PÁGUELE PIEZA.
Domingo 17 de noviembre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

Diógenes Díaz Carabalí, escritor, se refiere a la antigua epidemia de la nigüa payanesa, que afortunadamente ha desparecido desde hace décadas de la Ciudad Blanca.

Cordialmente,

***

PÁGUELE PIEZA
Por: Diógenes Díaz Carabalí
Proclama del Cauca
Jueves 14 de noviembre, 2013


Todos los ‘patojos’, por nacimiento o por adopción, dice, en tono de picardía Ricardo Román Sánchez, saben la malicia que representa el término “Nigüa”, que desde su concepto antropológico los juiciosos discursantes de la facultad del Alma Mater caucana se han excusado en explicar, pero la connotación maliciosa define con lujo el ser del payanes, un tanto perspicaz, un tanto serio, un tanto burlón si de interpretar la realidad se trata. Para reírse de sus propios fracasos; para con oculto tino rebosante referirse a sus logros.

Claro que el ‘patojo’ que ha asumido este entorno de pipian y carantanta como propio sabe del origen del terminículo. Conoce de la simulada rasquiña producida por las otrora polvorientas habitaciones de la ciudad, que para los ricos eran ‘aposentos’, y para los pobres de pata al piso, ‘nidos’, o ‘piezas’, este último todavía perdura: “me voy p’a la pieza”; “Arrégleme la pieza”, o el clásico, cuando a dos ‘tortolitos’ les da por besuquearse en las bancas del Parque de Caldas, o bajo la protección de las arcadas del Puente el Humilladero, conocidos (que son casi todos en esta ciudad de marca herrera) y desconocidos, gritan: “!Págale pieza, yo veré!”

Hoy nadie recuerda ese insecto díptero originario de América y muy extendido también en África, del suborden de los Afanípteros, parecido a la pulga, pero mucho más pequeño y de trompa más larga. Las hembras fecundadas penetran bajo la piel de los animales y del hombre, principalmente en los pies, y allí depositan la cría, que ocasiona mucha picazón y úlceras graves (definición de la RAE). Desapareció bajo el cemento, con las lujosas cerámicas tipo italiana que aíslan y permeabilizan el piso, pero también con el hecho de que nadie se atreve a poner la pata al suelo, como si ardiera o quemara. Sin disculpa, gracias a los zapatos made in Taiwan que con imitación de marca se consiguen en los agaches de la ciudad, o los jueves en la galería del barrio Alfonso López, a precios módicos, como gusta a los patojos, con una buena rebaja.

Hoy el término ‘nigua’ refiere la charla maliciosa que tiene como escenario el Parque de Caldas, con preeminencia la que se desarrolla frente a la alcaldía, en donde se raja, a sus anchas, de los personajes importantes de la ciudad, se vigila la acción gubernamental de las autoridades, se critican las decisiones de gobierno, se murmura de las damas y los hombres que logran caer en la viperina lengua de los nigüentos, o niguatosos, protagonistas reconocidos que se dan cita tácita a cualquier hora del día. Incluye a personas ocupadas, que no escatiman “pasadita” para enterarse de los últimos hechos, y desde luego dejar entre sonrisas de picardía su análisis malicioso. Esta es una clase social que no está muy delimitada, ni tampoco reparan en títulos nobiliarios; más bien surge de la necesidad comunicante que conserva la tradición oral patoja. Además porque su inclusión no cuesta un tinto.

Es de advertir que frente a la Gobernación del Cauca se reúnen de otros municipios. Ese sacoleva oscuro que llevaban antaño los patojos, lo han heredado en corte sastre los negros del norte, los prietos patianos con su apreciación exagerada de los beneficios de un gobernador de posdata, sumados los vestidos de lujo con que descrestan a los turistas las naguas de los guambianos.

Esa es la mera realidad de la nigua y los nigüentos de hoy. De allí Ricardo Román derivó el nombre de su periódico. “La Nigua”, el periódico, constituido en complemento del chisme callejero, de la crítica maliciosa, de la burla ponderada con que se recrean las bancas del Parque, para que las autoridades direccionen, para que la inversión sea pronta, para que no se roben la platica pública, porque si la roban, a ese tipo de protagonistas les cuesta cruzar el parque frente a la mirada acusadora de los nigüentos, como les rasca hasta el alma que aparezcan reportados en las páginas del periódico. Esa es la vida de “La Nigua” en que muchos nos hemos comprometido con Ricardo. Es el sueño cumplido de un amigo que en este noviembre está de cumpleaños, no sé cuántos, solo su esposa tan amable y bondadosa, y sus hijos quienes tampoco quisieron hacer público el secreto.
***

  Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red
 payanesa por favor informar a
mariopbe@gmail.com
 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please
 reply to   mariopbe@gmail.com