PRIMEROS ESCLAVOS EN POPAYÁN
Miércoles 28 de noviembre, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
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Peter Marzahl en su articulo Los Criollos y el Gobierno: El Cabildo de Popayán, se refiere a la necesidad que tuvo Popayán de importar esclavos del África. De sus páginas adaptamos la presente nota.

Marzahl realizó estudios de economía, sociología e historia en Berlín, Alemania y en Washington University, USA, obteniendo su doctorado en Historia en la universidad de Nuevo México, USA. Parte de sus investigaciones las ha centrado en la relación entre la colonia, la corona y la iglesia en los principios de la América española. Peter tiene numerosos artículos y publicaciones sobre esta parte de la historia.

Marzahl inicia el párrafo, sobre la necesidad de esclavos en Popayán, diciendo que la pobreza de la región y el carácter frágil e informe de su clase alta  se pone en evidencia en la apariencia de Popayán. La construcción de la catedral se interrumpe por más de dos generaciones por falta de recursos económicos, y  sólo pudo terminarse en 1681. La ciudad no tenia casas reales que sirvieran como residencia del gobernador, quien generalmente se alojaba en casa de algunos de los mejores ciudadanos. No había sede permanente del cabildo, ni tampoco una cárcel segura. En su lugar, una tienda tenia que ser utilizada como prisión. Las casas construidas en piedra y con cubiertas de teja era la excepción a la regla de construcción simple de casas de un solo piso. Las casas de dos pisos. como la de Alonso Hurtado y la de su socio, Diego Daza, eran asunto conspicuo. Desde el punto de vista de un gobernador, la ciudad sólo tenía cuatro calles dignas de su nombre. El convento establecido con buenos fundamentos en 1591, había decaído hacia mediados del siglo siguiente. Las propiedades urbanas y rurales producían una miseria. En cambio hacia final del siglo la suerte del convento se había reversado, teniendo que pedir al cabildo espacio para ampliarse con el fin de acomodar su creciente población. El aumento de capellanías indicaba un mejoramiento económico traducido en reclamaciones de estatus. La iglesia ofrecía una combinación incomparable y difícilmente superable: salvación, una vida o carrera apropiada al rango social, y una seguridad de inversión razonable.

Cuando la encomienda dejó de ser el vehículo para movilizar la riqueza, su lugar no fue ocupado por otra institución sino por una serie de actividades económicas separadas. Si bien la operación de las haciendas, la minería y el comercio, juntas o por separado, generaba riqueza necesarias para conservar o mantener el estatus, ninguna de estas actividades lo confería automáticamente, como sí ocurría con la encomienda.

La encomienda no pulverizó a Popayán. Al contrario en 1685 la ciudad contaba con 19 encomenderos y en cambio 23 en 1607. Después de 1660 la obra de mano nativa para minas se reemplazó por obra africana.

El uso en gran escala de esclavos importados marcó una época en la historia de la ciudad. Puede haberse iniciado en la década de 1580, cuando el obispo Agustín de la Coruña invirtió en esclavos, que más tarde legó al convento. Otros clérigos también poseyeron grandes cantidades de esclavos como Francisco Vélez de Zúñiga, decano del capitulo de la catedral, cuya cuadrilla de esclavos era administrada en asocio con un minero profesional. Esta cuadrilla fue más tarde la base de las operaciones mineras de los jesuitas.

 Los encomenderos no parecen haber tenido el capital para cambiar en el momento de transición de la mano de obra nativa hacia la esclava, ni la capacidad de acumular fondos por el descenso en el número de tributarios indígenas. Exprimidos por sus deudas y sus decrecientes ingresos, los encomenderos acudieron a la corona en busca de créditos que les permitieran comprar esclavos. La corona redujo el impuesto a la minería de un 20% a un 5% final. La minería de oro se convirtió en una operación que requería gran capital por lo que disminuyó el número de operadores. Sólo 14 de estos quedaban en Popayán hacia finales del siglo XVII, mientras que en épocas anteriores todos los encomenderos habían participado en la minería. Hacia la década de 1690 los jesuitas, aduciendo los riesgos e incertidumbres a ella relacionados, abandonaron la minería, concentrándose desde ese momento en adelante en la agricultura y la ganadería ...


Referencia: Compilador Diana Bennett Vélez et. al.,  Nueva Granada Colonial. Uniandes. Ceso. Bogotá.2005. Biblioteca Universidad de Maryland. USA.

Cordialmente,

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