DOÑA JUANA SANCHEZ DE MOURE
Domingo 10 de marzo, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Juanita Sánchez de Moure, tía del Gran General Tomás Cipriano de Mosquera,
era una distinguida dama residenciada en Villeta, Cundinamarca, que tenía la
primera posada del pueblo, originando el turismo de dicha villa. José María
Cordovez Moure
, escritor e historiador caucano (Popayán 1836-1918), se
refiere a los distinguidos huéspedes de doña Juanita. Esta dama fue la que
sembró personalmente en 1848 la famosa ceiba en la plaza de Villeta.

Cordialmente,

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REMINISCENCIAS DE SANTAFE Y BOGOTA
Doña Juana Sánchez de Moure
Por: José María Cordovez Moure

En el año de1844 se estableció en Villeta la distinguida señora Juana Sánchez de Moure, en busca de salud, obtenida la cual resolvió quedarse a vivir allí y constituirse en providencia para los viajeros y menesterosos del lugar. Por la muerte repentina de don Juan hubo de rematarse la casa que perteneció a éste, viniendo a ser propiedad de la señora Sánchez. Esta nobilísima anciana no era rica; pero vivía de su trabajo, cuyos productos empleaba en mantener aseada y paramentada la iglesia, en socorrer a los pobres y en proporcionar a los forasteros lo que necesitaran, para lo cual tenía muebles de repuesto y muchos objetos de reconocida utilidad, que no es fácil llevar de una parte a otra sin evidente riesgo de destrucción. Desde entonces se puso de moda Villeta para ir a temperar, y no hubo quien tratara a esa matrona que no se sintiera como subyugado por la bondadosa influencia que ejercía su amable presencia, cultos modales, y más que todo, su conversación, que era fuente inagotable de agudezas o historias instructivas. Poseía en alto grado lo que se llama don de gentes. Mientras vivió María Ignacia Moure, hija de la señora Sánchez, mantuvo la tradicional costumbre establecida por su santa madre de dar "posada al peregrino" en Villeta.

Nunca pudo resignarse la señora Sánchez con el destierro de Manuel José, que era como llamaba al Arzobispo Mosquera, sobre quien tenía el ascendiente que le daba el haberlo amamantado. El ilustre Prelado la llamaba tía Juanita, y la obedecía como un niño en los días que permaneció en Villeta, en su casa, mientras daba algún respiro la aguda enfermedad que sufría, para continuar el camino del extranjero, adonde lo lanzaban las aberraciones políticas de ese tiempo, viaje del cual no había de volver. En su cariño maternal llegaba la señora Sánchez hasta quitar el breviario de las manos al ilustre enfermo, porque los médicos le habían prohibido la lectura. Al colocar al Arzobispo en el guando en que debía conducírsele hasta Honda, lo acomodó la señora como hace una madre con su hijo al acostarle en la cuna, le besó la frente, en seguida se arrodilló para recibir su postrera bendición, contempló por última vez aquel rostro dulce y majestuoso, y con voz entrecortada por los sollozos que la ahogaban, le dijo: |Manuel José, ruega mucho a Dios por los que te persiguen!

Durante los pocos días que permaneció el General Mosquera en casa de la señora Sánchez, en el año de1863, le presentaba aquel a los diferentes Jefes y Oficiales que entraban a hablarle. Tomás, le dijo cuando se vio a solas con éste, te veo rodeado de gentes que te amarrarán en el momento que menos lo pienses. Seis años después permitieron al General Mosquera que pernoctara en la misma casa, de paso para el Perú, adonde se le llevaba desterrado por consecuencia de la conjuración del 23de mayo de1867. ¡Ah, tía Juanita, exclamó el proscrito al verla y abrazarla; quien me hubiera dicho que se cumpliría la profecía que usted me hizo en esta misma casa!

El infortunado General José María Obando a su paso por Villeta en el año de1861, se hospedó en la morada de la señora Sánchez,  y como eran antiguos conocidos y amigos, aquel la puso al corriente de varias de las medidas que pensaba tomar al entrar a1a capital. -Eso será- le replicó la señora - si antes no lo matan, porque la guerra es guerra.

Ocho días después caía Obando alanceado en el campo de Tierranegra.

En toda la comarca era conocida la señora Sánchez con el distintivo cariñoso de misiá Juanita, y aunque muy querida y respetada, no le faltaba uno que otro malqueriente. Sucedió, pues, que un vecino anciano le entabló pleito por una medianía que a él le tocaba mantener. Citada la señora al Juzgado, pidió su contendor, con lujo de grosería, que se le nombrara curador, porque ya estaba muy vieja y no sabía lo que hacía. Doña Juana, sin inmutarse ni darse por notificada, contestó la andanada así:

-Señor Juez, nombre usted al señor don Gregorio Ramírez dos tutores: uno porque lo necesita como jovencito menor de edad, y otro para que le enseñe urbanidad.

Ante este escopetazo salió despedido don Gregorio, desertando de la demanda.

Tal era, a grandes rasgos, el carácter de una de nuestras matronas colombianas, cuyo hogar era asilo obligado de los forasteros que iban a Villeta por cualquier causa, en donde encontraban las costumbres de la mejor sociedad. Allí murió la señora Sánchez en el año de1871,después de ochenta y siete años de abnegación y sacrificio en favor de sus semejantes, llorada de todo un pueblo y admirada de cuantos la trataron. Aún viven muchas personas en Bogotá que pueden abonar nuestro dicho, y en la plaza de Villeta la opulenta ceiba que sembró aquella anciana con propia mano, en el año de1848.

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