PRIMERA PINTURA HISTÓRICA DE COLOMBIA
Miércoles 6 de noviembre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

Amigos:

Camilo Calderón, Maestro de las Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, con profundización en Pintura e Historia y Teoría del Arte, en su artículo sobre la pintura histórica del país, se refiere en los párrafos siguientes a la primera obra de pintura histórica de Colombia, obra hecha en 1816 por José María Espinosa Prieto, en la ciudad de Popayán.

Cordialmente,


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LA PINTURA DE HISTORIA DE COLOMBIA
Por: Camilo Calderón
Credencial Historia
Febrero 2004.
Bogota. Colombia

 La primera muestra de pintura histórica en Colombia se dio el día jueves 8 de agosto del año bisiesto de 1816. Se trata del quintamiento sufrido ese día por algunos patriotas de la Campaña del Sur prisioneros en la cárcel de Popayán, a manos del capitán realista Laureano Gruesso.

Al pie del dibujo, su autor escribió estas palabras: «José María Espinosa Prieto en los calabozos de Popayán cuando fue quintado para ser fusilado el año de 1816. Cuadro pintado por él mismo en el calabozo». José María Espinosa, el abanderado de Nariño, realizó este dibujo en tinta y aguada sobre una pequeña hoja de papel blanco. En sus Memorias de un abanderado, publicadas por José Caicedo Rojas en 1876, Espinosa nos cuenta en el episodio del quintamiento: «Yo, llevado de mi buen humor, y de mi afición al dibujo, hice una caricatura de don Laureano Gruesso con mi barrita de tinta de China que saqué de Santafé, y que no me abandonó en toda la campaña hasta mi regreso, y sirviéndome de pincel un esparto o paja que mojaba con saliva». 

El abanderado refiere lo siguiente: «En el acto nos hicieron formar allí mismo en fila; y como yo sabía que la quinta consistía en contar de derecha a izquierda desde uno hasta cinco, y aquél a quien le caía este último número quedaba sentenciado a muerte, tuve valor para salirme hasta por dos veces de la fila y contar de derecha a izquierda, y siempre me cayó el fatal número [...] Pero no era ese el sistema de quintar que iban a emplear con nosotros sino el de boletas. Estando formados hicieron entrar un niño como de diez años, y poniendo dentro de un cántaro veintiuna boletas enrrolladas de las cuales diecisiete estaban en blanco y las cuatro restantes tenían escrita una [letra] M, se lo entregaron para que fuese pasando por delante de la fila. Entonces ví que había perdido mi trabajo de contar y que era ilusoria la esperanza que tenía de que me tocase el número tres. Cada cual sacaba su boleta, la desenrrollaba y la mostraba, y si tenía la M, decía el coronel Jiménez: "¡Dé usted un paso al frente y pase a capilla!"».

La escena, dibujada sintéticamente, muestra las dos filas enfrentadas de los prisioneros y de los soldados realistas y al jefe español con la espada desenvainada, como una figura caricaturesca. Todo el drama del momento histórico se cifra en ese enfrentamiento de los dos bandos.

Medio siglo más tarde, pero antes de publicar sus Memorias, Espinosa volvió a pintar la Quintada, esta vez en el álbum del historiador José María Quijano Otero, que se conserva en la Biblioteca Luis Angel Arango. Espinosa narró nuevamente el episodio del quintamiento y lo acompañó con una acuarela en la que presenta con más detalle al grupo de prisioneros y el patio de la cárcel, llegando incluso a diferenciar con detalle los vestidos de los patriotas. El caricaturista y dibujante incluyó también algunos elementos humorísticos: el jefe patriota aparece ahora de espaldas y en la pared dibuja su réplica junto a un perro y otros personajes en forma de grafitti, así como el letrero "cuantum melior morior", una máxima estoica.

Los oficiales que sacaron boleta de muerte fueron nada menos que José Hilario López, Rafael Cuervo, Mariano Posse y Alejo Sabaraín, el amante de Policarpa Salavarrieta. En el álbum, Joaquín París cuenta que "López, luego que sacó su boleta a muerte, en vez de inmutarse hizo con ella un cigarrillo y luego entró a la capilla diciendo: me fumaré mi suerte...". Pero al día siguiente, cuando ya los condenados estaban al pie del banquillo en la plaza de San Camilo, donde encontraron los cadáveres de otros patriotas fusilados, llegó desde Quito el indulto del presidente Toribio Montes, que les salvó la vida. Espinosa firmó y fechó su relato el 16 de diciembre de 1869.


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