¡YO!, EL CONDE.
Jueves 27 de diciembre, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
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Amigos:

Emilio Fernández de Soto presenta el encuentro
y el dialogo que tiene con conde ficticio.

Cordialmente,

***

¡Yo!, el Conde
Juan Bautista de Mosquera y Figueroa
Por
: Emilio Fernández de Soto  Década 1990
Año 32 Edición 369 de 2012 EVOCANDO EL AYER 7
Proyección del Cauca. Año 32. Edición 369.


Encontrar a un Conde no es nada fácil, pero nosotros si ubicamos uno, su nombre Juan Bautista Mosquera y Figueroa. Conde de la Real Orden de Caballero de la Culta Latín y Parda, vive aquí y baila Travolta, fuma cigarrillos americanos, le gusta la televisión y tiene que trabajar con cualquier colombiano.

El martes cuando llegamos a Popayán, éramos simplemente dos reporteros. Tres días después una noche antes del regreso, ya pertenecíamos por real nombramiento a la Culta Orden de Caballeros de Latín y Parda. Todo por cuestiones de nobleza.

La proclamación como Caballero Escribano y Caballero de óleos tuvo bien en hacerlo el Conde Juan Bautista Mosquera y Figueroa el cortesano más visible de la Orden de Mosquera y Figueroa. Podemos decir que es un Conde que gusta del baile Travolta, que pasea en carrozas públicas (léase buses urbanos) que gusta del jerez (léase aguardiente), que fuma malboro y que tiene que trabajar como cualquier colombiano. Al Conde Juan Bautista de Mosquera y Figueroa lo conocimos por referencia del “Conde” Carlos Jordán y Doria, amigo personal del “noble”.

Y nos interesa la persona del Conde ya que es extraño e insólito encontrar en una ciudad colombiana un Conde con todos sus “pergaminos” y con aires de tanta nobleza. Para dialogar con el Conde hay que conocer un poco el castellano romancero de su época. Su diálogo siempre está mezclado de vocablos como su excelencia, vos, vosotros, caballero. doblones, jerez, alforjas, realeza, vite, condado, carruaje, palacios.

Fue una verdadera noche de “dialogo real” en medio de un torrencial aguacero. Juan Bautista de Mosquera y Figueroa es el verdadero nombre de nuestro Conde. Su estatura no va más allá de los 1,60, pelo lacio, mentón tímido y una nariz que le cae con propiedad sobre su rostro. Su hablar es pausado, demasiado pausado, su caminar ceremonioso y narcisista, como buen Conde, elevado a la máxima potencia.

Cuando se habla por primera ocasión con el Conde de Mosquera y Figueroa hay expresiones y frases que parecen venir en broma. Pero cuando se depende más de una hora y media con el Conde se puede entender, claramente que Juan Bautista Mosquera y Figueroa es un hombre que ha tomado en serio, quizá muy en serio, su título, su corte, su rango de nobleza.
 
La culta orden.

Por nobleza y por principio, sostenemos nosotros, lo lógico es conocer el origen de la culta orden de los Caballeros de Latín y Parda.

 Yo - dice Juan Bautista - soy el único y el último Conde que tiene esta hidalga Villa de Belalcázar. Nuestro reino comprende todo el valle de Pubenza y los límites de nuestro condado van hasta el “Reino de Santander de Quilichao” y por el sur hasta San Juan de los Pastos y los reinos ecuatorianos.

Mi antecesor - sostiene el Conde de Mosquera y Figueroa - lo fue el Conde Daniel Gil Lemos. En los “últimos años de gracia” ese honor me ha correspondido llevarlo a mí. Mi proclamación como Conde tuvo lugar en una real reunión de Caballeros en el Palacio de los Diagos y Ciceros, ubicado en la calle del Mascarón, por allá en el año de la gracia de 1968. Desde entonces nuestra orden tuvo algunas reuniones pero al final muchos de los nobles han llevado “anclas” para los “reinos” de Santiago de Cali y de Santafé
de Bogotá.

“Excelencia”, y cuál es el origen de la Real Orden de Caballeros de la Culta Latín y Parda? Sencillo, mi estimado escribano, su real nombre viene de una obra de nuestro antepasado Francisco de Quevedo y Villegas.

 ¿Vuestra orden desde que tiempo data? Desde hace unos lustros.
¿Y vuestra proclamación a qué obedeció Conde? Por mis entronques familiares en la Villa de Belalcázar.
¿Conde, y un “cortesano” como vos cómo vive y de qué vive en esta ilustre “Villa”? Señor, es casi imposible que viva de honores. Como un humano “año 2.000” tengo que laborar, desde la mañana hasta el crepúsculo de la tarde, al lado de próceres y héroes.

Explique “excelencia” En palabras más y en palabras menos, soy el administrador del Panteón de los Próceres por real decisión del rector de la Universidad del Cauca.

Conde, nos gustaría tomarle a usted algunas fotografías luciendo sus atuendos reales en su escritorio del Panteón... Es casi imposible, mi señor. Una actitud de estas provocaría la “Santa Ira” del rector de la Universidad y yo, el Conde de Mosquera y Figueroa, quedaría en la “real calle”. Es imposible, mi señor.

Entendemos y comprendemos vuestra inquietud. El “Palacio” de vuestra “excelencia” donde está ubicado? En el centro de la Villa.
Pero un conde como vos porqué fuma marlboro y toma aguardiente?
Por las circunstancias “plebes” de nuestra época. Ante la falta de “rapé” y de buen tabaco me veo obligado a fumar cigarrillos comunes y corrientes. Y ante la escasez de “doblones” (léase dinero) para comprar un buen jerez también me veo obligado a tomar aguardiente, producido en las cavas de nuestra real casa de vinos del condado

¿Conde, vuestra orden dónde proclama sus heraldos y sus bandos? En nuestra Gaceta de lavilla (léase Proyección del Cauca)
¿Y en otros reinos? En el reino del “Valle de Aburrá” en la Gaceta Mayor de “El Colombiano”.
¿Conde, y vuestro “escudero”? Mi real “escudero” Castro debe estar retirado en las alcobas de su posada. Últimamente se ha mostrado desobediente de mis órdenes.

Conde, ¿es cierto que tu “escudero”  estuvo a punto de ir a la hoguera? Si, mi señor, eso es cierto. Practicó la Brujería y por eso la orden lo llevó ante el juicio real. Yo intercedí para que se le salvara la vida.

Excelencia, contadme como fue vuestro baile de caballería?. Al son del vals de primera, no confundir con la canción de primavera.
Pero, vos, excelencia, eres un Conde moderno? Tan moderno que bailo Travolta por culpa de las doncellas de la Villa.
Pero Conde, hay alguna doncella en su vida? Solo las dulcineas existen en mi mente. En eso me parezco al Caballero de la Mancha.
Conde y como te desplazas por la Villa?. En carrozas públicas (léase buses urbanos) pero de incógnito.
¿Excelencia, con frecuencia vas al cine o ves televisión? Me encanta la aventura por eso voy a las películas de Superman, también me gustan los programas de Pacheco. Durante la historia a los nobles les ha gustado el Teatro, yo no puedo ser la excepción.
¿Y vuestras caballerizas? Son carruajes privados, sin corceles (léase taxi)
¿Y vuestros platos favoritos? Como fuimos trasplantados de nuestra madre patria a ultramar tuvimos que aceptar los platillos de los nativos, me gusta la comida pero no la abundancia.
¿Conde y vuestras relaciones con los otros palacios de la Villa? Sin problema alguno, mi orden vive en “santa paz” con los demás reinos.
Y algunos de vuestros cortesanos? Dos de ellos se encuentran en la madre patria invitados por el rey Juan Carlos, nuestro rey, en una cacería de jabalí.
¿Pero Conde, es cierto que vos no sos el Conde de Drácula? De ninguna manera a pesar que mis “perlas” superiores (léase dientes) fueron retiradas de la circulación por Fidelio, el dentista de la Villa.
¿Conde, qué hora tenéis? En mi crisálida (reloj) son las 6 y 51 minutos de la tarde crepuscular.
¿Alguna anécdota? Mi chamberland, Hernán Torres encontró en una biblioteca del “país de Washington” una serie de notas sobre nuestra orden, fue maravilloso.
¿Pero Conde tu usas cartera de mano? No caballero, son mis alforjas reales.
Conde, cuándo conociste al caballero de armas Carlos de Jordán y Doria? Hace muchos años que tuve la ocasión de colaborar con él en un noble puesto público en San Juan de los Pastos.

¿Un Conde Guerrero? Por el contrario mi señor un Conde Cortesano.
¿Y vuestras relaciones con la corona inglesa? Muy regulares por el problema de Gibraltar, vos escribano que trabajáis una gran Gaceta, debéis saberlo.

¿Conde, porqué se mira tanto en su espejo de bolsillo? Perdón. Caballero no es de mi bolsillo, es de “bacarat” y con su permiso me retiro por unos momentos al salón de las “termas” (léase baños).

 
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