MEMORIAS DE UN ABANDERADO
Jueves 15 de noviembre, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

José María Espinosa Prieto (1796-1883), bogotano, cronista,
 pintor, abanderado y retratista en la guerra de independencia,
compiló su vida en los ejércitos libertadores, con la ayuda de
José Caicedo Rojas
, en la obra titulada "Memorias de un
abanderado"
. De ella hemos tomado las escenas que convivió
como preso en la cárcel payanesa dirigida por el General
español Sámano, con el posteriormente Presidente de Colombia
y General, José Hilario López. José María, como otros más,
se hallaban prisioneros de los españoles después de la derrota
que sufrieron en la batalla de la Cuchilla del Tambo, en las
cercanías de Popayán..

Cordialmente,

***

MEMORIAS DE UN ABANDERADO-
(FRAGMENTOS).
Por
: José María Espinosa Prieto

Pasados algunos días oímos de nuevo correr el cerrojo del calabozo a deshoras: era el coronel Jiménez, quien, con voz hueca y tono imperativo, y sin preámbulo ninguno, nos notificó que venia enviado por Sámano, y que traía orden de quintarnos, en justa represalia de los fusilamientos de españoles que había hecho Serviez!

En el acto nos hicieron formar allí mismo en fila; y como yo sabia que la quinta consistía en contar de derecha a izquierda desde uno hasta cinco, y aquel a quien le caía este último número quedaba sentenciado a muerte, tuve valor para salirme por dos veces de la fila y contar de derecha a izquierda, y siempre me cayó el fatal número.
 
Pero no era ese el sistema de quintar que iban a emplear con nosotros, sino el de boletas. Estando formados hicieron entrar un niño como de diez años y poniendo dentro de un cántaro veintiuna boletas enrolladas, de las cuales diez. y siete estaban en blanco, y las cuatro restantes tenían escrita una M. se lo entregaron para que fuese pasando por delante de la fila. Cada cual sacaba su boleta, la desarrollaba y la mostraba, y si tenia la M. decia el coronel Jiménez : "¡Dé usted un paso al frente, y pase a capilla!",

Los cuatro a quienes tocó esta desgraciada suerte fueron, Mariano Posse, Alejo Savarín, José Hilario López [posteriormente general y presidente de Colombia] y  Rafael Cuervo! ...

En medio de la alegría que naturalmente me produjo mi suerte feliz, por la que di gracias á la Providencia, no pude dejar de compadecer las de mis compañeros, y me fue imponible contener las lágrimas al verlos pasar al frente, sobre todo al joven López, que era casi un niño, y a mi amigo y paisano Cuervo, a quien tanto quería.

Como a media noche oímos un ruido en la reja de hierro y la voz de una persona que hablaba quedo: era Cuervo....Entonces nos dio a algunos la curiosidad de acercarnos a la reja y mirar lo que pasaba en la capilla; alzamos la cortina y vimos a Cuervo que se paseaba fumando, a Sabaraín, el amante de Pola Salabarrieta, en actitud meditabunda, sentado en una silla recostada contra la pared, y a López y a Posse arrodillados al pié del altar, en el que había un crucifijo de bulto y dos luces. Nos guardamos muy bien de interrumpir aquella lúgubre escena, y volvimos prontamente a nuestros puestos, más conmovidos que antes.

Al siguiente día pidió licencia Cuervo al oficial de la escolta ... .... para pasar al calabozo a despedirse de sus compañeros, y se la concedió... ... Al entrar dijo con voz firme : " ¡Adiós, compañeros! ¡ya no volveremos a vernos en esta vida! Muero gustoso porque es preferible la muerte a la servidumbre. Sólo pido un recuerdo de ustedes para su amigo y compañero!". ... ...

Al día siguiente los sacaron al lugar de la ejecución, en medio de numerosa escolta. López llevaba un Cristo en una mano y en la otra un pedazo de pan que iba comiendo con valor y serenidad admirables; Cuervo saludando a todos con su habitual sonrisa y paso firme; y los otros dos con fisonomía tranquila y la cabeza erguida, sin que en ninguno de ellos se notase la menor señal de miedo o cobardía. A su lado marchaban los sacerdotes. Esto lo vimos porque en ese momento nos sacaron e hicieron formar en los corredores para que presenciásemos el desfile de la fúnebre procesión.

Pero el tiempo pasaba y las detonaciones no se percibían; al cabo de más de media hora de aguardar en vano, llenos de ansiedad, lo que distinguimos fue el toque de marcha redoblada de tropa que se acercaba a la cárcel; a una dijimos al momento, "¿A que vienen por todos nosotros?" y nos preparamos para salir. Era la escolta que volvía conduciendo a los cuatro sentenciados; adelante entró el coronel Jiménez y nos dijo : " Señores, ya se ha resuelto que no mueran estos jóvenes, porque el virrey Montes ha expedido en Quito un indulto que les comprende; pero no hay que decirles esto porque la sorpresa puede ocasionarles algún accidente, y así pasarán de nuevo a la capilla." Había en esto cierta crueldad; era prolongarles la incertidumbre y el martirio, como dando a entender que solamente se aplazaba el momento terrible.

Sea lo que fuere, algunos oficiales españoles se anticiparon a entrar a la capilla y decirles: " ¡Chicos! ¡el parabién, y alegrarse, que ya no morirán ustedes.!" Conforme el coronel lo había previsto, Posse, Sabaraín y López estuvieron a punto de accidentarse, porque realmente la transición era tan brusca en estos casos que una naturaleza un poco débil no siempre puede resistirla....

José María Espinosa.

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