CIUDAD DE EVOCACIÓN
Jueves 19 de julio, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
http://mariopbe.com/
mariopbe@gmail.com
 

Amigos:

Horacio Dorado Gómez, poeta, escritor, columnista, hace una
evocación a la histórica ciudad de Popayán en sus últimas décadas
de ciudad epónima.

Cordialmente,

***

Columnistas
Miércoles 18 de Julio de 2012 - 12:43 PM
Ciudad de evocación
Por: Horacio Dorado Gómez
El Liberal. Julio 2012


Nunca he visto amor tan grande por una ciudad como el que siente la generación de los que nacimos en el siglo pasado -década del cuarenta- incluidos los que se fueron del viejo pueblo por razones meramente laborales, quienes desde lejos cuentan el afecto inmenso esperando su retorno. Sin duda, el cordón umbilical nos ata a este trozo de patria colombiana, del que puedo asegurar que me dio en mi infancia y primera juventud los años más felices de mi existencia. Sólo hay que situarse en el pasado para entender por qué tanto amor por estas callejuelas, muchas de ellas empedradas entonces. Sus tres salas de cine (Municipal, Valencia y Bolívar) en donde nuestra imaginación nos igualaba a los héroes del celuloide, cuando al grito de Tarzán, el hombre mono-Johnny Weissmuller-, saltábamos de las duras bancas.

Eran tiempos en los que no sentíamos angustias, ni nos sacudía el alma, pues todo el entorno familiar vivía, y no recuerdo a nadie con cáncer ni padecimientos catastróficos. Nada sabíamos de desempleo, ni de pobreza extrema. Pero, sí oíamos después de novela radial de Arandú, a Gaitán decir: “Por la restauración moral de la república, pueblo a la carga”, “El pueblo es superior a sus dirigentes”, "Hay que procurar que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres." "Esta avalancha humana: libra una batalla, librará una batalla; vencerá a la oligarquía liberal y aplastará a la oligarquía conservadora." "Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal.”

En el Parque de Caldas surgieron mis primeros amores. Allí, los domingos a las 7 a.m., uniformados -de negro y corbata-, religiosamente cumplíamos con la orden escolar de asistir en fila hasta la Catedral a la Santa misa. Después, muchachos con muchachas, volteábamos por el parque hasta que en el reloj de la “Nariz de Popayán”, tintinaban las diez campanadas anunciando el fin de la cita semanal.

Aprendimos a leer en el primer volumen escrito en 1930 por Evangelista Quintana, “La Alegría de leer”. Cartilla de lectura y escritura de primero a al quinto año escolar. Esa cartilla, incorporaba contenidos que, aunque convencionales y alejados de todo partidismo, reflejaban una nueva visión de la escuela y del país. Mientras su exaltación de la religión y los valores familiares la hacían aceptable para los conservadores, la defensa de la tolerancia y la igualdad moral y legal de todos los ciudadanos la acercaba a algunos temas del liberalismo.

¡Ah! tiempos de mi “Ciudad histórica, Ciudad culta”, para propios y extraños, ciudad de evocación. Maestros, modelo de pulcritud enseñaban a mantener viva la memoria “de los antepasados”, visitando lugares y monumentos para explicarnos la “gesta emancipadora”. Ahora los moradores habituales y los que llegan, con el trasegar de las redes sociales, construyen nuevas ideas de ciudad, distintas ocurrencias políticas, hasta diversidades religiosidades y sexuales.

Civilidad: Popayán y el Cauca, me arranca lágrimas.

Publicada por Horacio Dorado Gómez

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