INCIDENTE DIPLOMÁTICO COLOMBO-BRITÁNICO
Domingo 22 de julio, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
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Amigos:

Lino de Pombo O'Donnell (1797-1862), militar, ingeniero, diplomático, político y periodista, profesor de la Universidad de Popayán, amigo y alumno del Sabio Francisco José Caldas, nacido en Cartagena de  Indias, e hijo del abogado payanés Manuel de Pombo Ante y Valencia y la dama española Beatriz O'Donnell Anetham, fue designado por el Presidente Francisco de Paula Santander en la cartera de lo interior y relaciones exteriores, posesionándose el 9 de agosto de 1834
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Durante su periodo en el alto cargo, a Lino le tocó enfrentarse a un incidente diplomático con la Gran Bretaña quien bloqueó con sus barcos los puertos neogranadinos para imponer sus demandas.

Para este relato seguimos las informaciones contenidas en los libros de Gustavo Arboleda y Germán Espinoza "Historia Contemporánea de Colombia" y "Lino de Pombo", respectivamente, y "British and Foreing State Papers, Vol.XXVI".

El 20 de enero de 1836 a las nueve de la noche iban por la calle de la Merced de la ciudad de Panamá  Justo Paredes y su esposa, cuando este, que no llevaba arma alguna, fue atacado por Joseph Russell, procónsul de la Gran Bretaña en Panamá, con un estoque que alcanzó a herirlo. Paredes abofeteó a su agresor y la señora comenzó a dar voces de auxilio. A los gritos de la señora se presentaron varias personas, una de ellas el coronel Tomás Herrera, quien desarmó a Russell, el juez cantonal Juan Antonio Díaz, quien de un garrotazo hirió a Russell en la cabeza y le hizo arrojar bastante sangre.

Joseph había sido designado por el ministro Thomas Turner como procónsul en reemplazo del anterior cónsul británico Mac-Gregor, quien había fallecido. Russell era un antiguo destilador de aguardientes en varios puntos de Nueva Granada. Justo Paredes, vecino de Panamá y desde tiempo atrás estaba mal avenido con Russell por cuestiones de dinero, denunció a Russell como persona indigna para representar los intereses británicos..

El coronel condujo al herido a la casa del consulado, le hizo administrar los primeros auxilios médicos y los servicios del médico Joaquín Morro. En su casa estuvo Russell bajo custodia y luego se le llevó a hospital en calidad de preso, mientras se le seguía la causa criminal correspondiente, por un juez cantonal distinto de Díaz, el cual fue reducido a prisión, pero absuelto al poco tiempo; en cambio, al procónsul se le condenó a seis años de prisión por las heridas a Paredes. Ambas sentencias pasaron en consulta al tribunal de Cartagena.

Un nuevo cónsul, William Turner, nombrado para reemplazar el propiedad al difunto, llegó a Panamá el 27 de febrero y se negó a recibir los archivos del consulado y exigió cesara todo procedimiento contra Russell. El gobernador de la provincia le respondió que era incompetente para complacerlo, estando sometido el asunto a la justicia ordinaria.

Las quejas del representante inglés en Bogotá, las del nuevo cónsul y las de Russell ante el gabinete de Londres no se hicieron esperar, y el Lord Palmerston, ministro de relaciones exteriores, ordenó a su agente en la capital granadina que solicitase perentoriamente la remoción de las autoridades que en su concepto se hubiesen conducido mal en el negocio, la devolución de la oficina consular con los archivos y sellos y el pago de mil libras esterlinas como indemnización a Russell, contra el cual debería cesar todo procedimiento.

De Londres se envió un buque de guerra, con orden de permanecer en la costa del Istmo hasta saber el resultado de la reclamación británica, y se dispuso que los comandantes de buques de la Gran Bretaña en el Pacifico obrasen de consumo con el primero, para conseguir el sometimiento de la Nueva Granada a las pretensiones de Lord Palmerston.

El representante británico en Bogotá sostuvo una larga correspondencia con Lino de Pombo, quien se negaba a aceptar sus exigencias. Turner, convencido de que con esta brusca imposición no obtendría lo que buscaba, declaró que cesaba su intervención en lo relacionado con Russell y que le tocaría obrar al Almirante Peyton, para hacer efectiva la aceptación de las exigencias inglesas por parte del gobierno granadino.

En su intervención ante el Congreso de Nueva Granada el ministro Lino de Pombo dijo: "Formando agravio por hechos imperfectamente conocidos, se nos envían ordenes acompañadas de amenazas, en vez de presentarnos quejas se dirigen escuadras sobre nuestras costas, antes de negociar y se exige que hollemos la constitución y las leyes, para satisfacer sin discusión ni demora los deseos de un gabinete poderoso y asegurar la impunidad de un individuo acusado de un delito atroz y legítimamente sometido a la acción de nuestros tribunales". Lino se negó a dar satisfacción y pasó el 7 de diciembre una enérgica nota, donde decía que los esfuerzos del patriotismo granadino para apoyar el gobierno darían "a la historia el ejemplo noble de dos millones de republicanos que prefieren sufrir todo el peso del antiguo y desmesurando poder británico, antes que aparecer sobrecogidos y degradados a la faz de las naciones que les han ofrecido su amistad".

El ultimátum de la Gran Bretaña no se hizo esperar. A él respondió el Presidente Francisco de Paula Santander con una viril proclama, en la cual, después de explicar a sus compatriotas lo que ocurría, hablaba del triunfo sobre los españoles en la guerra magna y confiaba en que podría resistirse con éxito glorioso a la injusta e inesperada agresión de las fuerzas navales británicas y llamó al General  Pedro Alcántara Herrán, que estaba retirado del servicio y lo encargó del mando militar de Panamá el 24 de diciembre y con gran actividad se dio para organizar los elementos para la defensa de las fuerzas navales británicas, arreglando y preparando todas las fortalezas de las localidades amenazadas.

El tribunal del Magdalena anuló, el 31 de 0ctubre la sentencia dictada por el el juez cantonal de Panamá, en la cual se imponían penas al procónsul, y ordenó que aquel juez empezara por determinar si era o no competente para conocer del asunto. Este juez se consideró incompetente el 3 de enero, declaró inmune a Russell, lo libertó y condenó a Díaz a inhabilitación por cuatro años para el ejercicio de empleos públicos y a dos meses de cárcel.

El Presidente Santander envío al general José Hilario López (1798-869), (payanés, elegido presidente del república en 1849), como gobernador de Cartagena de Indias, para que coadyuvara a la defensa de las costas granadinas. Recién llegado, se presentó el Comodoro Peyton con varios buques, declarando el bloqueo a todos los puertos granadinos y ofreciendo hacerlo efectivo para el nombrado, desde el 21 de enero.

El general López y el Comodoro entablaron negociaciones y el dos de febrero se realizó un convenio, sin autorización de Bogotá, mediante el cual Peyton recibiría en una fecha exacta, en su barco, mil libras como indemnización por perjurios a Russell y se levantó el bloqueo. El general López tuvo la satisfacción de presenciar el saludo que los buques británicos hacían al pabellón granadino al alejarse de la bahía.  El bloqueo fue tan riguroso, que hasta se violaba la correspondencia dirigida a los particulares.

Los generales Herrán y López regresaron al interior en marzo.

La prensa de Kingston siguió con interés los acontecimientos y estuvo, en todo momento, a favor de los neogranadinos. Al nuevo presidente de la república José Ignacio de Márquez le  tocó terminar el incidente, devolviendo, a fines de 1837, el archivo y los sellos del consulado británico de Panamá.

Cordialmente,

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