FUNDACIÓN DE POPAYÁN
Lunes 9 de enero, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Horacio Dorado Gómez, escritor, historiador, conferencista, columnista,
se refiere a diferentes sitios en la fundación de la ciudad de Popayán.

Cordialmente,

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La fundación de Popayán
Por: Horacio Dorado Gómez
Del Libro: "Popayán en Columnas de Papel"


Cada 13 de Enero, cumple la ciudad años de su fundación oficial. Sin embargo, no es bien conocido el testimonio de Francisco de Vega quien transcribió el documento más importante del libro más antiguo del Cabildo acerca de la fundación de Popayán. Se refiere al poder otorgado a Juan de Ampudia por Francisco Pizarro, desde la ciudad del Cuzco y a la comisión del Adelantado Sebastián de Belalcázar, desde Quito a mediados de 1535.

Atestigua que el teniente Ampudia con 90 españoles de a pie y de a caballo con numerosos indios Yanaconas, se habían unido en la Provincia de los Pastos a Pedro de Añasco, quien andaba al mando de 60 soldados con la orden de seguir hacia el Norte descubriendo y conquistando. Ampudia avanzó guerreando siempre contra los indios y cometiendo toda clase de crueldades para atemorizarlos y lograr imponerse a pesar de su gran número, pues estaba en el trance de matar o ser muerto y devorado con los suyos por indios del Patía que eran antropófagos. En realidad, centenar y medio de españoles eran insignificantes, pero atacaban con ferocidad y orden. Con denuedo y barbaridad se atrevieron a tamaña empresa; siempre el crimen engendrará al crimen.

El mismo Ampudia, al llegar a los dominios del Cacique Pubén, en las cercanías de Timbío, combatiendo el solo contra muchos indígenas, fue derribado del caballo de un fuerte macanazo, y hubiera perecido, si Francisco Aguilar y Florencio Serrano no lo socorren. Las crueldades de Ampudia han pasado por la opaca lente de la historia oficial, si bien no siempre es fácil saber qué circunstancias los obligaron a proceder así ¿Sería mera crueldad? En todo caso, Belalcázar, al año siguiente, logró seguir los pasos de su Teniente por el despojo que éste fue dejando.

Fue así como Ampudia con su pequeña hueste, y con los indios Yanaconas, librando las inclemencias del Patía, pudo avanzar hasta el pueblo Pubén, cuyo hermoso valle debieron contemplar embelesados desde la serranía de Sachacoco. Venían tras los tesoros, y ante la vista de tan hermosa tierra, debieron imaginarse que en tal paraíso hallarían El Dorado. En realidad no era más que el señuelo de Belalcázar para atraer soldados para su empresa durante la Conquista. No hay otra explicación, pues una vez regresó de España con el título de Adelantado y como Gobernador perpetuo de Popayán, ya no volvió hablar más de El Dorado. Cuentan que a solas se reía de los majaderos que habían dado fe de aquel espejismo o cuento oriental. Ni más ni menos que la entelequia presente de los corifeos que una vez alcanzan el poder se olvidan del pueblo.

Sebastián de Belalcázar, además de embustero y analfabeto, tenía el desmedido afán de adquirir fama y riqueza. No tenía escrúpulos, ni moral, obraba sin frenos éticos. Ante semejante “gloria”, al entrar al pueblo de Pubén, Ampudia, acompañado de sus soldados se encontraron con un poblado desolado de sus nativos pobladores. Según los historiadores, narran que al divisar entre las casas pajizas una especie de templo de alta y singular techumbre soportada por pilares de más de una vara de diámetro, se trasladaron allí, alojándose en un rincón. Pero bien pronto dieron cuenta de ellos, ciertos afamados insectos de la tierra, lo que no habían podido hacer los indígenas. Había tantos bichos que no fueron capaces de soportarlos, saliendo despavoridos a bañarse e instalarse más cerca al río “de gélidas aguas de amargo sabor”, para deshacerse de la guerra de las niguas y las pulgas.

Fue entonces, el teniente Juan de Ampudia quien hizo la primera fundación, que llamó Villa de Ampudia, el 30 de Noviembre de 1535, quien era tenido en esta ciudad y en toda la Gobernación, como el primero y principal de sus fundadores después de Belalcázar, bajo cuyas órdenes obró. Toma fuerza, entonces, la versión de los historiadores, el hecho de que al llegar Belalcázar al pueblo de Pubén, después de reñido combate de Guazábara, no se hospedó en él, sino que fue directamente a acampar también en un sitio a orillas del Cauca en la parte que siempre se conoció con los nombres de Fucha y el Azafate (Molino de Moscopán), para de allí, seguir su marcha Belalcázar, prosigue la historia, hacia Jamundí y el Valle de Líli, en donde Juan de Ampudia había fundado otra Villa de Ampudia. Luego, debió regresar Belalcázar a estas tierras, tras duro batallar con los pubenenses a quienes hicieron abandonar su pueblo para alojarse en los montes. Y lo hizo en el mismo sitio que ese pueblo ocupaba en diciembre de 1536 a decir de Castellanos y Pedro Cieza de León, y en 1537, según Herrera, quien no precisa el mes.

La diferencia la concierta don Jaime Arroyo, dando dos fechas de la fundación de Popayán: una la fundación material, la señalada por Castellanos y Cieza de León y otra, la fundación oficial, el día de la Asunción de Nuestra Señora, 15 de agosto del año que Herrera señala. Don Jaime, agrega que este día Belalcázar “paseó el estandarte real… por la plaza y principales cales de la futura ciudad y declaró en alta voz que como teniente y por comisión del Gobernador del Perú tomaba posesión de la comarca en nombre del Rey de Castilla el Emperador Carlos V, y que desde ese día quedaba legítimamente fundada la ciudad de la Asunción de Popayán”.

También es motivo de dudas y discusiones entre los entendidos, el origen del nombre de la “pequeña gran ciudad” fundada en Noviembre de 1535 al pie del hoy llamado Cerro de Tulcán, en el mismo sitio que ocupaba la antigua Pubén. Con lo afirmado por el eminente historiador Jaime Arroyo, parecen aclararse, cuando comenta que el nombre de Popayán, no lo conocieron los indígenas. Que al preguntar a algunos ancianos que conservaban el mismo idioma primitivo, no pudieron dar razón de lo que significa la palabra Popayán, y a la que ellos, llamaban Pubén. Así mismo, antiguos cronistas aseguran que en el tiempo de la conquista, el régulo, o sea, el Floro Tunubalá de la época, que gobernaba aquí, se denominaba el cacique Popayán, de donde los soldados del sur dieron la noticia a los soldados de Belalcázar sobre la existencia, fertilidad y riqueza de estas tierras, y que probablemente de aquí provino el nombre.

El mismo historiador Arroyo, conceptúa que la palabra Popayán, pudo ser la degeneración de la combinación de las palabras: Pubén –Yasgüén. Pero igual, debió ser tomado de las palabras de la voz quichua pampa- yán que significa lugar abierto o sitio de paso. Por lo tanto, Pampa-yán, significaría valle o paso del río, en clara alusión al río Cauca, que fue el de mayor consideración que los invasores del sur encontraron a su paso por los Andes desde el Perú y Bolivia. De donde se puede deducir, que la bonita voz Pampa-yán, fácilmente pudo convertirse en Popayán.

 De todas maneras, cualquiera sea el origen, es un lindo nombre para la auténtica ciudad colonial, estrictamente encuadrada entre el río Molino y la Plazuela de San Camilo, la calle del Cacho y el templo de la Ermita. Popayán, de encantadora belleza. De calles afirmadas en piedra como no se veían en otras partes. Sus casas de puro y neto estilo español se engalanaban con rejas de adornos heráldicos y alguna ostentación de escudos familiares. Los portones permanecían abiertos, dejando ver desde fuera los primeros patios con sus setos de azaleas y rosas. Lo último, parpadea en la profundidad del recuerdo.
 
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