SILVIA AYERBE CHAUX DE CAICEDO
REGRESO A CASA
Viernes 21 de junio, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

SILVIA  AYERBE  CHAUX  de  CAICEDO
REGRESO A CASA
POR
: JAIME VEJARANO VARONA
Popayán,  21 de junio, 2013

Así como duelen las partidas, con idéntica emocional intensidad se siente los retornos.

En la hermosa y solariega casa situada frente al Paraninfo - ocupada hoy por la Junta pro Semana Santa-  establecieron su feliz hogar en el siglo anterior el ilustre ciudadano don Julio Manuel Ayerbe Segura y la bella y distinguida payanesa Adelaida Cháux.  Allí se levantó una de las más  prominentes y tradicionales familias que han ennoblecido a esta ciudad. 

Algún día, una de sus hijas, Silvia, bella y espiritual como ninguna, llamada por el amor salió para formar su propio hogar con el distinguido médico Víctor Gabriel Caicedo.  Y su ausencia, por supuesto, entristeció a los suyos desdibujando parcialmente el espléndido cuadro familiar.

Pasaron muchos años en que su figura vino a brillar con luz propia en la ciudad que se ufanaba de tenerla como a una de las damas más representativas de la sociedad. Y sus calidades humanas, su carácter, su dulzura, su inteligencia y su talante, se ganaron el elogio, el cariño y la admiración de todos los payaneses.  ¡Qué gran mujer!

Era dueña de una sonrisa subyugante y de un rostro esplendoroso que, como la flor del amaranto, nunca llegó a marchitarse. Pareciera que el paso de los años le agregaba esbeltez y luz a su risueña faz.  Nunca, creo yo, se diseñó en su cara un gesto de tristeza o de amargura.

Su corazón pleno de amor supo lo que era distribuir afectos. Y su caridad sin límites prodigó a quienes acudían a ella, como a su ángel protector, toda la ayuda que precisaban. Tendió su mano generosa a obras pías y sociales a las cuales brindó apoyo incondicional.

A su buen cargo la Arquidiócesis de Popayán confió su más grande tesoro artístico sagrado al  designarla como infalible guardiana del Museo de Arte Religioso. Y a fe que cumplió al extremo su encargo, como que, habiéndose destruido su casa de habitación en el terremoto de 1983 fue su angustia correr a poner a salvo las obras artísticas a su cargo, frente al desorden caótico que sucedió a ese trance geológico.

Siempre acompañada de su hermana Lulú, la vimos asistiendo a todo acto cultural o social ofreciendo la solidaridad de su noble presencia.

La elipse de su vida vino a declinar como es natural, al peso de una larga, virtuosa y fecunda existencia.  Y entonces ocurrió la conmovedora imagen del regreso.  Su liviana estructura humana regresó al hogar de sus mayores, donde ella vivió los felices años de su brillante juventud,  para recibir allí el merecido homenaje póstumo de su ciudad.

Y su espíritu, transportado en alas de su fe irreductible, volvió también a la estancia celestial donde moran sus antepasados, para gozar de su compañía y la del Creador que la tuvo como hija predilecta.

Vuelve pues Silvia, en cuerpo y alma,  a sus moradas  primigenias y desde allí estará dándonos su aliento espiritual para seguir su virtuoso camino.

***

   Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red
 payanesa por favor informar a
mariopbe@gmail.com
 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please
 reply to   mariopbe@gmail.com