RAFAEL POMBO  REBOLLEDO 
Domingo 10 de junio, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
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Amigos:

José Rafael de Pombo y Rebolledo nació en Bogotá el 7 de noviembre de 1833 e hijo de los payaneses Lino de Pombo O'Donnell y Ana María Rebolledo.
 
Rafael Pombo, sin discusión alguna y para orgullo de las letras colombianas, "es uno de los poetas más grandes, fecundos y originales con que cuenta la lengua castellana. Como un caso excepcional, comenzó a escribir versos desde su niñez y compuso los últimos, con pleno goce de las facultades mentales, en vísperas de su muerte ocurrida en Bogotá el 5 de mayo de 1912."

Rafael Pombo dice que es caucano y bogotano porque vino de Popayán, ya existente, a nacer en Bogotá el 7 de noviembre de 1833, de suerte que el Dr. Samper no se equivoca al atribuirle la seriedad y el entusiasmo romántico ardoroso del carácter payanés, en contraste con la chistosa afluencia, la vis cómica y la discreción y mesura clásica y positivista de Manuel su hermano.

De las primeras letras de su casa pasó a la escuela del maestro Damián Cuenca, próxima al puente de Lesmes; de aquí al Seminario Conciliar por dos años, de cachifa y cuarto, del Seminario al Colegio del Rosario por otros dos años de humanidades, y del Rosario al Colegio Militar, de 1848 a 51, año en que se graduó de ingeniero civil; y después enseñó matemáticas por algún tiempo en el Colegio de San Buenaventura; pero él advierte que aunque siempre presentó exámenes lucidos, jamás fue buen estudiante, porque jamás tuvo las facultades de estudiar y de aprender, por falta de memoria, por exceso de distracción, y por un incorregible hábito de discurrir por su propia cuenta, y no por libro, en todas las materias.

Una de sus distracciones eran las musas. Desde el año 1845 recuerda haber dejado en manos de su condiscípulo y tomador Santiago Pérez un cuaderno de "odas y sonetos fríos y abominables, a imitación de Lope de Vega, Mena y Luis de León"; en el Rosario fundó un periódico manuscrito, El Tomista, que redactaban él y Antonio B. Cuervo; de 1849 a 51 salieron algunas travesuras suyas de muy encendido color político conservador en El Día y El Filotémico; en 1852 fundó con José María Vergara el semanal literario La Siesta del cual sólo aparecieron trece números, preciosos por la Memoria histórica de Caldas con que, a excitación suya, lo favoreció su ilustre padre, y por notables traducciones e inserciones, como la de la introducción del Gonzalo de Julio Arboleda. Muy admirador de éste, que era primo hermano suyo...

En 1853 fue a visitar su primera cuna, el Cauca. En septiembre de aquel año (tenemos a la vista el manuscrito) escribió, en Popayán las volcánicas y originalísimas estrofas de Edda, que leyó en esos días a varios amigos; y, no aplaudidas ni siquiera escuchadas por ellos, las escondió hasta que en 1855 las puso en manos del Sr. José Joaquín Ortiz, entre otros materiales de conocidos suyos para La Guirnalda que aquél proyectaba. Pombo sabía que sus versos no eran de lo que se lee todos los días; pero quiso con aquel fraude femenino reírse de su indiferente auditorio del almacén del Sr. Simón Arboleda en Popayán. Nunca reveló que Edda era él mismo, pero nos cuenta que, cinco o seis años más tarde, encontrándose con él en Nueva York, los señores Zoilo Cárdenas y Luis Bernal, éstos, por un fenómeno de la memoria, vinieron a recordar distintamente que él se los había leído en la susodicha tertulia popayaneja. El les rogó que guardaran el secreto; mas ellos no le dieron gusto. Pombo tiene una colección de poesías amorosas dirigidas a Edda,...

Pocos meses después de Edda, escribió Pombo en Popayán para vengar a una preciosa señorita de un desaire sufrido en un baile, la poesía que años más tarde publicó Vergara en El Mosaico con el título de Una copa de vino, por una copia incompleta que el Sr. Eustaquio Urrutia le hizo escribir en su casa dándole una copa y prometiéndole que jamás saldría de sus manos. De allí aquel título sin relación ninguna con los versos ni con su asunto: el verdadero y completo original duerme inédito, como la gran mayoría de los escritos de Pombo, hace ya veintinueve años. Pombo escribe únicamente como por sangrarse para no morir de plétora de belleza; y entierra su sangre como si le diera vergüenza derramarla. Mientras no se trata de servir u honrar a algún amigo, o de sostener una polémica en pro de su dama la belleza ideal, no hay estímulo ni tentación, interés, ni potencia que le hagan publicar un renglón, y menos, aún un tomo, cuando tiene materiales para quince o veinte, en que cada verso, bien oído, se prende como un dardo, en el espíritu o en el corazón.

Sus emociones de Popayán y la electricidad de aquel clima tempestuoso despertaron en el Sr. Pombo toda su fuerza. Pero él lo explica de otro modo: "A Popayán no llevé mis libros, y una vez ausente de Lord Byron y del Tesoro de Quintana, los olvidé y pude por fin hacer versos míos, aunque incorrectos y violentos por cierto. La lectura es fatal para la poesía: estimula y enseña, pero impide escuchar el propio corazón y leer en la naturaleza. Lo que mi generoso crítico Samper llama fuerza, vigor, verdad, etc., en mis versos no es sino la disciplina que las matemáticas dejan en la razón. Para un ingeniero civil, aún tan rebelde como yo a su oficio, hacer unos versos es resolver un problema de expresión: sobre ciertos datos de sentimiento encontrar la única incógnita de metro y de palabras, la precisa forma escrita de dicho sentimiento. Mi padre (q.e.p.d.) no pasa por poeta, y, sin embargo, su Himno del 20 de julio es poesía, por la nobleza y verdad de sus ideas y sentimientos, y por la exactitud matemática que da energía a la expresión: él era profundo matemático, y, gracias a eso, allí no sobra ni falta una palabra. La verdad y la sobriedad aseguran fuerza y armonía. ¡Cuánto del mérito poético de D. Andrés Bello no procede de este principio de análisis y de exactitud, al cual creo que yo también obedezco, pero a enorme distancia del pulso, recursos y limpieza del gran maestro!".

 TOMADO DE: Vicente Pérez Silva, "La autobiografía en la literatura colombiana", Biblioteca Virtual del Banco de la República 2004.

Cordialmente,

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