PALOMO EL CABALLO DE BOLÍVAR
Domingo 12 de agosto, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
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Amigos:

Desde las primeras letras, en las escuelas enseñan la historia del Libertador Simón Bolívar e incluyen en ella la de su caballo Palomo. Hay varias versiones sobre Palomo que tienen mucho de historia, de leyenda, de ficción, o una combinación. La de hoy es una de ellas.

El futuro Libertador Simón Bolívar acababa de llegar a Santa Rosa de Viterbo camino a Tunja en una mula agotada por el cansancio de la última jornada y como el guía rehusara darle su yegua, le pidió le consiguiera otro animal.

Casilda Zafra, que era el oráculo del pueblo, tenia una yegua que estaba pronta a tener su cría, asegurando que seria el caballo de un gran general. Sabiendo esto el Libertador le pidió a su guía que le dijera a Casilda que le guardara el potro para él.

Pasaron varios años años y cuando Bolívar iniciaba la batalla en el Pantano de Vargas, (1819), su antiguo guía le entregó un caballo agregando que se lo enviaba Casilda Zafra, bautizándolo Palomo..

Desde ese entonces Bolívar hizo las entradas victoriosas en Palomo lujosamente enjaezado, : Santafé, después de Boyacá, Caracas después de Carabobo, Quito después de Bomboná  y Lima después de Junín. En las entradas victoriosas Palomo era uno de los más admirados y aclamados de los desfiles. El Libertador amaba a  Palomo blanco como a una parte de su ser.

La imaginación popular y la tradición ven siempre a Bolívar sobre el alazán homérico de las batallas y de las entradas después de las victorias. Así, sobre el Palomo blanco, radiante, espumoso y triunfal, lo ve la imaginación heroica de las multitudes, recibiendo el torrente elocuente de la arenga que brotó en la Fortaleza roja.

Palomo era muy agradecido con su amo: lo reconocía a distancia, al ruido de sus pasos, al timbre de su voz, relinchaba, tendía plumífera la cola, piafaba ... Al montarlo Bolívar, el noble bruto temblaba de respeto. El caballo era blanco como un copo de nieve., firme, eléctrico, mejor tallado que de raza Persa. Era tordillo, de gran alzada y con una cola que casi le arrastraba.

Palomo fue prestado por uno de sus hombres más sobresalientes, que lo acompañó en su campaña libertadora. Durante la batalla el caballo falleció por el esfuerzo de una jornada exigente. Palomo murió en la hacienda Mulaló, municipio de Yumbo, Valle del Cauca. Fue enterrado al lado de la capilla, junto a una frondosa y antigua Ceiba. Las herraduras del animal y diversos elementos que pertenecían al libertador son exhibidos como testimonio en el Museo de Mulaló.

Referencias:  Oh!, La Guía Ecuestre, México.2009 y Estuardo Núñez "Tradiciones Hispanoamericanas", Caracas, 1979. Biblioteca del Congreso, PQ7085. T67

Cordialmente,

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