JHONNY ALEXANDER BRAVO
Viernes 6 de septiembre, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com
mariopbe.com

Amigos:

Ofrecemos la historia de un chico que superó la pobreza y el medio:  Jhonny Alexander Bravo. Nació en San Pablo, Nariño y de tres años fue llevado a Popayán. Heredó de su padre el talento del baile, destreza que lo condujo a un sueño hecho realidad.

Cordialmente,
 
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EXPLOSIÓN SALSERA, UN SUEÑO HECHO REALIDAD
Por: Jonny Molano
Especial para El Nuevo Liberal
EL NUEVO LIBERAL. POPAYAN.
07:47 p.m. 02 septiembre, 2013



 Este es el recorrido que ha trazado Jhonny Alexander Bravo a través de la música, el baile y la enseñanza. Nos adentraremos en la vida de un personaje que siempre tuvo claro que su sueño era ser instructor de baile, y lo cumplió pese a las dificultades.

Jhonny Bravo llegó a Popayán a comienzos de los noventa. Lo trajeron su madre Gilma Gómez y su abuela Beatriz Córdoba. La razón por la que decidieron apartarse del municipio de San Pablo (Nariño) es quizá atribuible al problema de alcoholismo del padre de Jhonny, quien nunca ha respondido por su hijo. Así las cosas, Gilma Gómez y Beatriz Córdoba decidieron salir de su pueblo con un niño de tres años y adentrarse en la ciudad Blanca para construir un futuro mejor.

El talento para el baile se lo debe a su papá, eso es lo que asegura Jhonny. Él recuerda que en las vacaciones escolares se iba para su pueblo natal, donde estaba su familia paterna. Allá todos sus tíos escuchaban boleros en salsa, y su padre -con unos tragos de más en la cabeza- era el encargado de convertirse en el bailarín del pueblo.

“Nadie le enseñó las posturas o los pasos, pero él es un buen bailarín. Lastimosamente es así solo con el trago, porque bueno y sano no hace eso”, afirma Jhonny con una sonrisa taciturna.

“Para el día de la madre, el día del padre, el día del idioma, mejor dicho, yo salía a bailar para todos los eventos que hacía el colegio”. Jhonny empezó bailando música folklórica, sin embargo, asegura que una canción le marcó el sendero que quería recorrer como bailarín: ‘Lluvia con nieve’. Desde que escuchó las trompetas de Mon Rivera, creó un lazo que hasta ahora se mantiene, y es que no es fácil olvidar la primera canción de salsa que bailó con coreografía. Fue en ese instante, con 13 años, cuando apareció su primer instructor de salsa: Jhon Domínguez.

Jhonny se refiere a Domínguez con respeto: “él me dio mis primeras bases y me ayudó a montar mis primeras coreografías. Le debo muchas cosas”. Pero no duda, como lo hacen las personas que tienen carácter, en criticar a su antiguo maestro: “lastimosamente no tenía la mejor pedagogía para enseñar. Además, no pudimos seguir trabajando por inconvenientes, es que en esto hay que ser muy dedicado”. Ahora bien, si su padre le dio el talento, su primer maestro fue igual o más importante, pues fue él quien lo motivó en este largo camino que día a día recorre bailando.

Entre los trece y catorce años, Jhonny se dedicó a entrenar para bailar salsa con un grupo de amigos. El aprendizaje se hizo prácticamente de forma empírica, pues en ese momento una academia de salsa en Popayán era solo una ilusión. Entonces, con un creciente amor por el baile, Jhonny decide viajar a la ciudad de Cali para poder aprender de las grandes escuelas. El viaje consistía en ir solo a observar cómo bailaban los integrantes de las academias caleñas, sin poder entrar a la pista de baile, pues la inscripción a una de estas instituciones era impagable.

“Yo le decía a mi mamá que lo que hacía no era una perdedera de tiempo, que algún día le iba a enseñar a bailar a la gente”. Es preciso aclarar que la meta de Jhonny no era la de ser el mejor bailarín, él tenía un sueño más comunal: “yo siempre quise enseñar a bailar, es que ser el mejor bailarín es más fácil que ser el mejor instructor. Por ejemplo, para ser campeón en un mundial en Cali se necesita entrenar, encontrar una buena pareja y una academia con alto nivel. Pero ser instructor requiere de más cosas, es mucho más complejo, por eso buscaba el conocimiento allá (en Cali)”.

Este amante de la música de Oscar de León, Ismael Rivera y Los Hermanos Lebrón, terminó el bachillerato con 16 años. En ese entonces ya había aprendido mucho acerca del arte de bailar. Sus viajes a la ciudad de la salsa se hicieron más continuos y tenían como propósito esencial aprender a bailar muy bien, para poder enseñar de la mejor manera. A esa misma edad, Jhonny empieza a comprar las primeras telas para hacer sus propios trajes. Lo que significa mucho, ya que para él, los bailarines siempre deben contar con una excelente presentación en el vestuario.
Posteriormente, por casualidades de la vida -como lo diría él- el Ejército hizo una redada, lo que le obligó a hacer una pausa en el baile e ir a prestar el servicio militar. Ahora bien, lo que para muchos sería un perjuicio en la carrera como instructor de baile, para este payanés de otra tierra fue una manera de recargar energías y salir a buscar de manera aún más decidida su sueño. “Estando allá aprendí a valorar mucho más las cosas que quería. Salí decidido a hacer lo que tenía que hacer”.

Con el paso del tiempo, Jhonny pudo conseguir suficiente dinero para inscribirse en la academia ‘Nueva Dimensión’ en la ciudad de Cali. Trabajaba en lo que fuese necesario, desde mesero hasta administrador. Con el dinero que ganaba podía pagar la mensualidad y costearse los gastos básicos. Esta serie de esfuerzos se vieron reflejados cuando ganó, junto con su pareja, el primer concurso interno que realizaba la academia ‘Nueva Dimensión’. “Toda la gente siempre piensa en Cali y los caleños cuando de bailar salsa se trata. Pero que una pareja de Popayán gane en un concurso como ese es fenomenal. Por lo menos para mí fue muy importante”.

Jhonny Bravo siempre ha estado enfocado en sus sueños. Si bien le apasiona el hecho de bailar, lo que lo mueve es transmitir su pasión a otras personas. No importa si es tango, paso doble, bolero, etc. lo importante es expresar mediante movimientos corporales, lo que a veces no se puede decir con palabras. En consecuencia, y con un tremendo amor por la disciplina, este joven a los 22 años empezó a concretar la meta que se había trazado hacía ya un buen tiempo: crear una escuela de baile.

Construcción de una academia

Los pisos son brillantes, las paredes están recubiertas por espejos, del techo cuelgan los parlantes, a decir verdad, es un espacio emotivo. Pero la academia no siempre fue así. Antes, hace más de cuatro años, no era más que un botadero de basura en el que se encontraba desde papeles hasta residuos de sustancias psicoactivas. Pero este espacio, situado en el barrio San Rafael, al sur de Popayán, se convertiría en una de las escuelas de baile más reconocidas del departamento.

La academia comenzó con tres integrantes. La verdad es que no era una escuela como tal, sino un lugar de entreno para Jhonny y dos bailarinas. Allí los tres se preparaban para competencias y presentaciones, que se llevaban a cabo en la ciudad de Cali y el departamento del Cauca. Por tanto, solo habían pedido prestado un salón y no se dictaban clases.

Posteriormente, por recomendación de las personas del sector, se decidió abrir una escuela de baile para los niños y jóvenes del barrio. “Tuvimos que lavar el piso como cinco días. Nos tocó dejarlo en jabón y echarle cepillo porque estaba muy percudido”, cuenta la aseadora de la academia. Sin embargo, cuando todo estuvo listo, las cosas no salieron como se esperaba. Es que todos los chicos del barrio que se habían inscrito no siguieron acudiendo a las clases de baile. De nuevo se quedaron solo los tres bailarines iniciales.

Jhonny no se dio por vencido, con ayuda de algunas personas del sector y sus dos compañeras de baile, reabrió la academia. Esta vez se abrieron inscripciones para cualquier persona interesada, es decir, no sólo para las personas del barrio. Al principio hubo cuatro personas inscritas, al cabo de un mes ese número se triplico. En palabras concretas, el esfuerzo estaba dando frutos.

Así las cosas, atrás quedaron los volantes hechos en papel carta, la pequeña grabadora que inundaba con música los salones, las paredes despintadas, la desorganización inicial. Hoy la academia cuenta con 200 bailarines recreativos y 60 representativos o competitivos. Tiene 7 profesores y 10 más en formación. Se imparten clases a empresas, colegios y a particulares. Hay un comité directivo, una aseadora establecida, un manual de convivencia y una tienda para los uniformes de los bailarines. En suma, la escuela Explosión Salsera tiene un presente prometedor, todo gracias a lo que Jhonny denomina como dedicación.

Ese buen presente se demostró en el Festival Mundial de Salsa en Cali. Allí viajaron dos conjuntos representativos de la escuela: el grupo juvenil y el infantil. El primero participaba por tercera vez, sin embargo, no obtuvo los resultados esperados. En cambio, el grupo infantil, que tiene los límites de edad entre los 5 y 13 años, debutó en el festival con un honrosísimo noveno lugar. Es decir, en la categoría infantil, ‘Explosión Salsera’ está catalogada entre las mejores 10 agrupaciones a nivel de Cali.

Si bien el resultado sorprendió a Jhonny, él asegura que estar en ese puesto se debe al esfuerzo realizado por los padres de familia, el comité directivo y los bailarines. Asegura que “con mucho empeño se consiguió el dinero para poder viajar, pues se hicieron rifas, sancochos y actividades de este tipo”. Además los pequeños bailarines también tuvieron que someterse a horas de entreno, regaños, llamadas de atención, estrés y hasta lágrimas. “Pero vale la pena, porque quedar de novenos entre 65 grupos es un logro. Desplazamos a muchas agrupaciones caleñas, nosotros no imaginábamos poder hacer todo esto”.

Esa fe absoluta que tiene Jhonny a la dedicación, es la que lo hace estar mejorando constantemente. Actualmente está estudiando Deporte y Actividad Física en la Universidad Autónoma del Cauca con el fin de encarrilar de una manera saludable los procesos educativos. Además, ya piensa en ComunArte, en la noche mundial de la salsa, en las Fiestas de Pubenza y en todos los eventos en los que tendrá que participar su academia. A fin de cuentas, esta escuela no es más que una representación de su creador y coordinador, por tanto, la disciplina, el temple y sobre todo el amor por el baile, siempre serán los elementos que encierran este lugar.

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