PRIMEROS HABITANTES DEL VALLE DE PUBEN
Miércoles 30 de enero, 2013
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Arcesio Aragón (1872-1956) inicia su famoso libro "Fastos Payaneses"
haciendo una sinopsis del origen de los primeros habitantes del Valle de
Pubén y tomando como referencias los escritos de Sergio Arboleda
(1822- 1888)
y Jaime Arroyo.(1815 -1863).

Cordialmente,

***
FASTOS PAYANESES
Capitulo I
Los orígenes. Prehistoria.
Por
: Arcesio Aragón
 

Se ignora el origen de los primeros habitadores de esta extensa comarca, que en los tiempos modernos ha recibido sucesivamente los nombres de Nueva Granada y República de Colombia. En época muy remota la dominó sin duda un pueblo muy adelantado: inscripciones y jeroglíficos indescifrables, ruinas de construcciones regulares, piedras bien labradas y de gran peso que presuponen el uso de instrumentos apropiados para moverlas y de arbitrios mecánicos, ídolos gigantescos, como los hallados en San Agustín y más recientemente en Segovia, tallados en bloques monolíticos, y otros muchos monumentos dan testimonio de una cu1tura de que no quedaban ni tradiciones cuando los castellanos entraron al país.  Estos lo hallaron poblado por tribus independientes, entre las cuales ningún género de vínculos sociales ni políticos indicaban la existencia de verdaderas naciones en el sentido que hoy se da a esta palabra. Los idiomas que hablaban eran tantos y tan diversos como las tribus. Sin embargo, esta gran variedad de lenguas y de familias puede ser más aparente que real: acaso un estudio detenido hubiera podido dar a conocer que todas procedían de un reducido número de familias de una misma cepa étnica,

Si echando una ojeada al mapa de Colombia, y aún de la América meridional, nos fijamos en los nombres indígenas que conservan muchos de sus sitios, ríos, lagos y montes, notaremos que, entresacándolos de aquí y de allá, en provincias tal vez muy distantes entre sí, se puede, por ciertas analogías bien pronunciadas, reducirlas a dos o tres clases, y casi señalar qué territorios fueron habitados por pueblos de idiomas análogos. En Venezuela y Colombia es mayor que en otras regiones el desorden con que están como tirados al acaso sobre el mapa nombres de diversas familias étnicas.

Colocados estos países montuosos en la parte más septentrional de la América del Sur, debieron de ser el punto forzoso por donde, en tiempos muy anteriores a la conquista, pasaron todas las irrupciones que vinieron del norte (probablemente de la Mongolia, de donde pasarían a la Alaska por el estrecho de Behring) a poblar esta mitad de la América. Nuevas hordas refluían seguramente sobre las ya establecidas, las desalojaban en unas partes, se mezclaban y confundían con ellas en otras o, arrinconándolas en algunas altiplanicies de las cordilleras, las aislaban de las demás tribus de su raza.  Incomunicados así, pueblos procedentes de un mismo origen alteraron su idioma en el curso de los tiempos, lo empobrecieron o lo adulteraron hasta el punto de tener cada cual una lengua a dialecto aparentemente diverso. Por desgracia no se ha hecho hasta hoy un estudio completo y definitivo de tan importante materia (si bien en los últimos años lingüistas y etn6logos eminentes  han traído nueva luz y marcado nuevas ostentaciones en este caótico problema; mas hay en justicia que reconocer que fueron los misioneros católicos quienes primeramente se preocuparon durante el descubrimiento y la conquista de estas regiones por estudiar los dialectos y lenguas indígenas, publicando no pocas gramáticas y diccionarios, que son hoy 1a fuente principal de información y que aparecen citados en el Índice Bibliográfico de la Ciencia Española, de Menéndez. y Pelayo, portentoso alarde de erudición que no ha sido superado en nuestra lengua. En esta labor, los españoles fueron mucho más diligentes que 1os conquistadores ingleses que descubrieron y colonizaron la América del Norte, como explicita y justicieramente lo reconoce el historiador americano Charles F. Lummis.

Parece, no obstante, que la mayor parte de los pobladores del Nuevo Reino de Granada fueron de origen Caribe: así lo indican muchas de sus costumbres, su ferocidad de carácter y su sistema de numeraci6n, que no pasaba de cinco, pero el resto tenía otra procedencia: quizá eran las reliquias de aquella nación de cuyo poder daban testimonio sus arruinados monumentos.

Hacia el sur de la hoya de Patía habitaban  las tribus quillacingas, un poco mezcladas ya con la raza quichua, cuyos avances llegaron a la región de Popayán, según lo demuestran no pocos de los vocablos usados por los aborígenes que demoraban aquí y en el valle del Cauca. De allí hacia las costas del Pacífico, formaban una especie de república confederada las poco numerosas y muy salvajes tribus guapíes, telembíes y barbacoas, que con muchas otras que habitaban el litoral hasta Buenaventura tenían, a lo que parece, un origen común. El resto de la expresada hoya pertenecía a los patías y bojolcos, a los cuales circundaban los chipanchíes al oeste, los sundaguas al norte y los quillas, pacíficos y humanos, al oriente, sobre la cordillera central. Al entrar a la hoya del Cauca por el sur se hallaban 1os pubenenses, en confederación con varias tribus sometidas a un régulo o yasguén, cuya residencia era Pubén, que existía en el mismo sitio donde hoy se alza Popayán .

 Los timbas, jamundíes, gorrones y supías, que probablemente eran de una misma familia, poseían la banda occidental del Valle del Cauca. Ocupaban la cordillera central, desde las fuentes del Guachicono para el norte, hasta más allá de las alturas del Huila, los feroces paeses: y de allí en adelante, hasta el Quindío, los ramosos pijaos, los pantagoras y otras tribus crueles que hacían sus excursiones ora al valle del Cauca, ora al del Magdalena, destruyendo poblaciones y talando los campos. De 1a banda oriental del rio Cauca sólo se tienen noticias vagas de los calotos, toribíos y algunas tribus más, que se cree obedecían al cacique Calambás, y relacionadas -por 1o que cabe conjeturar- unas con los paeces y otras con los pubenenses, Las hoyas de los ríos San Juan y Baudó pertenecían a los chocoes y noanamaes, con los cuales tenia probablemente vínculos étnicos la nación cautiva, que moraba entre el Cauca y el Atrato y extendía sus posesiones hasta las costas del Atlántico.

La tribu de los pubenenses ocupaba, fuera de una considerable porción de las tierras quebradas que envían sus aguas al río Patía, unas quince a veinte leguas del templado valle que se extiende al pie del nevado y volcán de Puracé.  Componían la nación varias tribus, cuyos jefes llevaban el titulo de caríbenes, confederados, al parecer, bajo la autoridad de un señor o yasguén, cuya corte tenia asiento --como ya dijimos- en e1 propio sitio donde hoy se alza Popayán. La confederación tenía como objetivo principal resistir los embates de su terrible enemigo común, los pueblos antrop6fagos de sangre Caribe que habitaban en las cordilleras inmediatas. Las tribus que formaban esa nación empezaban apenas a regenerarse, dejando  la vida salvaje, en la época en que los españoles llegaron a estas comarcas. Su incipiente industria se reducía a cultivar la tierra con la imperfección de pueblos que aún no han domesticado los animales e ignoran e1 uso del hierro. En punto a la moral, poseían las nociones fundamentales de la ley natural; rendían culto a ídolos de piedra y, por supuesto, tenían sacerdotes, si bien no sabemos que especie de culto tributaban a sus divinidades, ni si el sacerdocio era entre ellos independiente del poder civil. En 1o que no cabe duda es en que eran superiores en civilización a las demás hordas bárbaras y feroces que la rodeaban.

 ***
     Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red
 payanesa por favor informar a mariopbe@gmail.com

 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please
 reply to  mariopbe@gmail.com