada tanto la rebelión que lo expulsa, como la defensa frente a la reconquista iniciada por España.

Esta es pues, la causa del exilio sufrido por nuestro héroe en la isla de Jamaica, más concretamente en Kingston.
 

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