JEAN MICHEL MAUMONT
Viernes 8 de junio, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
http://mariopbe.com/
mariopbe@gmail.com
 

Amigos:

Jean Michel Maumont, francés, esposo de la distinguida dama
payanesa María Stella Perafán ha fallecido en la ciudad de
Cognac, Francia.
Edgar Bustamante Delgado nos ha enviado la siguiente nota.

Cordialmente,

***

Un francés en la corte de los patojos
Por: Edgar Bustamante Delgado
Barcelona, España
Junio, 2012


En febrero de 2011, Jean Michel Maumont tuvo en Calibío una doble celebración: los sesenta años de edad y los veinticinco de casado con María Stella Perafán Simmonds.

Fue una fiesta maravillosa, en la que este francés entrañable se encontraba como en casa, porque había sido adoptado no solo por los Simmonds (familia singular e irrepetible, que ha honrado a Popayán durante generaciones con una pléyade de políticos, médicos, artistas y emprendedores de renombre) sino por todos los payaneses.

Jean Michel conquistó el corazón de todos nosotros por su generosidad, su bondad natural y su siempre inquieto discurrir por la vida. Todo le interesaba, disfrutaba con lo nuevo, así se tratara de personas, países, música... o gastronomía, en la que era un auténtico experto. Conocía de verdad las virtudes del vino, los secretos de los alimentos de la tierra, la sutileza de las especias, no con la petulancia de lo aprendido en las guías y revistas gastronómicas, sino con la experiencia de un paladar acostumbrado a desentreñar sabores y aromas con la naturalidad y el saber de lo aprendido desde la cuna.

Personaje sin artificios, limpio como un arroyo de montaña, buen compañero en cualquier empeño; gran conversador pero con la rara virtud de saber escuchar. Alguien para recordar con una sonrisa en los labios.

Hoy Jean Michel nos ha dejado. De manera tan imprevista y desoladora como si hubiera sido arrastrado por un tornado o un mar enfurecido.

Creo que María José y yo en particular y, sin duda, muchos de sus amigos, le debemos a Jean Michel momentos de plena satisfacción, llenos de comprensión, de una paz que trascendía el tiempo real, de verdadera amistad.

Formaba con María Stella una pareja original, un micromundo de sabiduría existencial, una fuente de experiencias que les gustaba compartir con los demás. Los dos nos han dado alimento para recuerdos gratos y permanentes.

El peso de la ausencia se ha venido encima de María Stella, de Lucas, de Matías. De la familia en "las dos orillas", de sus amigos que tanto vamos a echarle de menos.

Se nos ha ido nuestro francés, el que fuera un príncipe en la corte de los patojos. Lloramos su falta pero no podemos evitar que su recuerdo nos llene de alegría. Tal y como él lo hubiera querido. Descanse en paz.

***
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