QUISIERA SER
Lunes 25 de noviembre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
Popayán, Red Patoja

Amigos:

José María Corella Hurtado, Médico anestesiólogo, estudió en Popayán, se refiere a un caso que desafortunadamente no es aplicable solamente a Nariño, el Cauca también está en caso lamentable. Afortunados que pueden ir bicicleta a Barbacoas.

Cordialmente,

***

  QUISIERA SER
Por: José María Corella Hurtado.
Pasto, Nariño
 
Quisiera ser…..
 
Quisiera ser un poderoso brujo, de esos de las hechicerías para cambiar la suerte de Barbacoas, mi tierra. 
 
Quisiera ser tener la lámpara de Aladino, de la que salga el hosco genio para pedirle que se acuerden de Barbacoas: La Perla del Telembí.  
 
¿Qué se puede hacer para que aplanen la  carretera? Para que alguien oiga las exigencias. Que el gobernador de Nariño o el Ministerio de Obras destine, por lo menos, una máquina permanente para que la allanen, con unas volquetas de tierra. Pero nada. El abandono, la apatía, la indolencia y la frialdad de los gobernantes y en especial de los gobernadores locales quienes van, ven y nada hacen nada. Que desanimo.
 
 No hay derecho, para que en pleno siglo 21,  la carretera que va desde Junín a Barbacoas, esté así; una senda anegada de fangales, charcos y baches a lo largo de sus 57 kilómetros de  recorrido; donde los niños negritos, quienes viven en las orillas de la vía, la tratan de aplanarla con tierra y se hunden literalmente, debajo de las llantas de los camiones para enlazar gruesas cadenas y manilas de acero, para que otros camiones los remolquen, los cuales serán remolcados nuevamente entre sí,  en un intercambio de remolques sucesivos hasta que arriban a Junín o a Barbacoas. Esos niños que parecen salidos de los lodazales de Armero, reciben unos centavos a cambio, o no reciben nada.
 
Así es la carretera, tal como la vimos los ciclistas que recorrimos el tramo de 56  kilómetros, en seis horas; mucho más rápido que los camiones atascados y dejados atrás, sumidos en lodazales bíblicos; desde Junín hasta Barbacoas, el 5 de noviembre de 2013. Que pesar. Las gráficas son concluyentes.
 
Dentro de seis años se cumplirá un siglo, o sea cien años de promesas fallidas para tener esa carretera, desde cuando el Presidente de la Republica: Don  Marco Fidel Suarez, ofreció una vía digna a Junín y desde allí a Túquerres y olvidar las fatigosas épocas en que se viajaba a espaldas de los cargueros nobles o a lomo de las bestias sudorosas de las arrierías, durante ocho días que duraba el recorrido.
 
Barbacoas ha sido pródiga en hombres ilustres; ocho gobernadores oriundos; Francisco Albán Paz en dos períodos, Max Llorente Ortiz, Pedro Díaz del Castillo Gutiérrez, José María Salazar Albán, Sergio Antonio Ruano, Luis Avelino Pérez Puente y Jesús Rosero Ruano y cuatro gobernadores, hijos de barbacoanos; José María Salazar Bucheli, Mario Córdoba Pérez, Alberto Díaz del Castillo Zarama y Luis Eladio Pérez Bonilla, y… el pueblo siempre pobre y con una carretera inverosímil.
 
Barbacoas ha sido pródigo en poetas y músicos como Jeremías Quintero, autor del villancico “El Duraznero” de fama mundial y  muchos pianistas y  padres de preclaros, senadores, representantes y hombres que fueron presidentes de Costa Rica y Ecuador.
 
A Barbacoas la han visitado presidentes, llegados en helicópteros, por tierra y navegando en el rio, con su séquito de ministros olvidadizos quienes han prometido esta y la otra vida para hacer la carretera. Han ido ministros encumbrados como Argelino Durán Quintero; recibido con banda de tambores y clarines… y el pueblo siempre pobre. Han ido gobernadores con sus secretarios, también olvidadizos… y el pueblo siempre pobre.  
 
 Han ido comandantes con sus ejércitos y  tanquetas de soldados ataviados de camuflados vistosos y  temerarios. Les han brindado honores. Han ido guerrilleros de todas las líneas y pelambres del pensamientos… y el pueblo…siempre pobre, huérfano y sin su carretera.
 
Se han levantado en protestas y reniegas a  granel y por doquier, pero el pueblo… siempre pobre y sin carretera.
 
Un grupo de muchachas ardorosas quisieron expresar la inconformidad y el abandono e idearon el movimiento de: “Las Piernas Cruzadas” que se volvió banalidad desabrida para los gobernantes y los periodistas que vieron en ello un motivo de hilaridad lujuriosa,  y el pueblo… sigue siendo pobre y sin carretera.
 
Vimos llegar las dragas ominosas y sedientas  que devoraron el rio en el siglo pasado y prometieron carreteras y puentes a cambio del subsuelo y… el pueblo sigue siendo más pobre aún.
 
Hemos convivido con la guerrilla infame, hemos convivido con los paramilitares y toda suerte de  escuelas y líneas; llámense guerrilleros o narcotraficantes o como quiera y…el pueblo siempre pobre.
 
Ahora miramos, horrorizados las retroexcavadoras aleves de los paisas, que transitan, como  Pedro por su casa; con sus camas bajas (tracto mulas donde transportan las retroexcavadoras) que hunden la carretera y la ahonda cada vez más, quizás 200 o más; grandes y monstruosas, para socavar los ríos, como sanguijuelas que retozan en medio del agua y se mueven de allá para acá y de acá para allá; ominosas y siniestras como las dragas americanas; carcomiendo el subsuelo y las vertientes y los afluentes y las quebradas invisibles y perdidas en selva adentro donde no pudieron llegar las enormes dragas de los gringos, produciendo igual o más deterioro al ecosistema, dañando el rio y dejando iguales montañas de piedras como los americanos….y el pueblo siempre pobre y sin su carretera.
 
Ahora el pueblo es de los paisas y para los paisas, como en otrora lo fue de los gringos y para los gringos.
 
Atrás quedaron las nobles familias de rancio abolengo. Aquello fue una quimera, una  ilusión. Fue una quimera que es preciso olvidar. Y a pesar de todo, el pueblo sin su carretera.
 
José María Corella Hurtado.

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