FLOR DE UN DIA
Jueves 23 de febrero, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
http://mariopbe.com/
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Horacio Dorado Gómez, escritor, conferencista,
historiador, se refiere al acogedor sitio payanés de
antaño conocido como el "Café Alcazar".

Cordialmente,

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Opinión. Columnistas
Flor de un día
Por: Horacio Dorado Gómez
El Liberal
Jueves 23 de Febrero de 2012 - 12:54 AM


Otra desilusión, esta vez por el fracaso del proyecto de una empresa generadora de empleo para Popayán que fue flor de un día. Causó gran sensación durante un breve tiempo, pero se olvidó con rapidez. Así como el precioso árbol de magnolio del parque de Caldas, que en los primeros días del verano, (?) se llena de preciosas flores blanquecinas, hermosas, fragantes y grandes, pero casi enseguida que se abren, empiezan a marchitarse. Apenas durante pocos días podemos ver cada una de esas flores en su máximo esplendor.

Mediante el recuerdo, contemplo el pasado en una esquina de movimiento en el parque de Caldas. Era un lugar donde se reunía “la patojada”, sin distingos de ninguna posición social. En el marco histórico, existió el “Café Alcázar”, hoy olvidado por completo. Era el eje de indudable actividad social, cambiado hoy, por sede de una entidad bancaria.

En la quinta con quinta, contiguo a los portales, abría a diario y hasta la media noche. Allí se podía conversar, beber o descansar. En las cinco puertas que daban hacia la calle, ubicaban estratégicas y coquetas mesas, verdaderos “miradores” del ir y venir de muchachonas. Una veintena de mesas atendidas por voluptuosas “coperas”, vestidas con minifaldas que apenas cubrían sus blancos delantales en cuyos bolsillos metían la plata de la base, ventas y “vueltas” de sus clientes. Un taquito de papel y un pucho de lápiz eran su herramienta para no equivocar los pedidos. Sin duda, el mejor “tintiadero” que ha existido en Popayán.

El exquisito aroma, el delicioso sabor y la atención hacían permanecer siempre las mesas ocupadas, amenizadas con ese shiiiisss… de la greca cafetera “Eagle” para preparar el “espumoso pintado” y el golpetear de las bolas de billar. Centro de negocios para ganado, vehículos, bienes inmuebles, hipotecas, préstamos de dinero, además territorio libre para discutir la política local, regional y nacional. Allí se nombraba y se tumbaba gobernantes.

Eso era “El Café Alcázar”. Se hablaba bien o mal de personas que eran populares durante un breve tiempo, pero que cuando decepcionaban, enseguida eran sucedidas por otras que ocupaban su lugar. Como las flores del magnolio, que cuando se abren son preciosas, pero apenas duran bonitas unos pocos días y en enseguida se marchitan.

Como curiosidad, comento: Siendo Ignacio León Velasco, a. “Cholón”, propietario del "Café Alcázar", no permitía que nadie revoloteara por las mesas perturbando a la clientela. Un día mandó a sacar a “Genio Castrillón”, conocido por su brillante inteligencia y sus respuestas a flor de labio. Al darse cuenta se salió del Café, no sin antes arrimarse a “Cholón”, para decirle: “¡Ya me voy, no VEL-ASCO! que le tengo!”.

Hoy, me inclino ante el recuerdo cuando en Popayán había una vez: Avianca, Lansa, Urraca, Aires, Alcora, Coltejer, Fabricato, Bavaria, Coltabaco, Kodak, Carvajal, Industrias Metálicas del Cauca, Gaseosas “La Reina”, Harinera Moscopán, Fondo Ganadero… Pero, siempre, en Popayán cuando no llueve, goterea ¡Cuando no hay problemas grandes, los hay pequeños!

Publicada por Horacio Dorado Gómez

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