NAVIDAD EN POPAYAN
Miércoles 19 de diciembre, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Mario Perafán Fajardo, escritor de numerosos artículos sobre
detalles de la vida y costumbres del inmortal Popayán, muchos
de ellos firmados con su seudónimo "Peranchico", ofrece
una sin par descripción nostálgica de las principales
costumbres del inolvidable y lejano Popayán. El autor, es
miembro de la Tertulia Payanesa.

Cordialmente,

***

Navidad en Popayán
Por
: Mario Perafán Fajardo
Año 2004. Tertulia payanesa.
Proyección del Cauca
Año XXXII. Edición 368

 

Tres años después de la Fundación de Popayán (13 de Enero de 1537) el Emperador Carlos V formó el 10 de marzo de 1540 la Provincia de Popayán nombrando Gobernador a Don Sebastián de Belalcázar y el Papa Paulo III la erigió como Diócesis.

Posteriormente el Rey concedió el Título de “La muy noble y leal Ciudad de Popayán” y le mandó a confeccionar a los heraldistas un Escudo en el cual aparece la Ciudad Blanca con la cúpula de la Catedral, dos torres - campanarios y dos ríos que la circundan y luego se unen (el Molino y el Ejido) rodeados de árboles de robles. Al fondo la cordillera con dos volcanes nevados (el Puracé y el Sotará). Sobre el cielo azul aparece el sol. En el marco del escudo aparecen en sus cuatro costados un símbolo en rojo que es la Cruz de Jerusalén detalle que le valió a la ciudad el apelativo de la “Jerusalén de América”.

Al oriente de la ciudad sobre una pequeña elevación se construyó la capilla de Belén (a semejanza de la aldea de Bethléen al oriente de la propia Jerusalén) y sus habitantes fieles a la tradición cristiana celebran allí, desde hace muchísimo tiempo, todos los 26 de Noviembre la fiesta del desposorio de la Virgen y San José. En una de las naves laterales de la capilla hay un altar con una bellísima imagen de la Virgen María sentada teniendo en su regazo al Niño Dios y al lado está San José. Allí se celebra la Misa en esa fecha y posteriormente con esas imágenes se construyen dos pasos que salen en procesión hasta la Catedral en el centro de la ciudad lo cual constituye la tradicional “bajada de la Virgen y San José” y allí se reza la novena de aguinaldo a partir del 16 de Diciembre y una vez terminada se lleva a cabo la procesión de “la subida del Niño Dios” nuevamente a la capilla de Belén el 25 de diciembre para más tarde recibir la “visita de los Reyes Magos” el 6 de Enero.

Existe una Junta de cargueros especialmente dedicada a ésta celebración y las Fiesteras actualmente son Libia y Carmen Campo Torres hijas de Georgina Campo V. de Torres, quien lleva esta tradición desde 1932 cuando sustituyó al maestro Manuel Sendoya (quien consiguió el cuadro del desposorio que ellas conservan) y éste la había recibido de la familia Zúñiga a principios del siglo XX.

Hay algunos detalles en el arreglo de los pasos y son que la Virgen en la bajada va con sombrero y sin el Niño y San José con bastón. En la subida ella lleva corona y al Niño Jesús y él con la vara florecida.

Todas éstas fiestas religiosas son matizadas con castillos de pólvora y música de “chirimías” que son conjuntos de intérpretes de instrumentos típicos que tocan una, dos, tres y hasta cuatro flautas transversas de carrizo las cuales ejecutan en contrapunto la melodía principal acompañadas de tamboras de cuero de res, maracas de mate llenas de pepas de alchiras, carrascas o guacharacas y triángulos metálicos que hacen entre todos la percusión. Dentro de éstos conjuntos existió uno famoso en los años cuarenta y cincuenta denominado “Los Gavilanes” que además de las flautas tenía un instrumento adicional llamado “la ocarina” una especie de puro o calabazo ovoide que tenía aberturas o registros similares a los de la flauta y le daba un sonido especial y era ejecutado magistralmente por “el Mocho” Carlos Vivas.

Actualmente el conjunto más representativo de ésta tradición musical es “Alma Caucana” el cual tiene dos discos L.P. siendo el mejor el grabado en los estudios “Sonolux” de Medellín y en el cual colaboró con su guitarra y arreglos el Maestro payanés Luis Carlos Valencia Quijano.

A propósito de ésta chirimía fundada hace 40 años por los hermanos Vivas, uno de ellos el maestro Ennio Vivas escribió: “Comentaristas y expertos musicólogos como Joaquín Pineros Corpas, Andrés Pardo Tobar, Eduardo Mendoza Várela, en sus prosas selectas han enfocado la evolución de los instrumentos autóctonos musicales y han coincidido en afirmar que la agrupación ALMA CAUCANA, es la prolongación de la técnica instrumental creada hace siglos por los primeros aborígenes del gran Macizo Cordillerano. Todos estos ancestrales instrumentos típicos y manuales, se asemejan a las quenas étnicas de los Incas, de los Aztecas y Quillasingas que lloran por su terruño, por su raza y los anhelos insatisfechos de su estirpe.

Valga la ocasión para hacer de estas notas un registro somero del multicolor atuendo guambiano que utilizan nuestros artistas de Alma Caucana, así: ruana tejida en lana pura, falda confeccionada en bayeta con orillos de lana roja y azul, sombrero plano de paja llamado pandereta o yoyo, guambia de cabuya o fique, chumbe de lana, alpargatas de fique, franela de manga larga y pantalón corto de lienzo, todas estas prendas son íntegramente elaboradas en los talleres, ruecas y telares hogareños de los indios guambíanos.

Simpatizar desde la niñez y seguir los pasos tradicionales de las bellas costumbres de regiones sureñas, calles y campos de nuestro país, tanto de nuestro Cauca -Popayán tan lleno de historia, de intelectuales, carnavalero de hermosas épocas y sustanciada por el ritmo acogedor de las flautas y tamboras (la chirimía del Cauca), nació así ALMA CAUCANA por los años 1955 y hoy con una gran madurez y experiencia, sigue expresando su música con sentimiento y sus ancestros vividos del folclor. También existen chirimías infantiles famosas como los “Caucanitos” de Timbío.

Existe una anécdota de la celebración de la fiesta del 26 de Noviembre en honor a la Virgen y es la acontecida en 1917 cuando por aquella época los habitantes del barrio payanes de “La Pamba”, contiguo a la capilla de Belén, cerraban la calle la víspera para desarrollar allí el famoso “tasajo” consistente en una muestra de variados platos de la cocina típica que satisfacían el apetito de todos los concurrentes.

Ese año ejecutaban esos manjares y costeaban toda la fiesta las hermanas Mercedes y Carmen Zúñiga apodadas “las Pellares” hijas de Don Abraham Zúñiga y Basto un acaudalado comerciante de la vecindad. Una de ellas fue designada como madrina de bautismo del hijo mayor del “Indio” Roberto y la “Lanza” Ledezma habitantes de ésa cuadra. La ceremonia se celebró en la capilla de Belén a pesar de no ser parroquia pero solicitando dispensa eclesiástica. Allí la madrina colocó momentáneamente al ahijado sobre el regazo de la imagen de la Virgen en vez del Niño Dios y el sacerdote lo bautizó. Ese niño fue mas tarde el Maestro Pintor Roberto Perafán Ledezma.

Desde esos tiempos existe la costumbre de intercambiar entre los vecinos y familiares “platos de nochebuena” consistentes en productos de panadería como las hojaldras, rosquillas y buñuelos acompañados de dulces de manjar blanco, manjarillo, cortado o cabeza de negro, de higuillo, brevas en almíbar, desamargados de limón y de naranja además de pimentón para darle colorido bellamente decorados, donde se pone a prueba la habilidad en la manufactura de éstos deliciosos platos. La novena del Niño Dios aún se reza en los hogares por barrios y hasta en las oficinas públicas y privadas a partir del 16 de Diciembre y cada día corresponde organizarla y costear lo que se ofrece a una familia o a una sección administrativa.

Por ésta época se llevaba a cabo el juego de aguinaldos preferidos por las parejas de novios que consiste en apostar a “hablar y no contestar”, “palito en boca” o el “beso robado” y quien no cumpliera lo prometido debía dar un regalo a su compañero. También se apostaban aguinaldos cantados colectivos en clubes sociales o por barrios donde la pareja de novios se hacía acompañar cada uno por sus más íntimos amigos disfrazados y recorrían las calles de la ciudad hasta que uno de los dos lograba identificar a su pareja y le gritaba “mis aguinaldos”... Por supuesto que debería estar absolutamente seguro que esa era porque si no allí se delataba y el otro le cantaba los aguinaldos perdiendo con esto la apuesta. Lástima que ésta tradición se ha ido olvidando.

La víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción del 8 de Diciembre se iluminan los barrios con faroles y velas y los edificios y árboles de las avenidas con luces eléctricas. También se elevan globos de papel inflados e iluminados y se complementa la fiesta con pólvora de voladores o cohetes, triquitraques, volcanes, buscapiés o sacaniguas matizados con música de chirimía y canelazo o hervido que es una mezcla de agua de canela o frutas con aguardiente caliente que contrarresta la fría noche.

La cena de Navidad se celebra en familia y a ella acuden presurosos los hijos, nietos y allegados constituyendo un bello ejemplo de unidad familiar.

Al día siguiente salen todos los niños estrenando los vestidos y los juguetes que les han regalado a la procesión de la “subida del Niño Dios” haciendo sonar pitos y portando bombas de caucho infladas.

El 28 de Diciembre “día de los inocentes” la gente se dedica a gastar bromas o “hacer pegas” a los vecinos y amigos personalmente o por teléfono y el periódico local publica una noticia mentirosa o exagerada que constituye la inocentada del día. Los clubes sociales organizan fiestas de disfraces.

La Alcaldía arma una tarima en una esquina de la Plaza de Caldas y allí se presentan conjuntos musicales y el 31 de Diciembre por la tarde se lee allí el testamento del año viejo escrito en verso por algún voluntario.

La noche de San Silvestre se celebra en los clubes sociales con una fiesta de gala con orquesta donde los caballeros asisten de etiqueta y las damas con traje.

En las casas se organizan fiestas y a media noche se quema en las calles el “taitapuro” o año viejo con gran estruendo de pólvora.

Allí se inician “Las Fiestas de Pubenza” con un programa elaborado por una Junta Nombrada por el Alcalde y que comprende concurso de chirimías, de globos, elección de reinas, desfile de carrozas y bervenas populares en los barrios, etc.

Es costumbre celebrar el 5 de enero la ”Fiesta de Negritos”, porque desde la época de la colonia, el día anterior al de los reyes, los amos permitían a sus esclavos hacer una fiesta, y como recuerdo, éstos pintaban en la cara de los blancos un lunar de color negro.

Esta tradición se conserva hasta nuestros días en Popayán y los pueblos del sur del Cauca y de Nariño.

Hasta hace algunos años se celebraba el 6 de Enero en Popayán la “Fiesta de los Reyes Magos” con una representación teatral callejera del drama escrito en verso uno por Aquilino León y otro por el Dr. Francisco Diago e interpretada por personas de la ciudad que se vestían a la usanza de los primeros años de la era cristiana. En los barrios se organizaban las comparsas lujosamente ataviadas y en la “casa cuadrada” de la Pamba alguna ocasión en los años veinte las tías Cabanillas vistieron a su vecino de embajador de un país de oriente y allí mi primo lució la espada con empuñadura de oro y piedras preciosas del General Mosquera y el vaso de plata del General Obando que ellas guardaban en esa casa como herederas de los Caldas.

Se iniciaba la víspera en la esquina de San Francisco con el encuentro de los reyes y sus comitivas y de allí se dirigían a los portales del palacio de justicia (donde hoy está el hotel Monasterio) visitaban al Rey Herodes el Grande (magistralmente interpretado por José Arias Durán y más tarde por Guillermo Durán). Al día siguiente seguían a oriente hasta la capilla de Belén donde adoraban al Niño y le entregaban los presentes. Terminaba ésta representación al otro día con la despedida de los Reyes y la muerte de Herodes.

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