FICCIÓN IRREALIDAD
Domingo 10 de noviembre, 201
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

Juan Esteban Constain se refiere a un hecho sucedido hace 75 años que provocó un gran pánico debido a la invasión de extraterrestres que anunciaba una radio.

Cordialmente,


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FICCIÓN IRREALIDAD
Por: Juan Esteban Constaín
Columnista de El Tiempo
4 de septiembre, 2013
Bogotá. Colombia


 Como muchos aquí recordarán, el 30 de octubre de 1938 ocurrió uno de los episodios más cómicos y trágicos, y reveladores, de la historia de la humanidad. Quizás el más importante. La noche de ese día, justo un domingo antes de Halloween, Orson Welles narró por las ondas de la CBS una adaptación dirigida por él de La guerra de los mundos, la novela de H. G. Wells (casi su homónimo) que especulaba a finales del siglo XIX con una posible invasión de los marcianos al planeta Tierra.

Para darle verosimilitud a la adaptación, Welles acudió a una técnica narrativa que de inmediato probaría su eficacia y su peligro: empezó a las 8:15 p.m. el programa, un programa de radio cualquiera, y lo fue salpicando e interrumpiendo con falsos avances noticiosos que daban cuenta de la invasión marciana. Él mismo actuaba como el “famoso astrónomo” Richard Pierson, que negaba por absurdos, en directo, los rumores de la guerra de los mundos. Mientras, en el estudio, se oían cohetes volar por los aires y la voz cada vez más agitada del narrador.

Lo increíble –o no, eso es lo mejor– es que quienes oían ese delirio por la radio ni siquiera asumieron la advertencia inicial de que se trataba de una novela adaptada, una ficción, y miles creyeron que era cierto, que los marcianos estaban llegando a Manhattan y que había que correr: alzar unas cositas, y correr como almas que lleva el diablo. Según el New York Times del día después, familias enteras huían de sus casas con toallas en la cabeza (?), y los pastores bendecían desde las esquinas a la multitud enloquecida. De nada valió un comunicado de la policía en el que aseguraba que “todo” es una ficción (!).

Algo así había ocurrido en enero de 1926 –dice Wikipedia que de allí sacó Welles la idea para su montaje–, cuando el sacerdote inglés y magnífico ensayista y novelista, y magnífico sacerdote, Ronald Knox, transmitió en su programa de la BBC la noticia de una falsa revuelta en Londres en la que las turbas furiosas acababan con la ciudad. Los oyentes quedaron tan asustados que muchos huyeron al campo para librarse del fuego y de la ira popular. El día después, según la misma fuente, hubo una terrible nevada que impidió que los periódicos pudieran repartirse en toda Inglaterra. La gente les atribuyó ese hecho a los destrozos de la víspera.

Pero hay más: el 12 de febrero de 1949, el director Leonardo Páez hizo en Radio Quito su propia versión de La guerra de los mundos, inspirado en una copia del libreto de Welles que tenía su colega chileno Alfredo Vergara. El montaje fue un poco el mismo: un programa de radio de variedades, interrumpido por falsas noticias de último minuto que narraban cómo los marcianos iban llegando a la capital del Ecuador. Sólo que esta vez ni los actores tenían claro que todo era falso, mientras afuera la gente corría desesperada sin saber de verdad si los invasores eran extraterrestres o alemanes o peruanos (?).
Lo peor vino luego, cuando la multitud supo por la misma radio que la alarma era un montaje, que las nubes no eran ovnis, que no había marcianos ni alemanes ni peruanos invadiendo la ciudad. Entonces, ahí sí, quién dijo miedo. La turba indignada se dirigió al edificio del diario El Comercio, donde también funcionaba Radio Quito, y lo quemó. EL TIEMPO dio la noticia el 14 de febrero: “Hasta el momento seis víctimas carbonizadas en los escombros”.

Decía Eliot que la humanidad no puede soportar demasiada realidad, y al parecer tampoco demasiada ficción. Como en el cuento de García Márquez, “algo grave va a pasar en este pueblo”.

No creo que en Colombia llegue a ocurrir nunca nada así. Aquí a nadie se le ocurriría profesarle fe a la ficción o negar la realidad. Jamás.


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