DIONISIA MOSQUERA Y BONILLA.
Domingo 25 de agosto, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

Amigos:

Dionisia Mosquera y Bonilla es uno de los personajes que más interés ha despertado en los lectores de la historia de la ciudad de Popayán desde el Siglo XVIII. En la Red Payanesa también nos hemos referido a él, en dos ocasiones:

Dionisia 1999 2 junio y Dionisia II 1999 4 de junio.

Vicente Pérez Silva, abogado de la Universidad del Cauca, Escritor e investigador; Miembro de la Academia de Historia de Nariño, ha publicado un libro y en la Revista Credencial un articulo sobre Dionisia. De Credencial transcribimos los párrafos:

*  El primer párrafo del articulo de Vicente Pérez Silva,
*  Principales versiones históricas del crimen.
*  El  texto de la sentencia de la Real Audiencia de Quito, 1770

Entre los documentos consultados por Pérez Silva, está el expediente original que reposa en el archivo de la Casa de la Cultura de Quito, Ecuador, que consta de 269 folios, escritos por ambos lados, y el del archivo de Popayán que únicamente conserva copia de la sentencia proferida por la Real Audiencia de Quito.

El libro de Pérez Silva fue publicado en 1997, por Ediciones Temas de Hoy, Bogotá, y en la Biblioteca del Congreso, USA, se puede leer con el número de llamada HV6053 .P47 1997. Víctor Paz Otero le dedica a la historia de Dionisia 19 páginas (79-98) de su libro "El Demente Exquisito".

 Cordialmente,

***

INICIO DEL ARTICULO DE VICENTE PÉREZ SILVA
 "Dionisia de Mosquera: un crimen pasional del Siglo XVIII en Popayán"

Entrada la noche del lunes 29 de enero de 1770, en la apacible villa de Popayán, se cometió un “atroz y nefasto asesinato”, con premeditación y alevosía, en la de don Pedro López Crespo y Bustamante, marido de doña Dionisia de Mosquera y Bonilla, autora y actora de tan pavoroso crimen pasional, en compañía de su amante don Pedro Hermenegildo García de Lemos; dos Pedros conocidos comúnmente con los nombres abreviados de Pedro Crespo y Pedro Lemos. Crimen que se llevó a cabo con el concurso y la colaboración material de Joaquín Perdomo, mayordomo de la hacienda La Herradura, en el valle del Patía, de propiedad de doña María Teresa Ante de Mendoza, madre de don Pedro Lemos; y de Francisco Ficher y Pedro Fernández de Borja, esclavos negros.

LAS VERSIONES DEL CRIMEN.

Conviene traer a la memoria que el primer escritor que se ocupó del referido episodio criminal es José María Cordovez Moure, cuando en la tercera serie titulada Raza maldita de sus famosas Reminiscencias de Santafé y Bogotá, publicada a comienzos de 1896 y relacionada con el tema de la esclavitud, transcurrido más de un siglo, nos sorprende con esta reminiscencia, hasta entonces ignorada y olvidada:

“En la casa situada en la esquina sub-este del monasterio del Carmen en Popayán, vivía a fines del siglo XVIII don Pedro Crespo con su esposa infiel, que deseaba deshacerse del marido para quedar en posibilidad de ocultar su adulterio. Al efecto concertó con dos de sus esclavos que lo asesinaran de una puñalada a tiempo en que pasara por la puerta de la casa un toro bravo. Arreglado el complot, se aprovechó de la costumbre que tenía don Pedro de entrar a su morada a las siete de la noche. Mientras que el infeliz marido caía en el zaguán con el corazón atravesado por uno de los esclavos, el otro negro conducía en la calle un novillo en soga, advirtiendo a gritos de que huyesen los transeúntes del terrible animal.

“En la noche circuló en la ciudad la noticia de que a don Pedro lo había matado un toro de una cornada al entrar a su casa…”

Pocos años después de este escrito, el historiador y diplomático José María Quijano Wallis, en el capítulo IV, “Impresiones de mi infancia. Un drama pavoroso” de su obra Memorias, publicada en Roma en 1919, se ocupa más detenidamente del crimen de marras, gracias a la relación que en la infancia escuchó de labios de su abuela, doña Baltazara Caldas, y gracias a las relaciones que más tarde le hicieron don Miguel Arroyo y el doctor Teodoro Valenzuela quien, cuando cursó estudios de abogacía en la Universidad del Cauca “conoció la terrible tragedia e hizo inquisiciones minuciosas en los archivos judiciales de la ciudad para conocerla en todos sus detalles”.
De esta manera, vemos que la tradición oral, no obstante el transcurso del tiempo, no había olvidado del todo este fatal suceso que, al final, parece cubierto con rasgos novelescos o de leyenda.

Dicho lo anterior, también es preciso advertir que la narración de Quijano Wallis, ha sido el punto de partida de todos los escritos o ensayos que han visto la luz con posterioridad, entre otros los de Gustavo Arboleda, José Domingo Rojas, Arcesio Aragón, Alberto Lleras Camargo, Antonio José Lemus Guzmán y Diego Castrillón Arboleda. Y de época más reciente, las páginas que, sobre este particular, dedica Víctor Paz Otero en su biografía novelada "El demente exquisito. La vida estrafalaria de Tomás Cipriano de Mosquera". (Bogotá, 2004).


SENTENCIA DE LA REAL AUDIENCIA DE QUITO, 1770

“En la causa criminal seguida de oficio… por el enormísimo delito de parricidio perpetrado con alevosía y asesinato en la persona de don Pedro López Crespo de Bustamante, marido legítimo de la referida doña Dionisia quien además de haberlo injuriado faltándole a la fe del matrimonio con el dicho don Pedro Lemos […].

“Fallamos que haciendo justicia y en fuerza de los méritos del proceso debemos condenar y condenamos en la pena ordinaria de muerte a don Pedro García de Lemos, a doña Dionisia de Mosquera, mujer que fue de don Pedro López Crespo, a Joaquín Perdomo, a Pedro Fernández de Borja y a Francisco Fiche, la que se ejecutará en la manera siguiente: don Pedro Lemos y doña Dionisia de Mosquera serán conducidos a un cadalso público, donde sentados y arrimados a un garrote se les ahogará con un cordel hasta que naturalmente mueran; Joaquín Perdomo, Pedro Fernández de Borja y Francisco Fiche se sacarán arrastrados a la cola de un caballo y serán conducidos por las calles públicas, hasta el lugar de la horca, donde serán colgados del pescuezo hasta que mueran, manteniéndolos en ella bastante tiempo con correspondiente guardia y puestos después los cuerpos en el suelo serán trozados y descuartizados cuyas cabezas en jaulas de fierro se clavarán en las puertas de la cárcel y los demás cuartos serán puestos en vigas altas repartidas por los caminos de Patía. … y que se proceda prontamente a hacer prolijo embargo de todos los bienes de los expresados reos…”
“Autos criminales que de oficio de justicia se están siguiendo contra don Pedro García de Lemos, doña Dionisia de Mosquera y otros cómplices sobre el asesinato y muerte que dieron a Pedro Crespo de Bustamante”. 1770.

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