PLEGARIA POR LA PAZ
Jueves 4 de octubre, 2012
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Jaime Vejarano Varona nos ha enviado la información
que utilizó durante la Plegaria por la Paz que se realizó
el jueves 4 de octubre  a  partir de las 6 y 15 de la tarde
en la Iglesia de  San Francisco en la ciudad de Popayán.

Cordialmente,

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SAN FRANCISCO,  UN QUIJOTE MÍSTICO
Panegírico a San Francisco
 Por
: Jaime Vejarano Varona
Popayán, octubre 2012

 
San FranciscoLas estribaciones de los montes Apeninos en la Galia Cisalpina ofrecen a la absorta contemplación del peregrino una pintoresca región que se acoge amorosamente a la Ciudad de Asís.   La circundan frescos manantiales que, tras feliz recorrido por la campiña romana, vienen a integrarse al paisaje de Umbría, para remitirlo todo, finalmente, a un eglógico sueño.  Parece que allí se hubiese suspendido el evo, de manera que se hace difícil una mejor composición de lugar y tiempo para concebir el escenario que en las primicias del siglo XIII  enmarcaba su apacible existencia.
 
El Creador se complacía, quizá, en sublimar la porción de tierra en que habría de fructificar perdurablemente la semilla del amor.
 
Nace allí, entre gorjeo de alondras, susurro de abedules y aromas de olivar, el Santo de la ternura y la simplicidad.  Los años mozos de Francisco son, como la región  que lo arrulló, pródigos en todos los halagos a que pudiese aspirar  su ardorosa y vehemente juventud. 
 
Hijo de un padre que en él había fincado sus más caras complacencias y de una madre que le depara sin medida sus ternuras, quiso la suerte rodear a Francisco de toda la exuberancia terrenal, como en un paraíso, para que de esa manera fuese más consciente su vocación seráfica de inspiración divina.   En su voluntad escoge Dios como medio para probar al hombre la adversidad.  Pero eran sus designios, esta vez, hacerlo en la buena fortuna de modo que este santo trazase sus propios caminos de salvación a pesar de la opulencia y la ostentación que,  insolentemente,  abruman su vivir.
 
De expresiva fisonomía y de carácter jovial, ejerce Francisco irrenunciable liderazgo entre sus compañeros que veían en él la personificación de lo humano verdaderamente feliz.  Y él,  de gentil talante, participaba recíprocamente en las fiestas y retozos de su alegre mocedad.
 
Viéndolo así, ninguno adivinar podría cuánta riqueza interior,  inmensa ella sí,   ocultaba de manera inconsciente su alma privilegiada.   Ciertamente que los tesoros de San Francisco no estaban aún a la vista y que su exterior espléndido se eclipsaría ante las miríficas gemas que finalmente habría de lucir.
 
Insatisfecho, saciado quizá, buscaba él un piso más firme en que pudiese fundamentar la verdadera razón de su existencia.  Y he aquí que alguna fuerza extraña, un impulso providencial guía sus pasos hacia la iglesia de San Damián, donde tiene suceso la feliz revelación que ha de trocar su vida.
 
Hallándose de hinojos ante la efigie del Dios crucificado pide humildemente la luz de la fe y la fortaleza que dan la esperanza y la caridad, para ponerlas al servicio de su Hacedor, cuando hé aquí que la imagen se anima súbitamente y llega hasta el turbado Francisco una voz sobrenatural: “Levántate Francisco, ve y repara mi casa que amenaza ruina”.
 
Vivamente sorprendido y presa de un inexplicable estupor Francisco replica: “Señor, pero qué quieres que haga?.   Nuevamente  llega hasta él aquella voz solícita y determinante: “Francisco, ve y repara mi casa, que amenaza ruina”
  
* * *
  
La Edad Media refiere entre sus tradiciones la relacionada al florecimiento de la Orden de la Caballería Andante.  Era esta una institución que se alentaba en la aventura y tenía como propósitos fundamentales la protección a los desamparados,  el restituir lo usurpado y el restañar las heridas, todo dentro de un noble código de honor.  Hidalgos caballeros como ángeles de la justicia y a riesgo de sus vidas, llevaban consuelo a los hostigados y humillados por la fuerza bruta,  ley fundamental de los señores feudales.
 
Y para representar el prototipo del Caballero Andante, se esbozó más tarde al Manchego de la Triste Figura, como héroe del idealismo y de los nobles sentimientos.
 
Pues bien, como otro Quijote,  místico éste,  romántico y aventurero aquel,  Francisco desde el instante mismo de su visión sobrenatural quedó armado Caballero Andante.  Y se dio sin vacilaciones, con plenitud y ahínco al ejercicio de su misión restauradora y edificante. Empieza por desligarse totalmente de las ataduras mundanas, buscando y logrando el triunfo del renunciamiento;  prende en su espíritu un incendio de  amor y glorifica la humildad;  en éxtasis rebosante y trasegando caminos lleva a todos los lugares la predicación del amor y resuelve hermanarse con las criaturas todas.  Su ejemplo clarísimo de entrega, de mortificación y de caridad, es un vehemente llamado de Amor en Cristo.
 
Ávidos de su santa alegoría se congregan en su derredor los  oprimidos y los indigentes del mundo, en busca del consuelo que brota a raudales de su palabra iluminada.   Es él una plegaria viviente.
 
Quijote místico, pide rescatar para sí todos los sufrimientos de la humanidad y en un arrebato de amor sublimado recibe en plácida elación espiritual los estigmas de la pasión, que martirizaron al Dios humanizado.
 
Excepcionalmente y por sus reiteradas instancias, el Sumo Pontífice concede la esquiva gracia de una indulgencia plenaria para la Iglesia de Santa María de los Ángeles;   y por la Navidad del año 1223  Francisco concibe y construye el primer pesebre como representación del nacimiento de Jesús, para el poblado de Greccio, en el Valle de Rieti, dando así origen a esta piadosa y gentil tradición cristiana.
 
Difícil encontrar quién despertar pudiese tanto fervor y veneración como este Apóstol de la piedad, de la virtud y del amor, quien antes de cumplirse el segundo año de su muerte terrenal fue reconocido como Santo de la Iglesia de Cristo y que a través de los siglos ha extendido su mano compasiva y munificentemente milagrosa a todos quienes de tal manera la tienden hacia él en súplica de amor y protección.
 
Permíteme por ello, seráfico Maestro Francisco, que dirija a ti mi humilde plegaria en estos sencillos versos que me inspiró tu bondad:
 
 PLEGARIA POR LA PAZ
De
: Jaime Vejarano Varona
Popayán. Octubre 2012
 
 
Oh!  Santo de los mansos con ansiedad te pido
acojas mi plegaria que entre los vientos va
en pos de tus favores, en pos de tu clemencia.
Oh!  Hermano San Francisco imploro tu asistencia
para esta pobre tierra que con doliente olvido
sus más claras virtudes trocó a inmoralidad.
 
El trepidar se siente de cascos infernales
ante la guerra torva que el hombre preparó;
si un Dios tan compasivo agota su paciencia
quizá el Apocalipsis se cumpla en su sentencia
y a lomo de Centauros por designios fatales
realícese el destino que el hombre se buscó.
  
De todas las criaturas te proclamaste hermano
para el ejemplo darnos de santa caridad.
Francisco cuánto extraño tu mística presencia
en este ingrato suelo que en infeliz demencia
desdeña el Evangelio y peca muy ufano
con saña e impudicia, e instintos  de crueldad.
 
Mas triunfarás Francisco de la impiedad que aleve
transpone los umbrales de nuestra santa fe.
Levanta tú los velos que nublan la conciencia
y opón como un escudo ante la cruel violencia
tu paz y mansedumbre que tanto nos conmueven
y al lobo vio rendirse de vuestra planta al pié.
 
En ti está mi esperanza, San Francisco de Asís,
acoge mi plegaria, protege a mi país.
  
Jaime Vejarano Varona
  
 

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