¡DELENDA EST POPAYÁN!
Jueves 1 de marzo, 2012 
De: Mario Pachajoa Burbano
http://mariopbe.com/
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Horacio Dorado Gómez, historiador, escritor y payanés raizal,
 une sus lamentos a los payaneses que ven a la ciudad en donde
 vivirán sus descendientes, "destruida".

Cordialmente,

***

“¡Delenda est Popayán!”
Por: Horacio Dorado Gómez
Opinión. Columnistas
El Liberal.
Jueves 01 de Marzo de 2012 - 01:55 AM

 

Utilizo como título, la frase con que terminaba Catón todos sus discursos por allá en el año 150 a. C, diciendo: “Delenda est Cartago”. Roma odiaba a Cartago. También Cartago odiaba a Roma, las dos naciones se odiaban. Los habitantes de ambas ciudades, dueños de extensos territorios más allá de sus muros, creían firmemente que valía la pena que su ciudad se hundiera en el infierno, si lograban arrastrar a la otra. No había rivalidad o enemistad, había un odio irracional. ¡Esos ecos aún nos llegan nítidos después de más de 2.000 años!

He cambiado sólo el nombre de la ciudad para simbolizar que, como en aquel tiempo, Popayán está destruida. Ya lo fue, en 1983 por acción de la naturaleza el 31 de Marzo ¡Por fortuna bellamente reconstruida! Pero hoy, casi treinta años después, desmanes del hombre la arrasan con tal contemplación, que se necesitarán arqueólogos para encontrar pequeños vestigios de lo que en antaño fue una linda ciudad colonial. ¡Qué dolor! Nada de lo que vemos ahora, son tiempos de la Popayán famosa.

En el 2011, ningún payanés pedía más que, Popayán no fuera borrada del libro de la historia, cuando los candidatos a alcalde derrochaban promesas, después de varias gestiones sucesivas – que sumieron a la capital caucana en un lamento generalizado-. La percepción que tiene hoy la gente sobre la gestión que aún no empieza, es que también se despedirá, con muchas más penas que glorias

Tal vez la ciudad esté en verdad como está, debido al monje que al marcharse, resolvió sacudir sus sandalias, diciendo: “De Popayán ni el polvo”. Ojalá yo no tenga que escribir un tercer libro para titularlo: Lo que queda de Popayán.

La semana pasada recibí una avalancha de advertencias y opiniones que he visto con atención, leído con estupor en correos electrónicos y “chats”. Entre tantos, me causaron honda preocupación, el mensaje del payanés que le duele ver el “deterioro depresivo que padece Popayán”. Otro raizal dijo: “Me conmovió hasta el fondo del alma. Al paso que vamos, POPAYÁN, nuestra amada ciudad, se nos acaba. Sigamos clamando a ver si alguien se da por aludido”. Uno más: “Las *** marcharon en Bogotá, ¿cuándo *** marcharemos para defender a Popayán? ¿Qué tipo de ciudad vamos a entregarle a las próximas generaciones?”

Al fin rendido ante la evidencia de tan amargas píldoras que me inquietaron más de la cuenta, fue cuando salí de mi estado catatónico, y opté por correr hacia la iglesia de Belén. Al llegar, agradecí al Santo Ecce Homo, al ver la Santa Cruz aún en pié. Allí oré y analicé estas cuatro oraciones inscritas en piedra: “Un padre nuestro a San José para que nos consiga una buena muerte”; “Un ave María a Santa Bárbara para que nos defienda de rayos”. “Un padre nuestro a Jesús para que nos libre del comején” y “Un ave María a la Virgen de la Misericordia para que no sea total la ruina de Popayán.

Publicada por Horacio Dorado Gómez

***
     Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red payanesa por favor
informar a mariopbe@gmail.com
e incluir "descontinuar" en la línea "Subject"
 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please reply to
 mariopbe@gmail.com
 with "unlist" in the Subject line.